¡Gracias!

¡Un nuevo final de curso!  Que llega con el innegable cansancio físico y mental acumulado, pero que sin duda se compensa con la satisfacción y con esos mensajitos tan gratificantes que llegan de asistentes:

  • Una madre que te dice: ”gracias de corazón porque veo mejor a mi hija”…
  • Los “tus clases me han ayudado a estar mejor”…

Pues yo también os doy las gracias. Gracias por esas gracias, por hacerme saber que os ayuda, pero sobre todo por estar ahí en cada sesión, por vuestra voluntad de aprender, de estar presentes, de ser vuestra mejor versión… y  por todo lo que me enseñáis y trasmitís, por estimularme y motivarme para seguir apostando por entrenar esa capacidad que los seres humanos tenemos de vivir más conscientemente y, en consecuencia, mejor.   Gracias por querer crecer, porque vuestro entorno crecerá y en consecuencia todos lo haremos. Gracias a todos los que este curso habéis confiado en mí.

Tras el verano volveré con la cuarta edición del taller de bienestar de los lunes para todo el que busque indagar en sí mismo, autoconocerse y comenzar ese viaje hacia la esencia, con la segunda edición del taller de los miércoles para continuar ese viaje interior, y con lo que surja…

El grupo Prema ofrece otras actividades que también incluyo por si estás planteándote cara al próximo curso comenzar alguna. Las inscripciones están abiertas y algunos grupos ya se han llenado.

¡¡Feliz y consciente verano!!

S.N. Goenka y el camino de la liberación

Conócete a ti mismo y conocerás el universo. Inscripción en el templo de Apolo, Delfos

Los últimos diez días he disfrutado de un curso de meditación Vipassana en Dhamma-Sacca, Candeleda, Avila.  Diez días de silencio, sin tecnología, sin libros, sin escribir, sin música, con muchas horas de cojín… y sí, lo he disfrutado, y mucho.  Y no solo por la vivencia que siempre supone retirarse de la rutina, sino también por el aprendizaje que te traes después a casa.

Hace un tiempo tuvo cierta difusión un twit cuya procedencia original ignoro, pero que me hizo gracia:

Si tomarse un café sin hablar o sin mirar el móvil ya puede resultar extraño, salir de la circulación diez días para meditar desde las 4 y media de la mañana hasta las 9 de la noche, no quiero imaginar qué psicopatología le podría sugerir. Cuando estás sumido en la vorágine del día a día de trabajo, compras, gestiones, vida social, etc  y piensas en parar, te imaginas en la hamaca, el chiringuito o en lo que para ti sea el ideal de “desconexión”, pero pensar en 10 días sin hablar con nadie, sin móvil, madrugando para sentarse en un cojín puede sonar a locura sí…

Cuando se acaba la estimulación externa y las conversaciones son un eco lejano, ya no hay whatsapps, mails o notificaciones varias para distraerse, cuando solo quedas tú con tus pensamientos, es hora de enfrentarse a lo que hay dentro.  A los seres humanos nos ha gustado mucho siempre mirar fuera, de hecho a veces parece que preferimos el estudio de galaxias lejanas que el de nuestro propio interior, pero os aseguro que el viaje a la mente profunda es apasionante.

Los primeros días se trabaja la atención a la respiración. Enseguida notas como se agudiza, como empiezan a despertarse los sentidos, hueles más, la comida te sabe más, escuchas y miras la naturaleza de otra forma… y por supuesto te duele todo más. Las sentadas son largas y las piernas y espaldas se resienten.  Como aquella princesa que notaba el guisante debajo de los colchones puedes llegar a notar una mini costura clavándose en tu trasero como un cuchillo, las rodillas en pliegue dolor máximo, las piernas en modo trombosis y la espalda mostrándote todos los sitios donde puede doler.  Y empieza la fiesta de los pensamientos y juicios …

Paciencia, ecuanimidad, confianza, aceptación, dejar ir… Hora de practicar la teoría y de verificarla… Cuando mantienes una atención ecuánime observas la impermanencia de todo, de esas sensaciones desagradables y también de las agradables. El entrenamiento en no apegarte a nada y en no huir de nada fortalecerá la forma de enfrentarte a la práctica, procurándote esa tranquilidad que supone ver  que «eso» que hace un minuto era insoportable, ya no está. Y no se trata de un «aguantar a que se pase», sino de convivir, de observar, de aceptar…

Ilustración de Ardiluzu

El cuarto día comienza la práctica de Vipassana. La atención se dirige al cuerpo de manera ordenada y se despliegan diferentes sensaciones, unas sutiles, otras intensas, unas agradables, otras no tanto… de nuevo la importancia de no generar negatividad en la mente con lo que debo o no debo sentir, con cómo debería ser este momento y entrenar la capacidad de verlo tal y como es, en paz y armonía con independencia de lo que esté ocurriendo.

Y esto no aplica solo a los ratos de cojín, sino también a los de la habitación compartida con otras cinco supuestas “locas”, a los de las duchas, los del comedor y por supuesto y sobre todo… a la vuelta a la vida.

Aprender a mantener el equilibrio ante lo que suceda, desarrollando ese desapego que no tiene nada que ver con el escapismo o la indiferencia, sino con una mente compasiva que actúa sin agitación, nos ayuda a liberarnos del sufrimiento que la contaminación mental nos produce, pero no de una manera teórica, sino experimentando como la mente interviene en el cuerpo y viceversa.

La limpieza general de la cocina, la cortinas o el trastero están genial… pero una limpieza mental es una experiencia que debe vivirse para comprenderse. Observar la realidad tal y como es, observando la verdad interior, es conocerse a uno mismo directamente a través de la experiencia. Y es en ese momento cuando lo que parece locura… es la vida que llevamos.

Grata sorpresa el número de gente joven asistiendo a este curso y agradecimiento profundo a los profesores, a las servidoras y servidores, y a todo lo que ha hecho posible que haya pasado por esta vivencia estos días, empezando por el Dr. Juan Carlos Vicente que fue quién me animó a hacerlo.

