Información nuevo curso

Y un junio más, llegamos al final de curso. Un curso especial, retador en muchos aspectos: todavía con restricciones en algunos momentos, con un nuevo grupo de yogaterapia, continuando con los talleres de bienestar de lunes y miércoles…  Tratando de seguir inspirando y acompañando en la práctica de la atención,  expandiendo nuestra consciencia para una vida más plena.

Retador también porque muchas de las personas que vienen lo hacen desde hace tiempo, lo que me motiva y obliga a seguir buscando contenidos que encajen y puedan servir de ayuda en el viaje del autoconocimiento.

El día 20 de junio se abren nuevas inscripciones para septiembre y ¡quedan muy pocas plazas porque la mayoría repiten! Si estás buscando una actividad que te permita parar, conocerte, gestionar mejor la vida y al mismo tiempo mover, estirar y relajar el cuerpo,  en resumen, regalarte una hora y media para ti, te dejo aquí la información. ¡Empezaremos la semana del 19 de septiembre!

¿En qué consiste el Taller de bienestar?

En Septiembre 2022 comenzaremos la VII Edición de este Taller. Taller que mezcla teoría y práctica, que trata de atender a nuestra faceta personal (física, emocional  y mental) y transpersonal  (nuestra naturaleza espiritual) para caminar hacia el bienestar integral. Así, la primera media hora es un contenido más teórico, todo aquello que nos ayude a entendernos y a estar mejor a nivel físico y psicológico. La hora siguiente pasamos a la práctica que, en realidad, es lo importante: relajación, respiración, yogaterapia, movimiento consciente, meditación… entrenamos la atención en quietud y movimiento, comprendiendo que cuanto mayor sea mi habilidad “mindfulness” en la vida, mayor capacidad tendré de:

  • Responder en lugar de reaccionar
  • Regular mis emociones
  • Mejorar mis relaciones sociales
  • Conocerme y sacar a la luz mi mejor versión
  • Incrementar mi bienestar físico y psicológico

Etcétera, etcétera, etcétera… porque esto es un viaje con muchas estaciones y no se trata de llegar a ningún destino sino de ir transitándolo con la mayor conciencia posible, para comprenderlo y disfrutarlo.

¿En qué consiste la sesión de Yogaterapia?

Meditación en diferentes formatos: a través del relax, de la práctica formal, del yoga y del movimiento consciente, de los mantras, de todo lo que nos permita conectar con lo que somos más allá de pensamientos, sensaciones o emociones, hora y media de entrenamiento para una vida más serena, consciente y plena.

 ¿Crees que ha llegado tu momento de parar y explorarte? ¿Te animas?

Visita aquí la página de Prema para otros horarios y actividades. Contacta con Maribel, Virginia, Rosana o Marina para conocerlas.

Vivir el duelo

Escultura de Blas Martínez en Los Fayos (Aragón). 

Este fin de semana han tenido lugar las VIII Jornadas de Psicología Transpersonal y Espiritualidad en Tudela y hemos tenido el gusto de volver a disfrutar del formato presencial y del contacto físico que tanto bien nos hace.

El tema no ha podido ser más apropiado: Vivir el duelo. Duelo por muertes, por enfermedad, por rupturas, por dejar atrás una vida que ya no va a volver… son muchos los formatos en los que puede aparecer la necesidad de vivir o acompañar un duelo y tras la última época es una imperiosa necesidad hablar de ello.

Iosu Cabodevilla nos recuerda el tabú que construimos alrededor de la muerte. Evitamos hablar de ello porque consideramos que sufrimos más si lo hacemos y la sociedad parece empujarnos a evitar sentir dolor. Podemos verlo como un problema que puede atenderse a través de ciertas conductas o apoyos o como una condición existencial que no tiene cura y con la que tenemos que convivir como parte del ciclo vital, llenándola de consciencia e intentando no pelear contra lo inevitable. Releer la vida cerrando asuntos inconclusos, practicar el perdón-gracias-adiós, pueden ser grandes aliados en el final del trayecto.

Con este corto de Javier Recio titulado la Dama y la Muerte Iosu nos ayuda a reflexionar sobre si la muerte es siempre un enemigo a combatir o no…

Enrique Martínez Lozano nos invita a aprender a vivir las pérdidas de la mejor manera posible porque son inevitables, y en ocasiones, la pérdida viene en formato caída de paradigma. Rechazamos ideas que chocan con nuestras creencias y por ello nos cuesta reestructurar nuestro mapa mental y abrirnos a lo nuevo, pero cuando ocurre que todo en lo que creíamos y confiábamos se derrumba, pueden surgir culpas, tristezas y vacíos, sin embargo, al mismo tiempo, podemos abrirnos a nuevas formas de ver la vida mucho más enriquecedoras.

Ante una pérdida solo podemos elegir la forma en la que la enfrentamos:

Impresionante el testimonio de Ana Artacoz desde su silla de ruedas. Con una enfermedad degenerativa limitante por la que le pronosticaron que no viviría más allá de los 14 años (hoy tiene 47) y por la que murió su hermano en 2014, invita a revisar cómo nos enfrentamos a lo que nos pasa en lugar de enredarnos en lo que nos pasa. Con un enfoque logoterapéutico y a través de cuentos, nos empuja a:

  • Mirar de frente los problemas
  • Diferenciar lo que se puede cambiar de lo que no se puede
  • Ponernos manos a la obra con lo que se puede cambiar y aceptar lo que no
  • Colocarnos ante el sufrimiento con vulnerabilidad, mostrando nuestra fragilidad sin miedo y siendo auténticos

Pocas cosas son más terribles que la pérdida de un hijo y si además es por suicidio, la devastación suele ser total. Francisco Carcavilla y Jaime Costales nos hablan de esta experiencia en primera persona con diferentes enfoques para sobrevivir a esta experiencia.

Francisco ha encontrado en la expresión del dolor a través de la palabra su bálsamo reparador, así como en aportar su grano de arena activamente para que cambie la forma en que nuestra cultura se enfrenta al hecho de que cada día 11 personas se suiciden en España. Ocultarlo no es la solución, sino lo contrario. Es preciso enseñar que una solución permanente a un problema temporal no es el camino, e ir a la base, al apego seguro, a la educación emocional de las familias.

Para Jaime la arteterapia ha supuesto un alivio emocional en el proceso: la poesía, el análisis de sueños, dibujos… expresar aquellos sentimientos que quizás no es posible a través de la palabra, permitir que afloren emociones para sacar, desbloquear y ordenar el caos.

Jocelyn Huerta nos dirige hacia las rupturas en las relaciones poniendo encima de la mesa esas creencias que limitan la expresión de nuestra esencia: pensar que la pareja lo es todo, convertirla en nuestro único pilar, creer que es el único espacio donde desarrollar amor, adjudicar a la pareja responsabilidades que no corresponden o dejar que lo hagan con nosotros… desde este lugar una ruptura puede generar un desamparo enorme y en cualquier caso mutila nuestra potencialidad de amar y de crecer.

Anji Carmelo, tras una vida de acompañamiento en el duelo, nos regala un maravilloso decálogo para hacerlo:

  1. Saber que nuestras necesidades vienen primero
  2. Estar cuando realmente hace falta, atención a si demanda distancia o cercanía. No imponer nuestro querer ayudar.
  3. Personalizar: no hay dos duelos iguales y todos serán correctos
  4. Dejar que marquen el ritmo y extensión. Respetar el ritmo abriéndonos con sinceridad, cariño y suavidad.
  5. Escuchar sin opinar o aconsejar, dejar hablar.
  6. Comprender sin juzgar. Paciencia y presencia.
  7. Respetar la necesidad de soledad. Dejar llorar si es lo que surge, pero no forzarlo si no lo hace.
  8. No interferir en el proceso con consejos “tienes que” (salir, dormir, no dormir, comer, etc)
  9. Acompasarse: disponibilidad y seguir su ritmo
  10. Permitir el disfrute y el relax, según su momento y estado, no desde nuestras expectativas. Comprender los altibajos.

José Carlos Bermejo recorre algunos de los modelos interpretativos del duelo así como los tipos de duelo que podemos encontrar, unos más complejos que otros. Si hay un buen acompañamiento en el final de la vida, se facilita mucho el duelo, sin embargo, hay situaciones en las que esto no es posible y puede surgir un duelo complicado bien porque se cronifica, por la ambigüedad de la pérdida (alzheimer, desapariciones) o por otros factores que hacen que cada experiencia sea única.

