Dejar de hacer ¿misión imposible?

Tras mucho andar, mucho parar. Refranero castellano.

Podemos hacer mil y una lecturas diferentes de esta situación que estamos viviendo con la crisis del covid-19.  Podemos buscar causas diversas, en cada lugar realizar acciones diferentes y cada persona mostrará reacciones distintas según su personalidad, vivencia o situación particular.

Cómo personas diferentes, con experiencias, miedos, creencias y niveles de consciencia diferentes, trataremos de superarlo de la mejor manera posible. En algunos casos nos confrontará con situaciones límite, incluso con pérdidas  o situaciones muy angustiosas a nivel personal y laboral y hará falta una buena dosis de resiliencia. En otros, viviremos un confinamiento obligado pero tranquilo,  en unas casas mayoritariamente bien equipadas y con neveras surtidas, pero que aún y todo puede generar incomodidad en ciertos casos.

En todas y cada una de las situaciones no nos quedará otra que trabajar la aceptación del momento presente sea el que sea. Aceptación que no resignación, que no estar de acuerdo, que no que nos guste, que no pasividad o desapego emocional. Aceptación para no resistirnos, para no pelearnos con lo que hay, para no desgastar nuestra energía limitada en lo que no se puede cambiar y derivarla a lo que sí puede cambiarse.

Aceptación de que nuestra vida habitual ha cambiado y ahora, en el mejor de los casos no nos olvidemos, nos toca parar. Para muchas personas están siendo días de actividad frenética por sus trabajos y para otras una innegable oportunidad para la pausa. Y lo que podemos cambiar y trabajar es como nos enfrentamos a esta parada. Durante las últimas semanas se han multiplicado exponencialmente las opciones para “hacer”:

  • Sugerencias mil de cómo invertir tu día: manualidades, juegos, recetas, limpieza general…
  • Ofertas online de todo tipo: gimnasia, entrenamientos varios, baile, yoga, meditación, terapias…
  • Videollamadas con tu familia, tu trabajo, tu cuadrilla, tus primos…
  • Convocatorias de aplausos, discotecas de patio, nuevos grupos de whatsapp, telegram…
  • Sin olvidar las redes sociales o los medios de comunicación que por supuesto están en ebullición.

Y todo esto está muy bien, por supuesto que sí, todo tiene cabida y además es maravilloso ver como las personas intentamos poner al servicio lo que creemos puede ayudar a otros en estos momentos difíciles, o como seguimos en contacto virtual con nuestros allegados tratando de dar un punto de normalidad a la anormalidad. Dedicarnos también a aquellas faenas que teníamos aparcadas en casa, limpiar, sacar… tienen ese componente purificador para abrirnos a lo nuevo.

La reflexión que me ha surgido hoy es: ¿estamos yéndonos de nuevo a la hiperactividad, casera o virtual como escape?

Venimos de unas vidas ajetreadas, de correr a todo, de no tener tiempo para nosotros y esta parece una buena oportunidad para parar. Venimos de una vida de buscar fuera, de prisas en pos del éxito, dinero, poder, títulos… en la que el hacer prima sobre el ser y esta parece una buena alternativa para cambiar la mirada hacia el interior.

¿Seremos capaces de aprovecharla?

Dejar de hacer no siempre es fácil cuando se viene de donde se viene. Va también con tipos de personalidad, pero vivimos en una hiperactividad general incompatible con parar. Quietud, silencio, no hacer nada… no siempre es fácil, la tendencia es a buscar pasa-tiempos.

Con mi grupo de amigas hemos llamado al confinamiento retiro y a mi modo de ver realmente tiene un matiz mucho más agradable. Un retiro es una oportunidad de parar, de mirar hacia dentro, de vivir una experiencia diferente, de acoger con amabilidad todo lo surja, aunque a veces sean pensamientos o sentimientos desagradables, y en última instancia expandir nuestra consciencia.

Es humano enfadarnos, querer que acabe, buscar culpables, entristecernos, tener miedo, aburrirnos… ir al pasado que teníamos o inventar el futuro que nos espera. El aprendizaje viene cuando reconocemos todo eso, lo observamos y dejamos de identificarnos con pensamientos, sensaciones o emociones, para tomar consciencia de que somos mucho más, de que tenemos opciones para vivir estos momentos desde la mente hiperactiva o desde el ser que observa, de que podemos confrontar y rechazar una realidad que ya está aquí, o fluir con ella para ver que es lo que trae para mí, para Comprender con mayúsculas.

De esta situación, como de cualquier crisis:

  • Podremos salir reforzados a pesar del desgaste, del cansancio o de lo difícil de la experiencia que nos esté tocando vivir, cuando sacamos partido de la adversidad.
  • Podremos conocernos, buscar nuestro propósito, redefinir nuestras prioridades.
  • Podemos buscar el para qué, o quedarnos atrapados en el porqué, o en como tenían que haber sido las cosas.
  • Podemos remar en la misma dirección para entre todos llegar a buen puerto, o limitarnos a criticar, juzgar, culpabilizar y jugar al “después de visto todo el mundo es listo”.
  • Podremos crecer hacia una mayor bondad, solidaridad y compasión hacia nosotros mismos y hacia los demás.
  • Podemos mirar hacia adentro para conectar con lo que de verdad quiero para mi vida o seguir en el sobre-ocuparme y correr sin saber muy bien hacia donde voy.

La oferta está ahí, aprovechemos lo que creamos que va con nosotros en este momento, pero tratemos de no perdernos en el hacer inconsciente, ese capítulo lo tenemos muy trabajado ya.  Que este respiro que estamos dando al planeta, sea también un respiro para todos los que estamos en casa, sea una oportunidad de cuidarnos, de descansar, de querernos, de mirarnos y conocernos para que a la vuelta seamos un poquito más conscientes y estemos preparados para hacer del mundo un lugar mejor.

Tómate una pausa …

 

 

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