S. N. Goenka (1924-2013) maestro de meditación Vipassana en la tradición de Sayagyi U Ba Khin, comenzó a enseñar esta técnica en la India y con el tiempo extendió sus enseñanzas a otros lugares de Oriente y Occidente. Es una de las técnicas de meditación más antiguas de la India, se enseñaba hace más de 2500 años como una cura universal para problemas universales, es decir, como un arte, el Arte de Vivir.

Aprendiendo a soltar

No puedes salir de la prisión mental a menos que seas consciente de que estás preso.

Recién llegada de las jornadas de Psicología Transpersonal celebradas en Tudela, este año con la temática “Aprender a soltar”, saboreo esa agradable sensación de resonancia con lo escuchado y la sonrisa interior que aparece en consecuencia.

Soltar… lo viejo, lo que no está en sintonía con nuestro ser, lo que nos hace sufrir… Pensamos en soltar como sinónimo de dejar ir, y a veces lo confundimos con no enfrentarnos con lo que sucede, no sostenerlo o no abrirnos a la experiencia en todo su esplendor.

Pero soltar tiene mucho que más que ver con comprender, con no aferrarnos a lo que creemos que somos, con soltar el ego o personalidad construida para darnos cuenta de que después de hacerlo seguimos siendo…

El antropólogo Josep María Fericgla nos presenta la foto de una sociedad actual emocionalmente inestable, en la multitarea superficial, en la cultura de la insustancialidad y del dopaje…  Atados al trabajo, a las obligaciones sociales, al territorio, a la hipoteca, al consumismo… Somos sujetos atados que miran hacia afuera. Aboga por recuperar los ritos iniciáticos para soltar la estructura egoica y renacer a la transformación profunda.

Dokushô Villalba, maestro zen español, nos recuerda que vivimos soñando, atrapados en percepciones subjetivas, apegados y aferrados a realidades que nos creemos como buenas… Pero todo es impermanente, todo cambia cada momento con lo que: ¿qué realidad es la mejor? La mía claro, pero ¿cuál? ¿La que veía con 20, 30 o 40 años? Cuando no nos damos cuenta de la impermanencia de todo, sufrimos. Cuando nos apegamos a una situación agradable o rechazamos otra que no nos gusta, sufrimos. Soltar es abrirse a lo venga, es aceptación real, no resignación, es paz, es dejar de luchar con lo que hay.

La psicóloga transpersonal Débora Diógenes nos ayuda a reflexionar sobre nuestras armaduras, sobre la prisión que en ocasiones constituye nuestra imagen construida, nuestras expectativas o las de nuestros sistemas y como nos resistimos a la transformación por el miedo a lo desconocido, a la muerte, a perder nuestra identidad…

Mi querido Enrique Martínez Lozano, psicoterapeuta, sociólogo y teólogo, nos acompaña en el camino de la confianza, elemento imprescindible en el soltar. Nos ayuda a entender lo contraintuitivo del soltar… estamos apegados al control y a la seguridad, tenemos una necesidad humana irrenunciable, pero la estamos poniendo en el lugar erróneo: padres, trabajo, estudios, títulos, creencias… La seguridad no está fuera, esa seguridad es ilusoria… y nos conduce a la resistencia, al control, a la reactividad… y en consecuencia al sufrimiento. La vida es un soltar constante, podemos resistirnos, resignarnos o movilizarnos a través de la aceptación, pero la clave sobre todo está en la comprensión de lo que somos, en salir de la identificación con la mente, del ego, que nos impide soltar porque vería amenazada su existencia.

La Dra. Matilde de Torres nos plantea las siguientes preguntas: ¿Por qué tenemos que aprender a soltar? ¿Cuándo dejamos de saber hacerlo? De nuevo la mirada hacia afuera nos da la pista. Sabemos y comprendemos que vamos a morir, pero no vivimos de acuerdo con eso, nos apegamos a las cosas materiales en lugar de dirigir la mirada hacia el interior y contribuir a la verdadera autorrealización. No podemos soltar lo que creemos que somos. Si creo que soy mis posesiones, no las suelto, si creo que soy mi mente y sus creencias, no las suelto. Pero el crecimiento es soltar, a veces por discernimiento pero la mayor parte de las veces por saturación de sufrimiento. Soltar es rendirse a lo que es y confiar, vivir lo que surja en mi vida evitando las resistencias, lo que no quiere decir estar de acuerdo o que sea justo lo que me ocurre, quiere decir entender qué hay detrás, qué aprendizaje conlleva y actuar en consecuencia.

Por último, la psicóloga Charo Cuenca nos aporta la visión sistémica del soltar. Nacer es soltar… soltar una zona confortable, atravesar un angustioso túnel y llegar a una zona nueva.  Y la vida, crecer, será un continuo soltar, atravesar túneles y llegar a lo nuevo que será más o menos agradable. Podemos resistirnos e intentar quedarnos en ese útero confortable, pero la vida no nos va a dejar, nos empujará de una manera o de otra.  El ego no quiere crecer, se resiste, le gusta el control y la seguridad, tratará de que no vayas, surgirán miedos… Pero la vida tiende al crecimiento.  Esta mirada sistémica puede dar luz a patrones familiares desordenados, a la ruptura de las leyes de pertenencia, jerarquía o compensación de Hellinger, a esos roles que desempeñamos y no nos corresponden, para dejar de mantenerlos, para soltarlos y dirigirnos hacia nuestro lugar adulto y consciente.

Meditar, el sentarse para sentirse, la atención para darnos cuenta, la respiración para espirar lo inspirado, la relajación para dejar de hacer… Ayudas concretas en el camino del soltar lo que antes hemos tomado. Cada uno de los ponentes daría para mucho más, resueno y vibro con ellos y escucharles ha sido un maravilloso chute de energía para seguir en el camino del soltar, del crecer y de la expansión de la consciencia que soy.

Mención especial a mis amigos Rocío y Txutxín, por su siempre amable hospitalidad y por su acompañamiento estos días,  a Román Gonzalvo de la Asociación Transpersonal Iberoamericana y a todos los que hacen posible este tipo de encuentros.