Siguiendo el modelo de Worden anima a dar algunos pasos:

  1. Aceptar
  2. Dar expresión a los sentimientos
  3. Adaptarse al ambiente en el que el difunto ya no está
  4. Invertir energía emotiva en otras relaciones o causas

Es muchísimo más que estas breves líneas lo dicho y vivido en estas jornadas y este tema daría para mucho más. Aprender a morir nos ayuda a vivir y como cultura tenemos esta asignatura pendiente, porque es lo único que nos va a ocurrir seguro. Es hora de ir introduciéndola en nuestros currículos educativos…

Como siempre un especial gracias a Román Gonzalvo y a la Universidad de Zaragoza por hacer posibles estas jornadas y a mis queridos amigos Rocío y Txutxín por su hospitalidad y enorme generosidad. Si quieres conocer más sobre los ponentes puedes ir a la web de la Asociación Transpersonal Iberoamericana

La tradicional foto con mi querido Enrique Martínez Lozano 🙂

Con Román Gonzalvo y Alfonso Verdoy

 

Un ratito con el Dr. Juan Carlos Vicente Pardo

Hoy traigo esta pequeña entrevista con otro maestro de vida, el Dr. Juan Carlos Vicente Pardo,  el médico que más me ha enseñado sobre la relación mente-cuerpo y su influencia en el dolor crónico. 

Hace años que coincidí con Juan Carlos en la esterilla de yoga y compartimos muchas horas de meditación con Ramiro de maestro. Además, gracias a él conocí la medicina cuerpo-mente, la PNEI (psicoendocrinoinmunología), y me acercó a la meditación vipassana, una de las experiencias más impactantes de mi vida. Hoy os acerco un cachito de su vida: cómo llegó a la medicina y sobre todo, como fue su comprensión de que no somos solo un cuerpo físico… Aquí va:

¿El médico nace o se hace?

Nací en una familia de médicos qué vivían la medicina con gran entusiasmo  y que se acercaban para tratar a las personas no solo desde el punto de vista profesional, sino también humano. Mi infancia estuvo rodeada, impregnada de medicina por todas partes, por lo que no es extraño que naciese en mí la vocación  de realizarme en ese campo y desde bien pequeño quería ser médico, médico cercano que se compromete y ayuda en todo lo que puede a sus pacientes.

Un poco como el médico de pueblo, que conoce a fondo al paciente y su familia ¿no?

Exactamente. Me vienen de hecho a la cabeza las imágenes de mi padre y de mis tíos médicos trabajando de médicos de pueblo, dónde se apreciaba el calor humano hacia los pacientes vecinos y el cariño que ellos les devolvían.  Siempre pensé, y sigo pensando después de 37 años de ejercicio profesional, que sin esto las terapias aplicadas no tienen tanto éxito e incluso, como sabemos por neurociencia hoy en día, pueden llevar al fracaso si no hay una confianza mutua donde las dos partes estén implicadas, si no hay una relación médico paciente satisfactoria y una capacidad de explicación, de entendimiento,  así como una buena labor de pedagogía.

Suena muy bien… pero en la práctica no siempre es así.

La pena es que en la carrera  solo te enseñan a tratar con la parte física, nada con la parte humana, ni la parte mental y por supuesto, ni de asomo, con la espiritual.

En tu caso hubo una gran inquietud por ir más allá de esa parte física de la Universidad. ¿De dónde crees que te vino esta búsqueda?

Desde que empecé a ser médico me metí en una carrera frenética por aprender de los mejores profesores y como me gustaba el mundo del aparato locomotor fui a hospitales universitarios en París, Londres, Alemania, Estados Unidos, etc, a aprender con los mejores catedráticos en sus diferentes modalidades, las técnicas de medicina manual, de la osteopatía, la proloterapia, la neuralterapia, etcétera.

Buscaba solución a los problemas y dolencias de las personas que acudían a mi consulta, por supuesto desde ese punto de vista físico, pero siempre hubo algo dentro de mí que no sabía exactamente qué era o cómo buscarlo, pero que intuía  tenía que ver con un componente emocional-mental y que me ayudaría a interpretar y ver todo desde un punto de vista más global.

Fue entonces cuando empecé  a interesarme por el cerebro, desde un punto de vista dinámico y funcional y de ahí di el salto hacia la mente y su increíble programa funcionante. Hice cursos y estudié con expertos tan importantes hoy en día como Bruce Lipton, padre de la psiconeuroinmunología, Joe Dispenza difusor del poder de la mente, Amit Goswami creador de la medicina cuántica,  Lorimer Moseley gran pedagogo del dolor crónico y de su relación con la circuitería neurológica…

Además, hice un Máster en la universidad sobre neurociencia, inteligencia emocional y coaching de la salud, y todo ello me ayudó a comprender aún más la conexión entre lo físico y lo mental. En cualquier caso,  el verdadero cambio de paradigma en la forma de ver los problemas de salud fue cuando conocí al Dr. John Sarno en el hospital Langon de Nueva York. John Sarno, padre de la medicina mente cuerpo, me enseñó como y porqué no podemos separar el cuerpo de la mente, integrando desde entonces aquello que llevaba intuyendo desde hacía tiempo y que corroboraba su forma de trabajar desde hacía más de 40 años en su servicio de rehabilitación.  En ese momento entendí el dicho médico de los grandes sabios de la medicina qué dice “no me importa qué tipo de enfermedad tiene el paciente, sino qué tipo de paciente tiene esa enfermedad.”

Qué interesante. Ahí es donde entran en juego otras variables más allá de la dolencia física entiendo.

Exactamente. Y es que cada persona tiene un bagaje en su vida donde influyen una infinidad de variables como sus creencias, aprendidas la mayoría antes de los 6 años, su vida infantil y juvenil, sus rasgos de personalidad, sus pensamientos, su comportamiento, sus percepciones, sus emociones reprimidas, especialmente la rabia y la ira, etc.

A lo que hay que sumar los factores estresantes diarios tan determinantes hoy en día con ritmos de vida ajetreados, sobre-información, problemas familiares y laborales, falta de tiempo para calmar la mente, etc.

Además de médico, eres meditador experimentado. ¿Ha influido en esa búsqueda esta faceta?

Sí, la meditación sería la segunda afición más importante en mi vida, así como el yoga, y aunque llevaba años practicando no veía su relación con la medicina hasta que estas dos líneas, paralelas en un principio, se fueron juntando fusionándose en una sola para indicarme el camino hacia como integrar la salud desde el punto de vista físico y mental.

Innumerables estudios realizados en Harvard, y posteriormente en otras prestigiosas universidades, lo corroboran a través de estudios sofisticados cómo son las resonancias magnéticas dinámicas. Precisamente fue un curso retiro de meditación Vipassana con 10 horas de meditación diaria con el maestro Goenka, algo muy duro pero gratificante a la postre, lo que supuso un antes y un después en mi percepción de la realidad. En este retiro se me mostró algo que de otra manera difícilmente hubiera encontrado y fue la experimentación de un plano mental, no físico no corporal, quizá espiritual, de aquellos conceptos que llevaba más de 30 años estudiando pero nunca había sentido antes:  ser uno con la totalidad, la vacuidad, la ecuanimidad, sin juicios, sin apego ni aversión y sintiendo la única cosa que en realidad somos qué es el estado del ser, la consciencia.

No podemos entonces olvidarnos de nuestra faceta espiritual para la recuperación de nuestra salud ¿correcto?

En definitiva, lo espiritual sería el tercer escalón, por encima del mental y del físico o corporal para mantener una buena salud. Hace más de 35 años, cuando empecé, creía que él 75% de las dolencias que veía en mi consultorio eran de tipo estructural y un 25 % psicosomático. Hoy estoy más que convencido de qué es todo lo contrario. ¿Qué quiere decir esto?, pues quizá dos cosas:

  • La primera, que la hemos aprendido por la neurociencia y otras disciplinas médicas, sería que la mente ayuda perpetuar, por ejemplo, los patrones del comportamiento neurológico en el dolor crónico, que es lo que más veo en mi consulta.
  • Y la segunda y muy importante, que a lo largo de estos últimos años vivimos cada vez más disociados del equilibrio mente-cuerpo, como lo demuestra el aumento de problemas banales como la insatisfacción, la falta de tranquilidad, la irascibilidad… Así como otros más relevantes como la depresión, la ansiedad, el estrés crónico, el insomnio, la toma de pastillas para llevar una vida más “feliz” y huir del malestar.

¿Qué recomendarías incluir en nuestras vidas para mejorar esta conexión mente-cuerpo-espíritu?

Como decían nuestros antepasados “mens sana in corpore sano”, es decir, deberíamos incorporar a los ya conocidos hábitos saludables de vida, algunas prácticas importantes para este equilibrio, cómo son la meditación, la respiración consciente, vivir un poquito más en el aquí y el ahora tomando consciencia del momento presente, e incorporando prácticas tan maravillosas y potentes como el yoga o el Tai Chi,  además de la realización de ejercicio físico habitualmente, aunque sea un paseo diario de una hora, por ejemplo.

Pues hasta aquí este pequeño acercamiento a Juan Carlos. Por propia experiencia os digo  que no puedo estar más de acuerdo con él, ya que tras muchos años de dolor de espalda, junto a sus tratamientos en consulta,  la respiración, la meditación, el yoga y el autoconocimiento han sido pilares importantísimos para mejorar mi calidad de vida y mi bienestar.  Gracias Juan Carlos por todos estos años de aprendizaje.

En esta foto podéis verlo con John Sarno en su hospital de Nueva York.

