De qué hablo cuando hablo de bienestar

“Me encanta ver cuantas cosas no necesito para ser feliz”. Sócrates

Bienestar, felicidad… palabras que llevan a nuestras mentes a sacar sus propias conclusiones. En ocasiones lo asocian con la emoción alegría. Consideran que ser felices, estar bien, tiene que ver con estar siempre contentos… lo que provoca altos niveles de frustración cuando no ocurre. Teniendo en cuenta que las personas tenemos emociones diversas todos los días, no es que sea difícil estar siempre contentos, sino que es incompatible con tener ADN humano.

Otras veces estas mentes pensantes lo traducen cómo “lugar al que llegar donde todo va a ir bien”. Lo sitúan fuera y lo idealizan pensando en un sitio en el que no hay «olas»:  ya no va a estar mi odioso trabajo, mi hijo yo no saca malas notas y se porta como yo considero que tiene que portarse, mi madre no está enferma, hace siempre el tiempo que quiero o dispongo de una abultada cuenta corriente. Este lugar no tiene pinta de ser fácil de encontrar porque como solemos decir: “cuando no es una cosa es otra”…. y hay temporadas con mucho «oleaje»…

“Seré feliz cuando encuentre una persona que me haga feliz”  o “cuando ocurra esto o lo otro”…  en resumen, estaré bien cuando el mundo sea como yo quiero.

La felicidad solo empieza a ser posible cuando dejo de buscarla fuera… y el bienestar del que hablo nos permite lidiar con nuestras circunstancias desde un nivel de consciencia diferente, dejándolo de  confundir con positivismo u optimismo extremos, desapego, egoísmo  o pasividad con los problemas.  Tiene más que ver con aceptar que la vida perfecta no existe, que somos seres que sienten, que nuestras circunstancias son las que son, pero que tengo opciones en la manera de vivirlas cuando lo hago con consciencia, lo que impactará en los resultados que obtengo.

¿Imposible? Desde nuestras mentes egoicas puede.

Desde la comprensión profunda no tanto.

La felicidad tiene mucho que ver con el presente. Solo se puede experimentar ahora porque estar ya está, pero no fuera, sino dentro.  Y el bienestar que sentimos deriva de esa felicidad que somos, también cuando tenemos dolor, cuando estamos tristes o enfadados, cuando las cosas no salen como queríamos o cuando el mundo no es como yo pienso que debe ser… porque no algo es superficial, condicional o extrínseco, sino profundo, incondicional e intrínseco.

Y tiene mucho que ver con comprender… una comprensión que va más allá de lo cognitivo. Una comprensión que se experimenta cuando se van abriendo grietas en nuestra coraza de condicionamientos y conectamos con nuestra esencia. Comprensión que no deja de ser un camino que hay que recorrer, tomando la responsabilidad individual para empezar a indagar en lo nuestro, en lugar de mirar tanto a lo de los otros.

Y en este camino nos iremos:

  • Autoconociendo
  • Responsabilizando
  • Haciendo conscientes de nuestras emociones y su gestión
  • Dando cuenta de nuestros talentos, pero también de nuestros miedos, de nuestros condicionamientos y creencias limitantes.
  • Escuchando y atendiendo sabiamente
  • Perdonando
  • Relajando
  • Aceptando

La práctica de la meditación nos va a ayudar en este camino de aprendizaje de vida… también la psicoeducación, el trabajo con el cuerpo, con la respiración… A medida que incrementemos nuestros niveles de consciencia con el entrenamiento de la atención, experimentaremos -tal y como afirma Jon Kabat-Zinn-, que los cambios vienen solos.

Para profundizar:

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