Con Enrique y Matilde en el Teatro Gaztanbide:

Con Rocío y Txutxín en Los Fayos:

El malestar en el bienestar

Imágenes: Inés Núñez

La felicidad no es una estación a la que llegas, sino una manera de viajar. Margaret Lee Runbeck

Los seres humanos venimos programados de serie para la supervivencia. Nuestras mentes intentan protegernos llevándonos al pasado para recordar lo que sucedió y no se debería repetir, y al futuro para prevenir posibles males que estén por venir.  Solemos estar acomodados en esta tendencia innata y si vivimos en el piloto automático es muy posible que dejemos de habitar el presente como norma general.

Y sin embargo en la atención al momento presente podemos estar mucho más felices que en el desánimo por un pasado que no volverá o en la angustia por un futuro incierto. Ya nos lo dice Javier García Campayo en este artículo sobre la felicidad de estar atentos.   El trabajo con mindfulness, con la meditación, con el yoga y la respiración, nos permite potenciar esa habilidad de estar presentes en una sociedad inatenta absorbida por la tecnología, el estrés y las prisas. Cultivar la atención nos ayuda a oler, ver, escuchar, saborear, tocar… a disfrutar de lo pequeño y no perdernos la vida divagando, a conectar con nuestra sabiduría interior, con nuestra intuición y en resumen a vivir una vida más plena.

Lo que no quiere decir que todo sea un camino de rosas… 

  • A veces cuesta parar. Lo de cerrar los ojos y estar en quietud en la meditación puede ser una tortura para algunas personas al principio y nos puede desanimar. La mente errante nos distrae continuamente y aunque es lo normal y se trata precisamente de darnos cuenta de eso, nos da la sensación de que «no nos sale». Conviene empezar con ratos pequeños que nos permitan terminar con ganas de más. La práctica informal también es una buena manera de practicar la atención en movimiento en las tareas cotidianas.
  • Si además practicas yoga, algunas posturas pueden costar, ser incómodas, recordarnos nuestras numerosas limitaciones… lo que es muy parecido a la vida. Puedes instalarte en lo que sale mal, en el malestar y la incomodidad… o puedes intentar poner todo lo posible de tu parte, aceptando y soltando la tensión y el control por el resultado.
  • Mirar hacia adentro puede devolvernos sensaciones desagradables. Vivimos en la capa de protección y para llegar a nuestro ser esencial hay que atravesar la capa de vulnerabilidad. Nuestro niño interior herido nos conecta con emociones que en ocasiones hemos de acoger y respirar…

Pero todo ello es Vida.  Buscar una ilusoria sensación de bienestar perpetuo no es realista. Cada día ocurren situaciones que nos perturban, problemas con los que lidiar, conflictos que resolver, fracasos, esfuerzos sin recompensa aparente, enfermedades y un largo etcétera de piedras en este camino de vida, que pueden ser un calvario o formar parte de la escalera de tu crecimiento.

El marketing de la felicidad a veces nos confunde…  Ser felices no es estar siempre alegres, no tener problemas,  pasar de ellos o ser optimista a jornada completa. Se puede ser feliz y estar triste, llorar, tener malos momentos, estar enfermo, enfadarse, sentir dolor o gritar. El trasfondo tiene más que ver con la aceptación, con la serenidad, con saber de la impermanencia de las cosas, con el “esto también pasará”, con una visión “¿para qué?” por encima de la visión “¿por qué a mí?”.  Tiene que ver con permitir, con acoger, con sostener, con abrazar lo que se presente con paciencia, intentando abrirse a la experiencia y ver un aprendizaje detrás de ese mal momento. Pero sobre todo tiene que ver con comprender quiénes somos de verdad, con dejar de identificarnos con el ego, que puede sufrir, estar enfermo o sin trabajo, pero que no es nuestra naturaleza esencial. Tiene que ver con saborear cada momento «siendo«, en lugar de pensando.

Permitir el malestar es parte de la vida. Abrazarlo con amabilidad es parte del bienestar.

Para saber más:

  • Gawdat, M. (2018) El Algoritmo de la Felicidad. Madrid: Zenith
  • Krishnananda (2016) De la Codependencia a la Libertad. Cara a cara con el miedo. Madrid: Gaia.
  • Lozano, E. (2016) La Dicha de Ser. No-dualidad y vida cotidiana. Bilbao: Desclée de Brouwer.
  • Rovira, A. (2003) La Brújula Interior. Barcelona: Ediciones Urano

Las autoridades sanitarias deberían advertir que el control y el perfeccionismo son perjudiciales para la salud

Diseño imagen: Angel López de Luzuriaga @ardiluzu

Los órganos lloran las lágrimas que los ojos se niegan a derramar
– Sir William Osler –

Los mensajes de las cajetillas de tabaco se han ido recrudeciendo con el tiempo.  De la nada se fue evolucionando a un “Fumar puede ser perjudicial para la salud”, para terminar en un “Fumar mata” con fotos escalofriantes de enfermedades asociadas.

Ya nadie duda de que envenenarse con sustancias tóxicas diversas es más que malo para la salud, sin embargo no siempre somos tan conscientes de lo perjudiciales que pueden resultar ciertos rasgos de personalidad y comportamientos aprendidos para nuestro bienestar.

Durante estas últimas semanas venimos trabajando en clase cómo podemos fortalecer nuestra salud, qué podemos hacer para ayudar a reequilibrar nuestro organismo cuando falla, cómo prestar atención sabia a los síntomas, convivir con el dolor o entender el componente emocional asociado… y sobre todo cómo darnos cuenta de que somos parte implicada en nuestra salud. Y siempre que sale este tema, es interesante escuchar las reacciones de los participantes: en algunos casos testimonios de enfermedad asociada a estrés o a personalidades controladoras y perfeccionistas, y en otros casos enfados tipo «encima será culpa mía».