Para saber más:

https://drjuancarlosvicente.es/

Encuentro con la sombra

Hay una grieta en todo. Por ahí es por donde entra la luz. Leonard Cohen.

No hay desarrollo personal o transpersonal sin encontrarnos con la sombra. Y el encuentro con ese “yo” que no mostramos, con nuestra cara oculta, no siempre es agradable y fácil.

Este fin de semana hemos tenido el honor de volver a vivir la presencia de Enrique Martínez Lozano en Vitoria, precisamente para indagar en la sombra, esos aspectos inconscientes de nuestra psique que si no salen a la luz pueden repercutir de manera notable en nuestra vida y, sin embargo, esconden un tesoro de gran valor.

Mantener la sombra escondida, reprimida o negada consume mucha energía porque hace falta mucha tensión interna para mantenerla oculta. Conocerla, aceptarla y abrazarla supone, por tanto, una liberación sanadora.

Y no vamos a pensar que la sombra es “mala” o tenebrosa, lo que es doloroso es no conocerla o aceptarla. Hay una sombra formada por material disfuncional, aquellos aspectos etiquetados culturalmente como negativos, que hemos reprimido como efecto secundario a crear una imagen “aceptable” para salir al mundo (por ejemplo, la agresividad). Y además, hay una sombra “dorada”, de aquellos aspectos etiquetados como positivos, que contiene material funcional también reprimido, quizás porque, en su momento, no cabían en la imagen que queríamos dar (por ejemplo, la ternura).

En esa “trastienda” o “sótano” encontramos por tanto, todo ese material que desechamos en la construcción de una imagen que agradara, que fuera reconocida por las figuras de apego o la sociedad. Y en esa construcción interviene nuestra base genética, lo que gusta o disgusta a nuestros padres y la influencia del ambiente en el que nos movimos. Y el primer paso es reconocer que todos tenemos sombra, ya que es el precio a pagar por construir esta imagen “aceptable”, es inevitable porque es la otra cara de la luz.

Si la ignoro, nuestro autoconocimiento será superficial, nos creará tensión, estrés y agotamiento, proyectaremos fuera y nuestras relaciones se complicarán. Porque todo lo que admiro o me enamora, o todo lo que me perturba o crispa, en otras personas es parte de mi sombra. Y esto no siempre nos resulta fácil de entender… ver la mota en el ojo ajeno y no ver la viga en el propio es un clásico en la historia humana.

Al ser material inconsciente, no podemos verla de modo directo, por lo que tendremos que prestar atención a este plus emocional duradero y repetitivo, que nos despiertan determinadas personas o situaciones. Podemos no compartir una opinión, si además me “hierve la sangre”, hay sombra a liberar.

Enrique nos propone algunas preguntas para dar luz a esta “trastienda”:

  • ¿Qué me cuesta aceptar en mí y en los demás? Aquellos rasgos que he considerado inapropiados y no los he incluido en mi imagen construida, permanecerán agazapados en mi sombra pero los veré muy claros y me perturbarán mucho en otros. Y lo mismo con la pregunta: ¿Qué me atrae o admiro de los demás?
  • ¿Qué me pone nerviosa de fuera? Hilos de los que tirar para desenredar lo que ocultan.
  • ¿Qué imagen quiero dar y qué rasgos he de rechazar u ocultar para ello?
  • ¿Percibo en mí algún “demasiado”? ¿Soy demasiado buena, responsable, perfeccionista, obediente, alegre o dócil? El rasgo contrario estará empujando para salir de esa sombra.
  • ¿Ante qué reacciono exageradamente? El salirme de mis casillas será otra pista.
  • ¿Soy “anti” algo? ¿Qué hay detrás? La oscuridad no se vence luchando contra ella sino poniendo luz. Mejor ir a favor de lo que defiendo que en contra de lo contrario.

El trabajo consiste en dar luz, en asumir y aceptar lo que hasta ahora habíamos decidido ignorar, ocultar, negar o reprimir. Y no se trata de dar rienda suelta a esos rasgos ocultos o de justificarlos, tiene que ver más bien con la lucidez, con poner consciencia, con el gusto por la verdad y sobre todo con la humildad, con la aceptación de lo que veo al poner luz.

Será importante también el diálogo con los “yoes” que allí habitan: mi yo victimista, mi yo quejoso, mi yo enfadado, mi yo vago, abusador, mentiroso, roñoso… o mi yo tierno, talentoso y brillante. Darles voz y espacio.

Las consecuencias vendrán en forma de integración psicológica, armonía, paz, mejora en las relaciones, mayor creatividad, humildad, compasión y comprensión. El trabajo con la sombra aporta libertad cuando abrazamos esos demonios internos y amor porque dejamos de proyectar nuestras amenazas y temores reprimidos.

La aceptación de la sombra nos hace humanos, nos baja de un pedestal de imagen insostenible e imposible y nos conecta con esa humanidad compartida que somos cuando comprendemos que todos tenemos de todo.

¡Gracias Enrique por compartir de nuevo tu sabiduría!

Para saber más:

Martinez Lozano, E. (2016 ) Nuestra Cara oculta: Integración de la sombra y unificación personal. Narcea, S.A. de Ediciones

La salud es lo primero

Imagen de Brittney King

El futuro será integral o no será. La teoría integral no es una religión que obligue a llegar a ningún sitio, sino un mapa para saber por dónde estamos transitando, o bien un sistema operativo que nos ayuda a desarrollar la mejor y más efectiva funcionalidad en el desarrollo de los diversos niveles de conciencia. Raquel Torrent

1 de enero de 2022. Quizás no sea hoy por la celebración del año nuevo, a lo mejor es mañana con la resaca, o el 7 de enero, o el 10… pero es probable que uno de estos días nos planteemos algún propósito de mejorar nuestra forma física y nuestra salud. Porque de pocas cosas se ha hablado más estos dos últimos años que de salud, bueno en realidad más bien de lo que se ha hablado ha sido de enfermedad, concretamente de una que ya sabemos todos cuál es. Porque de salud se habla menos, aunque esa frase de “la salud es lo primero”, todos la reconocemos como cierta porque cuando falla, suele fallar todo lo demás.

Sin embargo, la raza humana tiene una característica paradójica y es que dice cosas pero hace lo contrario.  Porque si la salud es lo primero, debería ser lo primero de verdad, es decir prioridad de máximo nivel. Y aunque así lo decimos y así nos lo bombardean y nos lo dicen como telón de fondo de decisiones políticas, la cruda realidad es que, si lo analizamos con honestidad, no lo es. En lo individual, podemos delegar la responsabilidad de nuestra salud fuera (médico, medicamentos, gobierno, azar…) y en lo colectivo, las políticas sociales, sanitarias o educativas tampoco correlacionan con esta prioridad por mucho que digan que sí.

Apoyándonos en Ken Wilber y en su teoría integral, despertando todas las dimensiones de nuestro ser, podemos ver la salud desde cuatro cuadrantes o perspectivas y así darnos cuenta de dónde nos estamos enfocando y donde no, y de este modo tratar de dirigir la mirada a zonas que quizás tengamos abandonadas. Si solo nos enfocamos en una dimensión, por muy fuerte y efusivamente que lo hagamos, nuestros resultados pueden no ser los deseados… si en cambio vamos incluyendo otros cuadrantes el avance puede ser exponencial.

Y no estoy hablando de no enfermar nunca. Somos humanos y lo haremos. Se trata de hacerlo lo menos posible y cuando ocurra, contar con un sistema inmunológico lo suficientemente potente para que sea lo más leve posible.

De este modo, moviéndonos entre lo individual y lo colectivo, lo interior y lo exterior, aquí van algunas ideas que se pueden trabajar en aras de la salud en cada cuadrante. Todas tienen su peso y a lo mejor alguna nos sirve para nuestros propósitos de este año.

1.  Individual interior:

  • Conozco mi personaje construido, sé cuáles son sus creencias, las limitantes y las expansivas, conozco mi mente y la utilizo como lo que es, un maravilloso instrumento a mi servicio y no al revés.  Trabajo mis emociones, aprendo a regularlas, invierto en mi desarrollo personal en aprender a «habitarme».
  • Soy consciente de mis dones y talentos así como mi sombra, de mis zonas más oscuras, que acepto e integro, porque me doy cuenta de que también soy eso. Desarrollo y pongo al servicio de la comunidad esos talentos o virtudes que se me han concedido, bien a través de un trabajo, voluntariado o hobby.
  • Me quiero, me valoro, soy consciente de que soy la persona más importante de mi vida y de que soy la única responsable de mi felicidad. Juego, me divierto, me permito disfrutar.
  • Mi vida tiene un sentido, tengo un propósito, o si no lo he encontrado aún tengo el propósito de hacerlo.
  • Busco momentos de interioridad, de silencio, para tomar distancia de mi ego y conectar con mi verdadera naturaleza, con mi Ser esencial. Soy consciente de que hay una inteligencia superior a mi ego, que soy parte de algo más grande que se manifiesta en mi interior cuando dejo a un lado ese personaje construido.