Soy muy fan del modelo de pedagogía del dolor que la medicina mente-cuerpo defiende: nuestro cerebro no es infalible, en ocasiones percibe estímulos neutros como amenazas y pone en marcha impulsos nerviosos dolorosos como protección. Arturo Goicoechea, Lorimer Moseley, John Sarno, George Oldfield… Son muchos los autores que trabajan con este modelo, y algunos de ellos introducen además el factor emocional o rasgos de personalidad como invitados de honor en ciertas enfermedades que conllevan dolor asociado:

  • El estrés que nos causa el tomarnos las cosas demasiado en serio
  • El perfeccionismo
  • El querer controlarlo todo
  • La ansiedad e ira reprimidas que puede haber detrás de un exceso de responsabilidad o de un «buenismo» mal entendido…

Hay todo un submundo de motivos que pueden ayudarnos a enfermar.

Seamos o no conscientes, hemos sido educados para reprimir emociones: “no llores, no es nada”, “controla ese genio”, “no tengas miedo”, y un largo etcétera de expresiones que hemos integrado y que en ocasiones seguimos usando en la educación de nuestros hijos e hijas y que nos pueden llevar a una acumulación malsana de emociones no expresadas, no gestionadas, que van colmando una taza interior que puede rebosar en forma de síntoma.

Si además somos analíticos en exceso, tenemos necesidad de tenerlo todo bajo control, somos demasiado responsables, evitamos las confrontaciones, nos cuesta pedir, decir que no, delegar o nos gusta agradar a otros como modus operandi habitual…, sin querer estamos comprando boletos para la siguiente rifa de estrés máximo, lo que nos debilitará y contribuirá a que tengamos más facilidad para enfermar.

Quedarnos en el “yo soy así qué le vamos a hacer” es una actitud habitual pero nuestro personaje es una construcción, y detrás del control y perfeccionismo podemos tener una sombría suma de inseguridad, baja autoestima y viejas emociones contenidas que podemos iluminar y reedificar con el autoconocimiento personal. Tomar distancia de nuestros pensamientos puede ser el primer paso para observar el contenido habitual de esas voces mentales:

  • ¿Deberías hacer esto o no deberías lo otro?
  • ¿Miedo e inseguridad hacia el futuro?
  • ¿Necesidad de reconocimiento continuo?
  • ¿Queja, agresividad, impaciencia…?

¿Sabes de qué va tu cháchara mental? Observarla puede ser el comienzo de tu vida mejor

Para saber más:

Butler, D.S. & Moseley, G. L., (2010) Explicando el Dolor. Australia: Noigroup Publications.

Caudill, M. (2011) Controle el dolor antes de que el dolor le controle a usted. Madrid: Paidós.

Goicoechea, A. (2009) Migraña, una pesadilla cerebral. Bilbao: Desclée de Brouwer

Maris Maruso, S (2011) El laboratorio del alma. Historias que sanan y que merecen ser contadas. Barcelona: Vergara.

Oldfield, G. (2014) Dolor crónico. La clave para tu recuperación. Madrid: Mandala Ediciones.

Pert, Candece B. (1998) Molecules of Emotion: The science behind mind body medicine. Simon and Schuster, EEUU

Sarno, J. (2013) La mente dividida. Barcelona: Editorial Sirio

Desintegrando el sufrimiento

Imagénes: Toya Pérez y María Fariñas. Modelo: Adriana Fariñas.

El sufrimiento es necesario hasta que te das cuenta de que es innecesario. Eckhart Tolle

El sufrimiento acompaña al ser humano desde el origen de los tiempos. La actualidad no es demasiado diferente. Nos creemos más evolucionados, más tecnológicos, más todo, pero seguimos sufriendo.  Somos seres vulnerables y el dolor y la muerte asoman por doquier.  Los índices de suicidios son alarmantes y el consumo de psicofármacos bate records. Nuestros cerebros diseñados para sobrevivir no dan abasto con la cantidad de peligros, injusticias y desastres que ven y cuando vivimos en la identificación con la mente es muy probable que nos demos un plus de sufrimiento.

Dolor no es igual a sufrimiento. El dolor tiene una función, pero el sufrimiento es inútil… salvo que nos ayuda a despertar y nos hace darnos cuenta de que es innecesario. El dolor nos señala donde mirar, el sufrimiento nos enreda en un dolor. Tanto si tengo daño físico o emocional dolerá, lo que a ese dolor añada mi mente será sufrimiento. Proviene de un funcionamiento mental de rechazo continuo a lo desagradable, a la aversión de todo lo que no es como debería ser según mis patrones mentales y consiste en “echar leña al fuego”, culpando, atacando, criticando, victimizando…

Las formas infructuosas de querer desprenderse del sufrimiento son múltiples: desde la narcotización con sustancias varias o el escapismo emocional, hasta la lucha sin descanso contra todo lo que no encaje con mi ideal de realidad, lucha que además de infructuosa, nos desgasta y enfada, sumiéndonos en un pozo de insatisfacción profundo y continuo.

Y ese patrón o esquema mental, ese ideal de realidad, tiene mucho que ver con el piloto automático, con creer que somos el pensador, en resumen, con vivir identificados con el ego. El ego siempre cree tener razón, siempre cree saber lo que conviene, pero cuenta con una buena cantidad de creencias que filtran lo que ocurre, pensamientos repetitivos y emociones condicionantes que se acumulan en relación y como respuesta a todo lo que hemos vivido e interpretado.  Y como además en un mundo hiperconectado es fácil encontrar apoyo en otros egos, se alimenta la sensación de “tener razón”.

Cuando nos proponemos hacer consciente este contenido mental, es cuando comenzamos a desmontar el sufrimiento que acompaña a lo que sucede.  El dolor, por mucho que intentemos evitarlo, es nuestro compañero de viaje, surge en inesperadas formas y situaciones y nuestra actitud ante el mismo nos permitirá afrontarlo de mejor o peor manera.