2.  Individual exterior:

  • Cuido mi cuerpo dándole buenos alimentos, en su justa medida, escuchando sus necesidades desde una atención sabia, pero sin obsesiones ni absolutismos. Cada persona es diferente y sus necesidades también lo son, si estoy atenta, soy consciente y honesta conmigo misma, sabré cuáles son las mías.
  • Duermo las horas necesarias para cargar mi batería particular, en un lugar cómodo a todos los niveles. Hago pausas de descanso durante el día, escuchando los mensajes del cuerpo.
  • Intento mantener mi sistema nervioso en equilibrio: aprendo a manejar mi química cerebral con la respiración, la relajación, el baile, la música, etc. Dejo el estrés máximo para peligros reales, relativizo.
  • Hago ejercicio diario, de preferencia en contacto con la naturaleza, muevo mi cuerpo, lo estiro y lo mantengo en buena forma, sin excesos ni palizas desgastantes.
  • Mantengo una adecuada higiene corporal por dentro y por fuera, tratando de intoxicarlo lo menos posible con comida chatarra o drogas de cualquier tipo.
  • Soy consciente de que convivo con virus, bacterias, hongos y demás, son parte de mí y del lugar que habito. Intento no romper su equilibrio natural, y si en algún momento se rompe trato de escucharme sabiamente de nuevo y recurro a aquellos profesionales sanitarios de mi confianza.
  • Tengo genes aunque no soy solo mis genes. Se expresarán o no dependiendo de múltiples factores, a veces de mi ambiente y acciones. Y en cualquier caso, enfoco siempre mi energía en lo que está en mi mano y es posible, aceptando lo que no para no desperdiciar recursos.

3.  Colectivo interior:

  • Me siento parte de un grupo, con sus costumbres e identidades, contribuyo al grupo y viceversa, hay un equilibrio entre el dar y el recibir.
  • Mis dinámicas familiares o sociales son satisfactorias, me llevo bien con las personas y sé manejar los conflictos habituales razonablemente bien. Sé donde terminan mis problemas y donde empiezan los de los demás.
  • poner distancia con aquellas personas con las que ya no vibro y no dependo emocionalmente de ninguna. Sé pedir, decir que no, pero también dar y decir que sí cuando se tercia.
  • Tengo un grupo de apoyo que me comprende y ayuda cuando lo necesito, puede estar en mi familia, en mi grupo de amigos o vecinos. Yo misma soy apoyo de otros cuando necesitan. Estoy atenta a las necesidades de mi alrededor y actúo.
  • Cuento con relaciones significativas: pareja, amistad, laborales, familiares… Las valoro, las alimento, las disfruto  y las agradezco.
  • Me apoyo en profesionales cuando mis recursos no son suficientes

4.  Colectivo exterior:

  • Cuento con un estatus socioeconómico aceptable, puedo pagar mis facturas y llevar una vida relativamente tranquila en cuanto a mis necesidades básicas.
  • Vivo en una comunidad sin violencia, en un ambiente relajado que me permite desconectar y descansar tranquilamente, así como llevar a cabo dinámicas interpersonales satisfactorias y contribuyo para que esta comunidad mejore.
  • Cuento con una red de apoyo institucional donde puedo acudir de manera sencilla y sé relacionarme con ella y resolver mis dudas o problemas comunes (administrativos, bancarios, laborales, sociales, judiciales, policiales…)
  • Vivo en una sociedad con un sistema educativo que prepara a sus alumnos para una vida autónoma a todos los niveles con un currículo adaptado a la realidad laboral actual. Tengo acceso a este sistema y además pongo de mi parte para contribuir a mejorarlo.
  • Me relaciono con la naturaleza como parte inseparable de ella, cuidándola, disfrutándola, honrándola y respetándola.
  • El sistema político que me gobierna lo forman personas conscientes y honestas, enfocadas en mejorar la vida de los ciudadanos, priorizando aquellas políticas que reviertan en mejores servicios, en un estado de bienestar que abarque a todas las personas que lo forman, reduciendo la brecha de desigualdad y procurando un acceso universal a la educación y a la salud como prioridades absolutas.
  • Cuento y hago uso de un sistema sanitario robusto, correctamente dimensionado en recursos, camas, equipos, profesionales, con una atención primaria de primera línea que conoce a sus usuarios, no solo a nivel físico, sino a nivel social, familiar, laboral y tiene el tiempo y los recursos para atender a los pacientes en todas sus dimensiones. Hago uso  razonable y consciente de este sistema, así como de sus políticas preventivas de formación a la ciudadanía en primeros auxilios, nutrición, salud mental, acompañamiento a madres en los embarazados,  partos y postpartos, para asegurar una crianza positiva, saludable y segura de las futuras generaciones.

Llegados a este punto seguramente estarás pensando que algunos puntos son una utopía,  o no son para ti. A lo mejor sí, son ejemplos, y no se trata de hacerlo todo y hacerlo todo bien, se trata de ser un poco más conscientes de que si la salud está siendo lo primero o no. Igual también podemos darnos cuenta de si miramos más fuera que dentro, o de si nos preocupa solo lo colectivo y nos olvidamos de lo individual, o viceversa.

La invitación no es al desánimo por lo que nos falta sino al ¿y yo que puedo hacer? Estaría genial que lo leyera la  ministra de sanidad o mejor, el presidente del gobierno, y dijera «¡venga, voy a diseñar unas nuevas políticas con la salud como prioridad máxima basándome en el modelo integral de Ken Wilber!», presiento que eso no va ocurrir -por el momento- y en realidad no es el tema, sino preguntarme ¿yo que puedo hacer por mí y por los que me rodean?  Si como gotas de agua nos vamos expandiendo, a lo mejor algún día salpicamos a la ministra o al presidente de turno, y quizás, mientras, mi salud mejore, que es de lo que ahora se trata.

Para profundizar:

Torrent, R. (2016)  Positioning. Descubre el arte de habitarte a ti mismo. Arcopress.

Wilber, K., Patten, T., Leonard, A. y Morelli, M. (2010) La práctica integral de vida. Programa orientado al desarrollo de la salud física, el equilibrio emocional, la lucidez mental y el despertar espiritual del ser humano del siglo XXI. Barcelona: Kairós.

www.innerpositioning.com

Pero a tu lado

Imagen: El Hilo Ediciones

Ayúdame y te habré ayudado
Que hoy he soñado en otra vida
En otro mundo, pero a tu lado

Enrique Urquijo

Educar es un complejo camino del que a veces no tenemos mapa o instrucciones. No se nos pide un título para ser padres o madres, pero ahí estamos muchos, tratando de serlo de la mejor manera posible, con nuestros errores y nuestros aciertos, transitando los baches, las colinas y los imprevistos del viaje. Y qué decir de una crianza en la que las colinas son el Everest y los baches el viaje al fondo de la tierra. Esos caminos de trauma en los que el mapa ya no es una opción sino una profunda necesidad para sintonizar con el dolor y las necesidades que se gritan más allá de la conducta.

Iñigo Martínez de Mandojana Valle nos regala con su libro Pero a tu lado. De la parentalidad positiva a la crianza terapéutica un ramo de recursos para que en nuestra labor de jardineros podamos encontrar el mejor de los abonos para hacer florecer a esas semillas a las que acompañamos en el proceso.

El libro nos ayuda magistralmente a comprender, que es más que entender. Comprender que detrás de muchos comportamientos de esas semillas que nos perturban o desconciertan, no hay más que dolor, incapacidad de hacerlo de otro modo y mensajes a descifrar por los acompañantes, sean padres o madres, cuidadores o profesionales de la educación.  Y con la comprensión viene la conexión, elemento imprescindible en el acompañamiento educativo.

A lo largo de sus 300 páginas encontrarás libros, música, películas, casos reales, teorías y prácticas, herramientas, recursos… un entramado que hilando fino nos llevará a recorrer, desde la neurociencia pero también desde la vida real, la ruta hacia esa crianza terapéutica, positiva, competente, que a través de la mentalización, la regulación emocional, la presencia consiente y sanadora, nos conduzca a la resignificación e integración del trauma y haga posible la resiliencia y un futuro mejor.

No digo más, te invito a leerlo y a viajar de la parentalidad positiva a la crianza terapéutica. Tus semillas te lo agradecerán y podremos seguir soñando con otro mundo en el que todo trauma tenga un «a tu lado».

 

https://www.elhiloediciones.com/peroatulado/

 

 

Finales y principios

Imagen de Geralt en Pixabay 

Todo final es un nuevo comienzo y una nueva oportunidad. Eduardo Alighieri

Fin de curso, uno más. Y no uno cualquiera. Será difícil olvidar este curso 2020-2021. Reducciones de aforo, cambios de horario, mascarillas, gel, incertidumbre, confinamientos perimetrales, complicaciones continuas. Pero ahí hemos estado, ahí habéis estado. Manteniendo la consciencia, la presencia, tratando de no dejarnos engullir por el miedo, inspirando confianza y espirando calma.

Gracias por haber seguido apostando por el crecimiento, porque esa mejor versión de nosotros mismos siga aflorando.

Ahora toca descansar,  aprovechar el verano para salir a la naturaleza, para re-conectarnos con ella y llenarnos de energías renovadas para continuar con lo que sea que nos depare el próximo curso, la próxima pantalla del videojuego de la vida.

Por mi parte, seguiré apostando por el autoconocimiento, la psicoeducación, la evolución de la conciencia combinando teoría y práctica. Inteligencia emocional, social y transpersonal. Práctica de todo lo que nos acerque al bienestar que somos,  a la conexión y comprensión profunda de nosotros mismos.

Si no dudamos en invertir en reformar la casa o en un coche seguro, no olvidemos el cuidado de nuestro verdadero hogar, el que de verdad nos acoge y el que hará nuestro camino vital más o menos agradable. Ahora sé, por experiencia propia, que la inversión más necesaria en nuestra vida es nuestro propio bienestar y por ello seguiré ofreciendo todo lo que a mí me reconectó con él.

Este curso además, con la novedad de que impartiré una clase de yogaterapia para descubrir como el yoga puede ayudarnos en nuestro caminar diario y en esta reconstrucción de nuestra casita real.

Te dejo la información de mis clases y de las del resto de profesoras del Centro Prema. Si lo tienes claro reserva tu plaza cuanto antes en los teléfonos de cada actividad.  ¡Feliz y consciente verano!

Superar el miedo

El día que yo nací mi madre parió dos gemelos, yo y mi miedo. Thomas Hobbes.

Este fin de semana han tenido lugar las VII Jornadas de Psicología Transpersonal y Espiritualidad de Tudela, con un tema de fondo que sería interesante en cualquier época, pero quizás ahora más si cabe: «Superar el miedo». La pandemia nos desafía como especie y pone de manifiesto un equilibrio que no existía, pero sobre todo desata miedos de muchos tipos.

¿Porqué el miedo nos causa tantos quebraderos de cabeza a los seres humanos?

José Miguel Gaona, nos muestra la neurofisiología del miedo para entender sus mecanismos de actuación y para saber que el miedo tiene mucho que ver con nuestro diseño cerebral para la supervivencia. Esa pequeña alubia cerebral que llamamos amígdala está en continua alerta ante todo lo que aparece…

Pero quizás más importante aún es saber que nuestros miedos más habituales son mentales, que vivir con miedo tiene mucho que ver, como nos dice Juan Diego Duque, con la identificación, con creernos a pies juntillas nuestra telenovela mental, por lo que es importante no «infoxicarnos», elegir la nutrición mental para movernos con prudencia y no con pánico.

El miedo forma parte de nuestra maleta biológica, no es posible vivir sin miedo, y son muchos y variados los que pueden acecharnos. Enrique Martínez Lozano nos invita al trabajo psicológico por un lado, revisar nuestra inseguridad afectiva, y al trabajo espiritual por otro, para salir de la ignorancia y movernos de lo creemos ser a lo que realmente somos y así dejar de identificarnos con esa mente pequeña, que siendo un magnífico instrumento a nuestro servicio, se puede convertir en nuestra dueña impidiéndonos disfrutar de la vida.

El cambio es constante e inevitable, la vida nos obsequiará con diferentes formatos de situaciones y cuando nos resistimos, estancamos o nos aferramos a lo viejo, nos encontraremos de frente con el sufrimiento. Aceptar el miedo, adaptarnos, fluir, evolucionar... serán nuestros aliados para ir transitando hacia la confianza, a la re-conexión con la vida.

Como apuntaba también Borja Vilaseca,

el antídoto del miedo es sentirlo, abrazarlo, verlo como un maestro que te pide que te muevas. La meditación, el mindfulness, todo lo que nos permita desplegar el testigo que observa, que deja de identificarse con la mente, nos ayudará a tomar distancia de esa voz perturbadora que insiste en mostrarnos toda la gama de peligros que pueden surgir en nuestra vida.

La respiración, herramienta gratuita y de serie que bien utilizada nos ayuda a entrar en el presente, en el ser, y como pudimos experimentar con Juan Diego Duque, una manera de dejar de identificarnos con la reiteración mental. Respirar-sentir nos ayuda a pensar de manera más clara, a no dejarnos arrastrar por lo que «pocoyó» agrega a lo que ocurre. Trabajar la atención, desplegar el testigo… tomar las riendas.

Conciencia testigo que también José Mª Doria considera clave para la gestión del miedo: localizar lo que tememos perder, observar la raíz del miedo con ese ojo panorámico más allá del pequeño yo, sin huir, sin luchar, comprendiendo que somos parte de una inteligencia superior y confiando en ella más allá de nuestra pequeñez egoica. El amor sería el antídoto, ese abrazo a nuestra vulnerabilidad, a nuestra herida, sin juicio, con humildad.

Y por supuesto, empezando por autoamor para poner fin al autoodio, tema tratado por Virginia Gawel. Cuando nuestro temor es hacia nuestros propios talentos, entramos en ese complejo de Jonás que Virginia explicó magistralmente. Del mismo modo que Jonás huyendo de su destino termina engullido por una ballena, nosotros podemos ser engullidos por profesiones, parejas o situaciones que no van con nosotros. Por no desplegar nuestro destino, nuestros talentos y propósito vital, vivimos anclados en esa comodidad de ser nadie, por el miedo a la envidia, la crítica o a nuestro propio florecimiento. Me encantó la reflexión: ¿Quedarnos acaracolados dentro de nuestro caparazón o exponernos, ganar confianza e ir subiendo escalones evolutivos?

Conocer el ego, tenerlo a la vista, pero darnos el permiso para ser quién somos, desplegando nuestra esencia, nuestra semilla. Mario San Miguel nos lo recuerda: soy un ser-humano, y por tanto tengo una esencia, -ser-,  y un personaje humano con un cuerpo a través del cual se expresa esa esencia… cuando lo permitimos. Y que no se nos olvide:  «si tienes culo tienes ego» y «si tienes ego, tienes miedo» por lo que aquí no se libra ni el apuntador. Tener miedo es inevitable, que el miedo me tenga a mí no lo es si trasciendo esa visión egoica de identificación con el «pocoyó». Abrirnos a la Vida, al misterio… o quedarnos en el ¿misterYo?

El trabajo con el cuerpo, con las emociones, con la restructuración cognitiva pero también con la dimensión espiritual potenciará la superación de los miedos de manera integral. Federico Infante nos lo muestra con el análisis de un caso.

No se trata de controlar el miedo, de que desaparezca, eso no va a hacer más que generar lucha y desgaste energético.  La invitación es a no frenar la experiencia, a transitarla, a navegar a través de ella, a respirarla, saliendo de la identificación con el pensamiento.

Ana Pérez nos recuerda, y nos lleva a experimentar a través del sonido, que somos energía, y por tanto la frecuencia y vibración en la que nos movamos tendrá mucho que ver con cómo nos sintamos…

Nuestra vida gira en torno a la mente, durante siglos nos han dicho que era lo bueno, que la razón, la ilustración eran cualidades a perseguir. Somos animales que nos hemos desconectado de la naturaleza, de nosotros mismos, nos hemos vuelto tan mentales que ahora nos creemos solo mente, -que en sí es una herramienta maravillosa-, pero cuando toma el mando y nos creemos todo lo que dice puede ser un instrumento de tortura que nos hace vivir en diferido recordando y anticipando. La mente no es presente y para vivir felices… necesitamos estar presentes.

Gracias como siempre a Román Gonzalvo (Presidente ATI), Anna Magaña (Coordinadora ATI), Laura F. Laguía (Secretaria ATI)  y Alfonso Verdoy (filósofo) por hacer de nuevo posible este fin de semana. Espero que vuelva a ser presencial el año próximo y poder veros en directo de nuevo.

Ponentes:

JOSÉ MIGUEL GAONA

Es doctor en medicina —especialidad en psiquiatría— por la Universidad Complutense de Madrid, y máster en psicología médica y especialista en psicología forense. Ha enseña-do en la cátedra de psiquiatría de la Facultad de Medicina de la Universidad Complutense de Madrid, y en los últimos años se ha focalizado en la neuroteología. Autor de cuatro libros, últimamente se le escucha en los medios en lo relativo a la pandemia por el COVID

ENRIQUE MARTÍNEZ LOZANO

Es psicoterapeuta, sociólogo y teólogo. Desde hace décadas facilita encuentros donde articula lúcida y armoniosamente la paradoja “mente-consciencia”. Ha participado en numerosos congresos de psicología y espiritualidad, y ha escrito más de 20 libros. Actualmente ofrece talleres de meditación y psicología transpersonal en YouTube, para ayudarnos a crecer en la comprensión de nuestro ser.