En el momento que se llega a un punto de saturación de sufrimiento, cuando se desvanece la infantil ilusión de control de la existencia, cuando asoma la vulnerabilidad y la dependencia humana, aparecen nuevas posibilidades para vivir la vida y enfrentarse al dolor desde otra perspectiva:

  • Liberándonos de la identificación con el ego, con ese yo construido, fuente de sufrimiento añadido que juzga, critica y etiqueta lo bueno y lo malo. Tomar distancia de esa voz y saber que no somos esa voz, sino la presencia que la observa, implicará liberarnos también de la identificación con el dolor: tenemos dolor, pero no somos ese dolor.
  • Aceptando lo que nos hace sufrir,  sin negar el problema, pero sin enfadarnos con la realidad, porque la realidad ya está aquí y no va a ser diferente por mucho que nos resistamos. Aceptar no es resignarse, ni ser pasivo, ni admitir que algo es justo, o que alguien tiene razón… aceptar es madurar, es sabiduría que permite ver en profundidad. Dice el refrán “a lo que te resistes, persiste”,  y la resistencia genera sufrimiento extra.  Para aceptar será necesario sostener y atravesar la negación, la ira, la tristeza o la incertidumbre… todo lo que aparezca en el camino hacia el reconocimiento de lo que hay.
  • Alinearnos con el momento presente. Pretender cambiar el pasado o adivinar el futuro no dejan de ser quimeras que además de hacernos sufrir nos ayudan a perdernos la vida.

El dolor nos humaniza, nos moviliza, nos obliga a despojarnos de nuestras máscaras y a buscar nuestra verdadera identidad. Nos despierta, nos transforma, nos hace más sabios si sabemos ver que no somos lo que percibimos, pensamos o sentimos, que no somos nada de lo que podemos observar, sino lo que observa. Y que aunque nos afecte y pongamos los medios para gestionarlo, cuando lo vivimos desde la atención, desde la no identificación, desintegramos el sufrimiento añadido.

Para saber más:

Escalera, M.J. (2017) Expansión de conciencia. Madrid: Senda de Luz

Foster, J. (2016) La más profunda aceptación. Málaga: Editorial Sirio

Martínez Lozano, E. (2009) Vivir lo que somos. Bilbao: Desclée de Brouwer

Martínez Lozano, E. (2013) Crisis, crecimiento y despertar. Bilbao: Desclée de Brouwer

Tolle, E. (2003) El silencio habla. Madrid: Gaia

 

Mindfulness: ¿Moda, invento capitalista o algo más?

Diseño imagen: Angel López de Luzuriaga @ardiluzu

La Atención Plena es una experiencia de primer orden, en primera persona, y no una experiencia filtrada por la mente de otro. Jon Kabat-Zinn.

El curso comienza con entusiasmo. Tras un descanso estival, con lecturas varias y retiro en Kayzen incluido, mil ideas bullen en mi cabeza tratando de encontrar la forma de materializarse. Encaje de bolillos con el tiempo para ir poniendo en marcha el nuevo curso y poder ir aterrizando esas ideas que empujan con avidez para salir al mundo.

Comienzo con una pequeña vuelta al cole durante la primera semana de septiembre. Profesores de la ESO y bachiller reunidos para conocer un poco más de mindfulness, qué es, qué no es y cómo puede ayudarme a subir algún peldaño de bienestar en este curso que empieza, con los retos que se presentan por delante.

Vivencia, práctica, experiencia… no hay otra. Quedarse en la teoría no permite integrar. Formal o informal, en quietud o en movimiento, pero a fin de cuentas: atención, atención y atención…  Salir del piloto automático, de la identificación con la mente, movernos del ego a la esencia es todo un viaje, un viaje vital que no siempre se comprende en el nivel del pensamiento. Conectar con el cuerpo, con la emoción, con lo que hay más allá de la cháchara mental tiene su dificultad cuando llevamos toda una vida de desconexión.

Y entre algunas personas surge la pregunta: esto del mindfulness… ¿no es un invento capitalista? Al fin y al cabo… ¿no es una forma de vender bienestar para seguir produciendo?

Buena y entendible pregunta a la que me gustaría dedicar unas líneas de reflexión personal.

Ciertamente en los últimos años los cursos, programas, formaciones varias que incluyen mindfulness en sus títulos ha crecido de forma exponencial.  Desde que en los años 70 Jon Kabat-Zinn creara en Estados Unidos su programa para la reducción del estrés basado en mindfulness, su expansión ha sido vertiginosa. En parte debido a los buenos resultados cosechados en sus estudios científicos, replicados y metaanalizados por doquier, y en parte por el momento social en el que occidente se encuentra, un momento de desconexión profunda de su naturaleza esencial.

A partir de aquí han ocurrido varias cosas:

  • Una sensación de moda, como en su día ocurrió con el coaching, de último grito en crecimiento personal, lo que puede inducir a mucha gente a pensar en un negociete más del mundo del desarrollo humano. Un vocablo anglosajón puede colaborar bastante a esta sensación en los países de habla hispana.
  • El surgimiento de todo un ejército de personas más o menos formadas, más o menos implicadas, con una vivencia más o menos integrada, que puede llevar a las dudas razonables a la hora de elegir una dirección fiable.
  • La aparición de una cierta desconfianza hacia su aplicación en las organizaciones como forma de suavizar la presión y las demandas que los trabajadores perciben por otro lado: “por un lado te estreso y por otro te enseño a manejarlo para que produzcas más”.

Sin embargo, la práctica de la atención plena dista mucho de ser nueva. Puede que Jon Kabat-Zinn tratara de occidentalizar una práctica ancestral como es la meditación y si así ha sido posible que llegue a lugares donde sino no hubiera llegado, bienvenidos sean el nombre y el programa. Para los que venimos de la práctica del yoga y la meditación la teoría nos encajaba con lo que ya hacíamos, pero gracias a esta «moda» otros muchos han comenzado a practicar.

Y cómo en absolutamente todos los campos en los que intervengan personas, puede haber mejores  o peores profesionales y desde luego utilitarismo económico o finalidades más o menos aprovechadas, pero creo que nada demasiado diferente a lo que ocurre en cualquier otro área o profesión.