JOSÉ MARÍA DORIA

Es presidente fundador de la Escuela Española de Desarrollo Transpersonal –EDTe– por la que han pasado más de 12.000 estudiantes. Autor de 10 libros, desde hace 40 años divulga el paradigma transpersonal internacionalmente, y apoya los proyectos de la Fundación Transpersonal, de la que es también presidente fundador.

VIRGINIA GAWEL (Argentina)

Es psicóloga especializada en la integración de psicologías de oriente y occidente, además de neurociencias contemplativas. Docente universitaria y fundadora del Centro Transpersonal de Buenos Aires; miembro del directorio de la International Transpersonal Association, y cofundadora de la ONG Vivir Agradecidos. Es autora del libro “El fin del Autoodio” (Editorial El Ateneo).

JUAN DIEGO DUQUE (Colombia)

Es consultor, educador, psicoterapeuta y psicólogo (Universidad del Valle; Cali, Colombia). Máster en Intervenciones en Psicoterapia (Universidad de Salamanca, España). Certificación en Respiración Terapéutica (Breath Energy School; Poona, India). Entrenamientos en terapia holística, psico-terapia transpersonal y meditación. Profesor de la Universidad Javeriana, Cali. Coautor del libro “Fun-damentos Epistemológicos de las Psicologías. Con énfasis en Psicología Transpersonal.

MARIO SAN MIGUEL

Es un hombre polifacético, cantante, poeta, cuentacuentos y periodista. En continuo movimiento, se considera un nómada de la búsqueda espiritual, un ser humano que usa como medio la música, la palabra para entrar en contacto de corazón a corazón. Para poner en práctica su filosofía de vida ha creado la asociación “El Ejército del Amor”.

BORJA VILASECA

Es escritor, periodista, conferenciante internacional, profesor y emprendedor de proyectos orientados a la transformación y el despertar de la consciencia. Su gran pasión es democratizar la sabiduría para inspirar un cambio de actitud y de mentalidad. Director del Máster en Desarrollo Personal y Liderazgo. Fundador de La Akademia y del Borja Vilaseca Institute. Experto en eneagrama, au-tor de cuatro libros y youtuber con 565.000 suscrip-tores.

FEDERICO INFANTE (Perú)

Es presidente de la Asociación Transpersonal del Perú. Doctor en filosofía por la Humboldt-Universität zu Berlin. Especialista en polí-ticas de salud mental, educación y drogas. Miembro Docente de la Asociación Mexicana de Psicología y Desarrollo Transpersonal (AMPYDET). Docente de la Universidad Tecnológica del Perú (UTP) y de la Universidad César Vallejo (UCV).

ANA PÉREZ

Es música (docente, compositora y vocalista), graduada en la Berklee College of Music,  Barcelona. Técnica Vocal formada en el uso saludable de la voz (Voicecraft),  y Coach en Emogestión (EFIC).  Disciplinas que combina con el canto difónico/armónico, instrumentos de alta vibración, sonoterapia y reiki para el desarrollo de metodologías y herramientas prácticas para una evolución holística e integrativa del ser.

¿Qué tiene la culpa que no la quiere nadie?

Imagen pixabay

Cuando señales a alguien con el dedo, recuerda que otros tres dedos te señalan a ti. Proverbio inglés.

La culpa es un patrón de respuesta emocional que surge de la creencia de haber transgredido normas éticas personales o sociales. En el diccionario aparece como “falta o delito cometido voluntariamente” o “responsabilidad de una acción negativa o perjudicial”; el caso es que es evidente que tiene muy mala fama y todos queremos escapar de ella como sea.

En su versión adaptativa, su función sería regular esa conducta social que nos resulta tan indeseable y  motivarnos a reparar el daño causado. Hasta aquí resulta comprensible y saludable. La culpa, o mejor la responsabilidad, sirve entonces para reconocer nuestros errores y facilitar conductas de reparación.

Pero nada en la experiencia humana resulta tan sencillo. La culpa está más que nunca en la calle, en boca de todos. Si las cosas van mal alguien tiene que ser culpable y ante la tesitura de qué pueda ser yo, mejor busco otro al que volcar el problema. Lo vemos cada día con el covid y la hostelería, la juventud, los deportistas, el vecino que ayer me pareció que llegaba a casa a las 22:05 o el cuñado que se fue al pueblo a dar de comer a las gallinas. Y no te digo nada si das positivo tras un test PCR… todas las alarmas de «qué habrás hecho mal» se disparan. Por si no fuera suficiente estar enfermo, igual te toca cargar con el sentimiento de culpa.

Buscar culpables para una pandemia que está poniendo patas arriba al planeta no parece fácil. Puede ser el resultado de una forma de vida imposible. Puede ser la forma de sacar a la luz deficiencias de un sistema insaciable que exprime a la madre Tierra sin piedad. Puede recordarnos lo vulnerables que somos y que el planeta no nos necesita pero nosotros a él sí.  Puede dejar ver carencias sociales y defectos de gestión. Puede forzarnos a construir una nueva humanidad basada en el bien común… pero mientras sigamos con el dedo acusador en alto, seguiremos en la rueda de hámster que no lleva a ninguna parte.

Es muy humano, concretamente muy del ego, pensar que nosotros somos correctos, tenemos criterio y el resto no. Que nosotros hacemos las cosas bien, -o que lo que hacemos nosotros mal, no hace daño a nadie-, y que son los demás los causantes de todo. Es un mecanismo de defensa muy habitual, dado que tomar la responsabilidad de lo que ocurre puede ser muy doloroso para nuestro personaje. También puede ser que la tendencia sea la contraria, echarnos sobre la espalda la responsabilidad de todo y vivir angustiados por ello. La culpa puede ser desadaptativa por exceso o por defecto, pero siempre hay un denominador común: una distorsión de cómo vemos e interpretamos la situación.

Venimos de una educación en la que hemos sido llamados pecadores incluso antes de nacer, nos hemos golpeado en el pecho nuestras culpas, hemos visto como pegaban y llamaban mala a una mesa por habernos tropezado con ella y todavía nos extrañamos de que la culpa campe por nuestro psiquismo a sus anchas, intentando buscar la “mesa” a la que llamar mala.

De este modo, la culpa en forma insana puede aparecer:

  • En formato sufrimiento: interiorizándola, sintiéndonos culpables o inocentes, mártires, víctimas, destinatarios de simpatías, pequeños, débiles…
  • En formato manipulador: obedece y sé bueno, haz esto o sino…, quiéreme o sino…, El marketing, los gobiernos, las religiones, los educadores, en definitiva los mecanismos de poder, explícita o implícitamente, la han usado a lo largo de todos los tiempos.
  • En formato «esto no va conmigo»: enmascarando el remordimiento y el malestar sin afrontamiento, sin asumir responsabilidades ni reparar daños, auto-engañándonos con que yo no hago nada malo.
  • En formato «proyectando fuera»: esto no va bien y alguien tiene que tener la culpa porque no debería ser así.

Y podemos quedarnos eternamente ahí, en la inconsciencia, en el “balones fuera” o en el “pobre de mí” o podemos movernos hacia su gestión sana:

  • Identificando qué conducta o pensamientos hacen que aparezca el sentimiento de culpa y los remordimientos. Reconociendo los pensamientos negativos, aceptándolos como parte de lo que somos en este momento, pero teniendo en cuenta que son pensamientos, no realidades. Habrá que cuestionarlos.
  • Tomando conciencia realista de nuestra responsabilidad y la de otros en lo sucedido. Buscando soluciones que reparen, comprometiéndonos a generar cambios soltando el pasado y mirando hacia delante.
  • Cultivando la humildad, descansar en el no sé cómo deberían ser las cosas. Abrazando y aceptando nuestros errores, siendo más compasivos con nosotros mismos y con los demás. Asumir el error, la imperfección y el fracaso como parte inevitable de la experiencia humana pero sin rebozarnos en el lodo.
  • Comprendiendo que lo hicimos/hicieron lo mejor que pudimos/pudieron con el nivel de consciencia de ese momento y que desconocemos por completo las historias que hay detrás de aquellos que no actúan como nosotros creemos que deberían actuar.
  • Aceptando el mundo tal y como es más allá de cómo nos gustaría que fuera,-a pesar de que no estemos de acuerdo, no nos guste, o no nos parezca justo-, pero actuando para ser la mejor versión de nosotros mismos y ser materia prima de calidad para ese nuevo mundo.
  • Siendo auténticos y cultivando nuestros valores y principios de manera honesta, no dejándonos influenciar por los “chantajes” de otros (personas, instituciones, empresas…). Ser yo el cambio que quiero ver.
  • Eligiendo no culpar, ni a nosotros ni a otros. Responsabilidad y reparación individual en su justa medida.
  • Comprendiendo de qué va la vida, que todo tiene un “para qué” más allá de lo evidente, y que no seamos capaces de verlo en estos momentos no quiere decir que no exista. Comprendiendo que todo está interrelacionado, que todas las acciones previas nos han llevado a lo que hay ahora, y que todo lo que hagamos ahora nos llevará al futuro que construyamos.