Si nos enfocamos en la verdadera esencia del mindfulness, la mirada puede ser muy diferente. Si nos damos real cuenta de lo que obtenemos cuando pasamos de la inconsciencia a la consciencia, del condicionamiento a la libertad, de la reacción a la respuesta… comprenderemos que integrar en nuestra vida la atención o conciencia plena,  nos ayuda* a:

  • Trascender nuestro ego, nuestra pantalla de pensamientos fruto de nuestra programación. Conectar con esa conciencia testigo que atestigua con ecuanimidad, que nos ayuda a dejar de creernos nuestro personaje construido.
  • Dejar de perdernos la vida distraídos con el pasado o preocupados por un futuro incierto y desconocido, lo que además disminuye nuestro sufrimiento secundario, colaborando a revisar nuestros peligros imaginarios y ayudándonos a surfear las olas de la vida.
  • Ser conscientes de nuestras emociones y de las de los demás, potenciando nuestra capacidad de elección y de gestión emocional, incrementando nuestra empatía, nuestra mirada compasiva y nuestra comprensión de las motivaciones propias y de los demás, mejorando nuestras habilidades de escucha y comunicación.
  • Comer de manera consciente, entendiendo nuestras verdaderas necesidades alimenticias, conectando con la sabiduría interna de escucha a las señales de hambre y saciedad, sin tomar de la naturaleza más de lo que necesitamos y sin castigar a nuestro cuerpo y al planeta con excesos  innecesarios.
  • Empoderarnos, elegir cómo queremos responder a las circunstancias de la vida.
  • Dejar de huir del momento presente narcotizándonos con alcohol, tabaco, drogas, compras, juego, medicamentos, deporte obsesivo, diversión, tecnología o cualquier otra excusa para no enfrentarnos a lo importante.
  • Prestar una atención más sabia a la enfermedad y al síntoma, escuchando los mensajes del cuerpo antes de que grite y permitiéndonos una convivencia más serena con el dolor y la enfermedad.
  • Conectar con nuestra sabiduría interior, con nuestra creatividad, con nuestra intuición y con nuestro sentir profundo. Dejar de buscar fuera lo que se halla dentro.

Y la verdadera esencia del mindfulness no es una práctica superficial e interesada. La verdadera esencia va de humanización, de conexión, de bondad, de sentirnos parte de la naturaleza que somos, de compasión, de unidad. El nombre es lo de menos.

La pregunta que yo haría sería: ¿qué opinará el capitalismo de una práctica que te ayuda a estar mejor con lo que tienes,  a comer mejor, de manera más sostenible y a dejar de evadirte de la realidad con la droga que sea que hayas elegido?

*Ayuda no es igual a panacea, a milagro, a «arreglatodoparatodos»… La práctica de mindfulness no sustituye la psicoterapia, ni los tratamientos médicos o psiquiátricos.

Apostando por la gimnasia emocional

Imagen del curso de verano UPV

Un cambio en el estado de la psique produce un cambio en la estructura del cuerpo y a la inversa, un cambio en la estructura del cuerpo produce un cambio en la estructura de la psique. Aristóteles.

Junio. Mes de finales. Descanso estival en las sesiones en Pepsico, fin de trayecto con el profesorado del Colegio San Prudencio  y cerrando el taller de bienestar de los lunes …

El cansancio está ahí. El trajín de preparar, ir, hacer, venir tiene su aquel, pero la satisfacción que se recoge lo compensa todo.  La persona que se acerca y te dice que ya duerme sin pastillas, otra que afirma gritar menos a sus hijos y muchas que el curso ha sido un placer … pues ya está, merece la pena.   Pero no nos engañemos. No todo es maravilloso en este viaje del autoconocimiento y del desarrollo personal.  Hay momentos en los que brotan incomodidades, días en los que la mente no para de rumiar y molesta, emociones que aparecen no se sabe bien de dónde y molestan, frustraciones ante determinadas dinámicas que molestan… pero el denominador común del conocimiento más consciencia es el de liberación.  Porque tiene que ver con hacernos dueños de nuestras vidas, con cambiar el porcentaje de reacción versus respuesta, con dejar buscar fuera lo que tenemos dentro, con tomar conciencia de nuestras luces y sombras para aceptarlas con amabilidad… y en última instancia, seguir caminando y creciendo a pesar de las piedras y obstáculos que podamos encontrar en la vida.

Ayer y hoy he tenido además la oportunidad de asistir a un curso de verano de la Universidad del País Vasco sobre «Conexiones entre la Salud y la Educación Emocional«, con Maite Garaigordobil, Juan Carlos Pérez-González, Igone Echeberria, Mª Carmen Ortega, María Sáinz, Javier Cejudo, Rafael Bisquerra y Dario Paez.

Y está muy bien escuchar de nuevo de boca de estos investigadores incansables toda la evidencia que ya sabemos que existe en esta conexión emociones-salud, porque me reafirma en este camino de la divulgación, de la psicoeducación, del intentar transmitir la importancia de nuestros pensamientos, emociones, de su regulación, de su expresión, no solo para evitar o sobrellevar mejor la enfermedad, sino  para nuestro completo bienestar físico, psicológico y social.

Ya no hay ninguna duda de que la alegría, el amor, la empatía nos hacen más resistentes a la enfermedad, reducen el cortisol, elevan nuestra inmunidad, nos reequilibran y nos alargan y mejoran la vida.  Y de que por el contrario, el odio, el miedo, la tristeza, la ira… nos debilitan, desequilibran, tensan y nos hacen más propensos a la enfermedad.  Saberlo está bien, pero necesitamos integrarlo, practicarlo, precisamos de herramientas, de entrenamiento emocional, para además de conocer ser capaces.

La respiración, la relajación, el mindfulness, la meditación, el movimiento consciente y yoga… grandes aliados en el gimnasio de las emociones. ¡Seguiremos entrenando!

¡Hasta el curso que viene! ¡Feliz y consciente verano!

Rafael Bisquerra en su ponencia: «Beneficios de la educación emocional para la salud»

Mañana sol y buen tiempo… o a lo mejor no

  • ¡Vaya tiempecito! ¿Eh?
  • ¡Ya vale con la lluvia! ¿No?
  • ¡Qué horror de tiempo!
  • ¡A ver si empezamos a ver el sol!
  • ¡Vaya frío! ¡Qué asco! …

A los que vivimos por estas latitudes norteñas nos suenan estas frases seguro… Y es que la meteorología da mucho que hablar todo el año, y no solo en el ascensor.  Cuando hace mucho frío, porque lo hace, si no hace suficiente, porque no está haciendo invierno. Cuando consideramos que ya tiene que brillar el sol, porque no brilla, y si lo hace en demasía también proferiremos alguna queja de que «¡qué calor! ¡Así no se puede dormir!».. Nos gusta el verde, pero el precio que hay que pagar por él no tanto. Es muy gracioso cuando se oye: “ya vale ¿no?”, es decir, “a ver, que ya está bien, que tengo razones y derecho a decirlo que ¡ya vale de mal tiempo!”… o de sol, calor, lluvia, frío, etc.