La próxima vez que la culpa asome bien hacia dentro o hacia fuera, tendremos una nueva oportunidad de entrenar nuestra atención, nuestra acción, nuestra consciencia hacia nuestros errores y nuestra comprensión hacia los de los demás.

¿Ser o no ser? ¿Esa es la cuestión?

Imagen: Rony Michaud  en Pixabay

La pregunta: ¿ser o no ser?, puede ser uno de los cuestionamientos existenciales más famosos: vivir enfrentándonos a circunstancias vitales calamitosas o morir y “aparentemente” acabar con todo. Las preguntas trascendentes sobre la existencia han acompañado desde siempre a los humanos. En Hamlet la duda que se plantea tiene que ver con la inseguridad acerca de que lo que pueda venir después de la muerte, es decir, que huir de la vida quizás no sea mejor que las circunstancias que estemos sufriendo, así que igual más vale seguir “aguantando”.

¿Tiene sentido la vida? ¿Qué pasa después? ¿Quién soy? ¿De dónde vengo? ¿Dónde voy? ¿Cuestiones solo para filósofos?  ¿Espiritualidad? A veces el día a día nos come, nos parece que no hay tiempo para estos temas y la sociedad de consumo voraz no invita demasiado a la introspección. En ocasiones, la asociación con la religión nos puede hacer huir de preguntas profundas. Durante muchos siglos las religiones han podido ser – o pueden seguir siéndolo en algunas culturas- el poder dominante, infligiendo numerosas barbaridades en nombre de su “dios”, cada una asegurando que el suyo es el bueno, claro.  Y desde un punto de vista estrecho, considerando herejes a todos aquellos que cuestionen sus preceptos y extendiendo su poder a todo ámbito de conocimiento.

Este legado religioso ancestral junto con posibles experiencias traumáticas de una educación mal entendida, han podido contribuir a que en la construcción de nuestra identidad queramos distanciarnos lo más posible de la versión mística y nos coloquemos en el otro lado del péndulo, el de la razón, la erudición, el cientifismo y el materialismo extremo, considerándolos nuestra nueva “religión” y por tanto el nuevo poder que consideraría herejes a todos los que no lo sigan al pie de la letra.

Independientemente del lado del péndulo en el que nos coloquemos estaremos relegando el lado contrario a nuestra sombra, y no por eso desaparecerá, tomará diferentes formas en nuestra vida y no será fácil encontrar una existencia equilibrada y serena en ninguno de los extremos.

¿Cómo podemos ir entonces a ese punto medio en el que parecen estar las tonalidades más felices de la vida? La escala de grises puede tener que ver con descansar en el «no sé», con ver más allá de las apariencias, con cuestionar el «status quo» es decir, con revisar algunas de nuestras creencias:

  • Creer que solo existe lo que se puede apreciar con los sentidos. Si echamos un vistazo a la historia constataremos como gracias a la tecnología hemos ido siendo capaces de ver mucho más que lo que ven nuestros ojos, lo que nos tiene que invitar a ser humildes en lo que nos falta por descubrir, o en lo que quizás nunca demostremos por nuestras limitaciones humanas y que, sin embargo, seguirá estando ahí, como lo estaba aquello que antes no veíamos.
  • Creer que somos los reyes del planeta.  Es decir, creer que tenemos derechos sobre el resto de los animales, la flora o el agua. No nos viene mal de vez en cuando ubicarnos como un bichito más de la naturaleza a la que necesitamos y maltratamos como si no dependiéramos totalmente de ella y  que de seguir así en un futuro próximo prescindirá de nuestra presencia a través de virus… o de lo que haga falta.
  • Creer que somos solo un cuerpo. ¿Un robotito formado por partes sin conexión entre sí? Pensemos en esas veces que un estado de ánimo afectó a nuestra salud, por ejemplo, aquella época de estrés o cuando ese disgusto nos bajó las defensas… o aquella época en la que teníamos la motivación tan alta que nada nos paraba.
  • Creer que hemos venido a madrugar, trabajar, comer, ver la tele, dormir y así sucesivamente hasta la muerte. Tenemos un cerebro programado para la supervivencia, pero si salimos de la inercia del piloto automático nos daremos cuenta de que podemos disfrutar de cada instante de una manera plena y experimentaremos la maravilla que es estar vivos en este planeta.
  • Creer que somos cuerpos humanos, algunos de ellos espirituales, en lugar de sabernos seres espirituales en una experiencia humana. Cuando renegamos de nuestra esencia espiritual, porque no encaja con la identidad que queremos construir, porque no es racional – es decir “inteligente”-, porque lo asociamos a los curas o monjas que no nos gustó como lo hicieron o por la razón que sea, inconscientemente estamos negando lo que realmente somos, nos alejamos de nuestra verdadera identidad y por mucho que lo hagamos no dejaremos de ser seres espirituales, solo que desconectados de nuestra esencia.

Tenemos un vehículo, un cuerpo, que tiene emociones, que tiene pensamientos, pero podemos observar todo eso desde una conciencia más amplia. Solo cuando nos dejamos de identificar con lo pequeño, nos damos cuenta de esa grandeza que somos. Y ser espiritual no es ponernos una túnica y cantar mantras, ser espiritual es ser conscientes y saber que hemos venido a tener una aventura humana para sentir, disfrutar, aprender, amar y vivir la vida en todo su esplendor.

La vida tratará de que nos demos cuenta de una forma u otra, querrá que recordemos lo que somos, que evolucionemos y superemos nuestra pequeñez y nos lo intentará mostrar con nuestros sucesos vitales. Podemos ignorarlo, evidentemente, y seguir “peleando”, resistiendo y sufriendo, o podemos ampliar la mirada y pasar al “Ser o Ser”, porque siempre somos, porque hagamos lo que hagamos somos,  y del mismo modo que la ola más allá de su forma sigue siendo mar, o la gota sigue siendo agua, nosotros más allá de nuestro cuerpo físico seguiremos siendo, por lo que «no ser» no solucionará nuestras calamidades terrenales.

Imagen: Manuela Milani en Pixabay

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Quién te crees que eres

¿Dónde me duele la vida?

Mientras más fuerte es el Ego, mayor es la probabilidad de que la persona piense que la fuente principal de sus problemas son los demás. Eckart Tolle

El viaje de la vida no es una travesía sencilla. Puede haber grandes baches, túneles oscuros y obstáculos, pero también subidas a pequeñas cimas y todo ello con diferentes meteorologías. A veces se avanza, parece que hace sol y de repente aparece una tormenta y te pillas en las mismas reacciones o situaciones de siempre.

El caso es que nos cuesta reconocernos en lo de fuera. Cuando las cosas van mal, cuanto más en el ego estemos más pensaremos que el problema tiene que ver con los demás. Cuanto más desconectados de lo que realmente somos estemos, menos capaces seremos de traducir el mensaje de lo que ocurre. Es fácil y humano pensar que las cosas van «mal» porque el gobierno hace esto o lo otro,  porque mi empresa tal o cual, mi salud es precaria, no tengo dinero, mi pareja no me entiende, mis hijos no son como yo quiero que sean, o la «gente» es esto o lo otro . Nuestra mente ha sido diseñada para ello: pensamiento incesante y en un alto porcentaje relacionado con criticar, recriminar, rumiar pasado o adivinar futuros…. En nuestro cerebro se van grabando circuitos neuronales con las creencias de cómo deberían ser las cosas y cuándo la realidad no se ajusta pienso que la realidad se equivoca.

Pero la realidad nunca se equivoca, la realidad es.  Y que sea no quiere decir que me guste, que me parezca justa o que esté de acuerdo, pero el tema es que es. La vida se expresa a través de lo nos ocurre fuera, se “materializa” en la realidad que vemos cómo forma de decirnos dónde enfocar nuestro trabajo personal. Y además lo hace insistentemente, de ahí que se nos repitan situaciones de pareja, trabajo, salud, económicas, etc. Ya lo decía Carl Jung  con su «a lo que te resistes persiste».

Nos distraemos cuando en lugar de ocuparnos de nuestros “dolores” nos enfocamos en los de otros. El mundo nos parece que está fatal porque los humanos que lo ocupan están fatal, pero pretender que el mundo cambie sin mi aportación no parece realista. El sesgo de correspondencia es un atajo cerebral defensivo que solo tiene en cuenta el contexto para justificar una acción propia. Un ejemplo de este verano: en una parada de autobús veo como dos mujeres hablan sobre covid, con la mascarilla bajada y fumando, y critican la situación de rebrotes porque los jóvenes no se toman en serio llevar la mascarilla. Incluso cuando apagan su cigarro siguen con la mascarilla bajada porque «hace calor y me ahogo».

Y ampliando el ejemplo podemos reconocernos en criticar el cambio climático por lo que hacen otros ; podemos decir a un hijo que  no grite gritando, o que no beba bebiendo…  Y ya se ha dicho toda la vida: nos resulta fácil ver la paja en el ojo ajeno… y así escapamos de resolver lo nuestro.

La vida nos duele en diferentes áreas y la mala suerte o las acciones de otros suelen ser las agraciadas con la responsabilidad, pero en el viaje hacia la madurez humana toca ver qué hago con mi túnel particular: ¿una enfermedad?, ¿un trabajo que no llena?, ¿un jefe o jefa déspota?, ¿problemas económicos?, ¿conflictos de pareja, hijos, familia, colega…?, ¿insatisfacción vital?

En la maleta de viaje hacia una mayor conciencia debemos incluir:

  • Atención: solo desde una mirada atenta podremos ver qué nos dice la vida a través de lo que nos ocurre y enfocarnos a ello, no despistarnos con lo de otros. Cuando tú cambias todo cambia y no se trata de grandes hazañas… cada pequeño pasito cuenta. Empieza por observar qué hay y qué estás haciendo con lo que hay.
  • Humildad: cuando creo que sé dejo de aprender. Cuando me cierro a nuevas perspectivas solo porque no cuadran con lo que mi mente egoica dice, estoy perdiendo la oportunidad de evolucionar. Ese ego ha sido condicionado por siglos de pensamiento y mucho contenido ya no tiene ningún sentido.
  • Valentía: seguir en un camino criticado por aquellos que no quieren tomarlo  requiere valor para no sucumbir a presiones de lo establecido. Qué los miedos de los demás no te contagien.
  • Sin olvidar incluir flexibilidad, paciencia, confianza, honestidad, decisión… un poco de locura y sentido del humor y mucho amor, hacia ti mismo/a y hacia los demás. En cada momento todos hacemos lo que podemos con el nivel de conciencia que tenemos, y perdonarnos y perdonar se hacen imprescindibles para no intoxicarnos con el veneno del resentimiento y la culpa.

La vida es una escuela y las lecciones que cada uno venimos a aprender son diferentes. El estudiante de biología no compara sus libros con el estudiante de filología inglesa.  Saben que cada uno tiene unas asignaturas que superar y se enfocan a ello. ¿Tienes identificada tu asignatura? Alguna pista:

  • Salir del control, el perfeccionismo y la rigidez
  • Poner límites, saber pedir, quererte
  • Soltar el qué dirán y la preocupación por la imagen
  • Ser uno mismo y seguir un camino diferente al establecido
  • Practicar la generosidad y el desapego material
  • Superar miedos
  • Dejar de malgastar dinero y energía en narcotizarte con lo externo para volver la mirada hacia dentro
  • Respetar al planeta y a todos los seres que lo habitan
  • Abrirte a la diferencia para construir en la cooperación y no desde el individualismo
  • Salir del «sofá» y poner en marcha de una vez tus talentos

Hay tantas asignaturas como personas, pero también hay algunas que podemos considerar troncales en la carrera de la vida:

  • Encontrar el propósito vital
  • Ser felices independiente de lo que pase fuera
  • Aprender a amar todo como parte de nuestro camino y de  lo que hemos venido a hacer

Enfoquémonos en nuestras lecciones de vida, son únicas y especialmente diseñadas para nuestra evolución. Nuestros “dolores de vida”, esa crisis o ese túnel que parecen no tener salida, pueden ser la puerta de entrada hacia una vida más plena… si sabemos ver el mensaje que traen.

Lidiar con la incertidumbre

Todos los días haz algo que te dé miedo. Eleanor Roosevelt

El pasado miércoles 17 de Junio tuvimos el primer taller presencial en el Grupo Prema tras el confinamiento por el covid-19. Aunque con aforo limitado, por fin pudimos sentir esa energía que se genera con el grupo en lo presencial. Hemos estado en contacto virtual durante el confinamiento y nos ha venido bien, pero es la conexión y la presencia con el otro lo que realmente nos nutre y enriquece.

Y el tema elegido para este nuevo comienzo no podía ser otro que la incertidumbre, esa compañera de viaje que nos acompaña constantemente en nuestro caminar vital y ahora más si cabe por las circunstancias que rodean esta crisis. Y sin embargo, más allá del miedo puede estar nuestra vida mejor.

En la sesión reflexionamos sobre la búsqueda perpetua de una seguridad y control ilusorios como parte del adn humano. Salimos de lo mental para comprender la incertidumbre a un nivel más transpersonal, lo que nos ayuda a instalarnos en la confianza y sentir la vida como la escuela que es.

Practicamos a través del cuerpo, de la respiración, del movimiento y de la meditación para generar ese sosiego mental que nos permite conectar con nuestra esencia.

En este vídeo Javier Prieto y yo charlamos sobre el tema…

Ya estamos pensando en el nuevo curso así que si tienes interés en asistir a los talleres de bienestar reserva tu plaza cuanto antes porque tendremos menos. Mientras tanto ¡disfruta del verano!

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Canas, creencias y comprensión

“He cuidado atentamente de no burlarme de las acciones humanas, no deplorarlas, ni detestarlas, sino entenderlas” Baruch Spinoza

Hace ya bastante tiempo que tenía en mente ir hacia mi pelo natural, es decir, dejarme las canas que por genética y edad me tocan. El punto de inflexión fue junio del año pasado, al compartir habitación y diez días de riguroso silencio con un maravilloso grupo de mujeres, muchas de ellas con canas. Mi mirada hacia el pelo blanco mutó en esos días de contemplación. De verlas como un desconchón a pintar cuanto antes, a verlas bellas. Así que entre las muchas cosas que se despertaron esos días, surgió la decisión, intrascendente en apariencia, pero vistas las reacciones que suscitó igual no tanto.

Así, cuando de vuelta a la rutina tras el retiro comentaba mi “intención” entre mi círculo de amigos/familia, recibía frases que -medio en broma, medio en serio- sugerían desechar la idea:

  • Ni se te ocurra, todavía es pronto
  • Te vas a echar 10 años encima
  • Vas a parecer una dejada
  • Hay que cuidarse
  • Entonces tendrás que llevar el pelo muy corto
  • Si haces eso, no digas que eres de mi edad

Lo curioso es que a veces estos comentarios venían de hombres con canas y si les preguntabas el porqué ellos no se teñían, la respuesta era unánime: “los hombres es distinto”. Es verdad. A los señores de cierta edad con canas solo se les critica si se tiñen.

Entonces, ¿qué hay detrás de estos comentarios “bienintencionados”?

En primer lugar, un buen puñadito de creencias:

  • En particular, sobre lo que un hombre o una mujer es “correcto” que hagan o dejen de hacer, y en general, sobre lo que está aceptado socialmente como apropiado en este instante de la historia.
  • Sobre la necesidad de no mostrar aquellos signos que puedan dar pistas sobre la edad cronológica. Lo «antiedad» vende.
  • Sobre que “cuidarse” muchas veces tiene más que ver con la apariencia externa que con el interior y en consecuencia, sobre el valor que se da a la imagen y al qué dirán.

En segundo lugar, un miedo atroz a envejecer y seguramente, si escarbamos un poquito más, a la muerte.

Las creencias, nuestro mapa mental, dominan nuestra vida. No solemos ser muy conscientes, pero como dice el dicho: “cuando Juan habla de Pedro, dice más de Juan que de Pedro”. Cada juicio que hacemos habla de nuestra personalidad construida, de ese personaje o ego, de la máscara con la que salimos al mundo. Si estamos en la inconsciencia, en la identificación absoluta con el personaje, podemos tomarnos una creencia que no esté en nuestra base de datos como una afrenta personal, como un fallo del sistema que debe subsanarse cuanto antes y borrarse de esas bases de datos que nos intentan decir otra cosa.

Y saliendo del banal ejemplo de las canas llevémoslo a la vida. Cada vez que alguien exprese una opinión que no coincide con las de tu base de datos o seas tú el que emitas un juicio ante algo que tú no harías, observa tu sentir, párate un momento y respira conscientemente.  A veces un instante es suficiente para darnos cuenta de que detrás de esa opinión están nuestras creencias, deberías, exigencias, miedos, conflictos y sufrimiento no resueltos. A menudo desconocemos lo qué hay detrás de nuestros temas y  mucho más lo que hay más allá de opiniones, emociones o acciones/reacciones ajenas, pero ese juicio que lanzamos habla del software que tenemos instalado, de las gafas con las que vemos el mundo.

Alumbrar nuestro miedo, nuestra vulnerabilidad, reconocerlos y aceptarlos, nos ayudará a atravesarlos y a conectar con nuestra fortaleza interior. En ese momento actuaremos libres, en conexión con nuestro Ser, desde nuestra impertubable paz interior. Ser capaz de entender el miedo y el sufrimiento del otro nos permitirá dejar de ver ofensas hacia nuestra base de datos y salir al mundo desde el amor que somos. Y quizás, solo quizás, si nos abrimos a lo nuevo, si relajamos nuestra mirada, podemos soltar algunas de esas creencias que nos limitan y aligerar nuestra maleta mental para seguir hacia adelante en el viaje de la vida.

Te dejo un par de imágenes de mi look actual :-)… Y echa un vistazo a otros looks canosos aquí ¿Qué te sugieren?

Imágenes: Sara Jmz. de Aberásturi