Lo de que nunca llueve a gusto de todos es una frase muy cierta.  Ya lo dice la Mari en Maeztu: “Cuando yo quería que lloviera porque hacía falta en la huerta, Hilari no quería porque iba a hacer un tejado”. Menos mal que hace lo que quiere ¿verdad? Lo que no quita para que si nuestras expectativas son unas y hace lo otro, tendremos razones “justificadas” para quejarnos o estar enfadados.

Y esto ocurre no solo con el tiempo…, sino con casi todo lo demás.  Si nuestro día no transcurre como esperamos, si ocurre algo inesperado que perturba nuestra vida, si nuestros hijos no sacan las notas que queremos, no visten como nos gustaría o no son como -según nuestros esquemas mentales- deberían ser… Si en el trabajo no nos consideran, pagan o atienden como queremos, si nuestras parejas, padres, vecinos no piensan, sienten y actúan como esperamos, y mil un ejemplos más, nos perturbamos. A veces no tiene que ocurrir nada… en ocasiones vivimos en una especie de posesión por el pitufo gruñón y necesitamos un exorcismo para salir del ladrido.

Y es que cuando vivimos en la inconsciencia, identificados con el personaje, nos podemos perturbar por casi todo.  Y será fácil también que echemos la culpa de nuestro malestar a todo lo externo.  El trabajo, el jefe, el hijo, la pareja, la vecina, el tiempo, el gobierno o las finanzas, cualquier motivo es bueno para mosquearse. Tener a alguien a quien echarle la culpa de lo que nos ocurre nos parece que alivia la desazón, pero depender de lo externo para estar bien es un poco triste, ¿no crees?

Continuamente van a estar sucediendo cosas, cambiando el tiempo o apareciendo nuevas preocupaciones que nos generarán emociones diversas, que podremos observar, gestionar, respirar y dejar ir cuando sea el momento, porque lo mismo que las cosas vienen se van.  Yo cuando me observo en ese malestar interno que a veces no se sabe ni de dónde viene, me hago la pregunta de Gerardo Schmedling: ¿Qué es lo que no estás aceptando? Es decir, ¿qué quieres que sea diferente?, ¿tu familia?, ¿tu pareja?, ¿tu trabajo?, ¿el sistema socio-económico mundial?, ¿el clima?, ¿el presidente de los Estados Unidos?…

Y la siguiente cuestión es: ¿y qué se yo que es lo mejor? ¿Lo mejor para quién? ¿No recuerdas aquello que al principio fue un mazazo y que con posterioridad trajo lo otro que fue maravilloso? No se trata de no sentir dolor cuando algo no va bien, o de hacer escapismo emocional.  Se trata de observar, tomar distancia, desidentificarnos de nuestro ego y respirar, soltar, sentir, vivir… para aceptar lo que sea que viene sin añadir sufrimiento adicional. Se trata de mirar nuestras expectativas con nuevos ojos: ¿de verdad tienen que ser de una determinada manera las cosas? o dicho de otro modo: ¿por qué tiene que hacer el tiempo que a mí me gusta, apetece o conviene?

La aceptación no es resignación, no es estar de acuerdo, no es evasión…,  es esa capacidad de no creerte más lista que la vida, comprender que resistirse a lo que es desgasta, hace sufrir y consume una energía muy valiosa, que seguro que necesitamos para lo que sí se puede cambiar, como por ejemplo la manera en la que nos enfrentamos a los acontecimientos.

Entonces… independientemente de lo que haga fuera ¿qué tiempo hace en ti hoy?  Espero que un día muy luminoso 🙂

Todos los caminos llevan a Roma, si es que quieres ir a Roma

El camino único donde desembocan todos los caminos es el descubrir mi verdadera identidad. Consuelo Martín.

Imagen: portada álbum Autoterapia de Izal

Cuando estamos inmersos en el viaje del autonocimiento, de la búsqueda del bienestar o del sentido de la vida quizás en ocasiones  limitemos nuestros caminos, olvidando que son muchas las maneras de conectar con nuestra esencia, de vivir profundamente y trascender nuestras limitaciones más egoicas.

Creo que nadie duda de la capacidad de la música o el baile para esa conexión con nuestro yo sincero para salir por un ratito del personajillo, dejarnos llevar por la melodía y mover por el ritmo.  Realmente es mágico percibirnos después de cantar una canción que nos remueve, de bailarla o sencillamente de escucharla desde la consciencia plena.

Recuerdo la primera vez que escuché a Izal. Íbamos de vacaciones en coche y desde el primer momento me embargó una sensación especial … no es fácil describir con palabras…  algo así como ganas de coger mucho aire, de expandir mis pulmones hasta el máximo para luego dejarlo salir y saborear una sensación de infinito bienestar.  Todos tenemos canciones con las que nos ocurre esto ¿no?  La música activa emociones, sensaciones, cambia nuestra química cerebral y nos lleva a sitios indescriptibles.  A mí me esto me pasa con muchas canciones, y concretamente con muchas de las de Izal….

A partir de ese día he saboreado cada uno de sus discos, he disfrutado en los directos a los que los he podido asistir y cada nuevo trabajo me conecta con la adolescente con vinilo nuevo  que practicaba el “vuelta y vuelta” hasta que se aprendía las letras de memoria.

Y en ese proceso de escucha continua está ahora su último trabajo Autoterapia.  Ya sabemos que vivimos en mundos interpretativos, que hay tantas realidades como observadores y lo que vemos dice mucho de nosotros… Un álbum titulado Autoterapia…   Un ojo en la portada…  ¿se refiere al tercer ojo de conocimiento de Ken Wilber?, ¿ese ojo más allá del ojo del cuerpo o del ojo de la mente?, ¿esa mirada trascendente que percibe lo no medible? A saber cada uno lo que ve…

Y precisamente esa mirada subjetiva que somos cada uno de nosotros verá detrás de cada letra un mensaje diferente.   El tema Autoterapia, además de la colaboración de Ara Malikian, a mí me regala la invitación a dejar salir, a abrir la mente, las manos a nuevas verdades, a ser conscientes de esa sombra, de esa mitad oscura que no dejamos salir cuando nuestro personaje lo demanda, pero sin la que no estamos completos. Solo cuando la integramos, la iluminamos, salimos de esa materia inerte que somos en la separación.  ¿Quieres escucharla y comprobar que te sugiere a ti?

Con Pausa puedes parar, sentir tu ritmo en la vida, escuchar los sonidos, el tono de voz que te acompañan habitualmente y percibir tu velocidad y la de los que te rodean… Con Santa Paz darte cuenta de si eres de los que llevas tanto ruido, vendaval y terremotos contigo que tu ausencia regala paz a los demás, constatar si don dinero te arrastra a perderla … o ¿sólo ves crítica a lo de fuera?

El camino del autoconocimiento es infinito y apasionante. Cuando estás en él, todo lo que ocurre alrededor puede ser enseñanza de vida, estamos rodeados de maestros que nos muestran donde fijar nuestra mirada y a cada uno se nos enseñarán las lecciones que necesitamos…

Hoy te invito a estar atento a:

  • Tus maestros de vida: que pueden ser hijos, pareja,  padres, ese compañero de trabajo perturbador, el jefe torturador o cualquier otro personaje presente de manera importante en nuestra vida, que reflejan aquello que hemos venido a aprender, nuestro “viaje a Roma” particular.
  • Las señales del camino: sus acontecimientos, circunstancias, decisiones, todo lo que te ha llevado a ser quien eres hoy y todo lo que está presente en tu vida ahora para conformar quién serás mañana.
  • A tu ritmo, tu baile, tu música, a cómo te quedas después de cantar, de bailar, de sentir la melodía en tus células y el movimiento en tu cuerpo. Te propongo que en tu viaje no falte ni la música, ni el movimiento. Te aliento a escuchar y a escucharte.

¿Qué tipo de chupitos sueles tomarte?

Imágenes: Toya Pérez

«Guardar resentimiento es como tomar veneno y esperar a que la otra persona muera.» – Malachy Mccourt

Hace unos años que sigo a Borja Vilaseca y me encanta su expresión «tomarse chupitos de cianuro” para esas ocasiones en las que nos perturbamos y ofendemos por aquello que nos parece que nos hacen los demás o por las circunstancias de la vida.  Es decir, cuando nos quedamos atrapados en el enfado, resentimiento, odio o amargura, supone tomarnos unos cuantos litros de venenito gratuitamente.  Nuestro cerebro se cree ciegamente aquello que la mente le trae y si por allí frecuenta el pensamiento quejicoso, amargadete, ese que da vueltas y vueltas a la ofensa, que se instala en el victimismo, que re-siente una y otra vez el ataque sufrido o la circunstancia adversa, nuestro laboratorio interior pondrá en marcha la elaboración de una química tóxica que, a buen seguro, tendrá consecuencias a nivel físico o emocional.

En realidad es fácil caer en el resentimiento… sentirnos víctimas de una situación que interpretamos como injusta y buscar culpables no tiene demasiado mérito. Es muy humano sentir rabia, sufrir, intoxicarnos con una ira que hace reinar el pasado sobre el presente y obstruye nuestras posibilidades futuras. Sin prácticamente caer en la cuenta, nos convertimos en esclavos, en prisioneros de la persona o situación que ha causado el agravio.

Para salir de esa jaula en la que nos podemos fácilmente instalar, para disolver las cadenas que nos atan, no queda otra que echar mano del perdón.  ¿Perdonaaa?   “Ni hablar, hay cosas que no se pueden perdonar”, “es mala gente, no se lo merece”, “no es justo”, “ha echado mi vida a perder”, “me hizo mucho daño”…

Desde el ego encontraremos mil y un motivos para no perdonar.  Nos parecerá que justificamos lo que nos hicieron, que le damos la razón al ofensor, que nos rendimos o que nos volvemos pasivos ante la injusticia.  Creeremos que si perdonamos supondrá cambiar el comportamiento hacia la otra persona o que tendremos que hablar con ella.  En otros casos perdonar nos parece un acto de superioridad o lástima hacia el perdonado.

En realidad mantenernos en el resentimiento nos genera unas ganancias secundarias de las que no solemos ser conscientes:

  • Nos genera una sensación de poder y dominio, de control sobre el otro
  • Nos reafirma en el tener razón, en estar en posesión de la verdad
  • Nos apoltrona en una identidad de víctima que hemos convertido en zona de confort
  • Podemos responsabilizar a otros de la ausencia de felicidad en nuestras vidas

En realidad el perdón va a más allá del ego, de la mente pensante, del personaje con el que nos identificamos.  El perdón tiene que ver con una sabiduría más profunda, con una comprensión interior que nos expande,  que nos conecta con esa esencia que en realidad somos y con esa compasión horizontal de humanidad compartida.

Son muchas “ces” las que se ponen en marcha en el proceso de perdón:

  • Comprensión de que cada uno de nosotros tiene una historia detrás, -una historia que desconocemos-, un niño interior herido y asustado que no sabe defenderse sin ataque, unas creencias, una sombra por iluminar y un camino por recorrer.
  • Compasión de esa historia, de esa vida, que podía haber sido la nuestra si nuestras circunstancias hubieran sido esas mismas.
  • Conciencia de nuestra propia sombra, de nuestras proyecciones en el otro, del espejo que nos devuelve lo nuestro, nuestras propias carencias y conflictos.
  • Consideración del grito de dolor que pide reconocimiento, respeto, ayuda y amor que puede haber detrás de la agresividad o insensibilidad.
  • Conexión con nuestra esencia amorosa, esencia que compartimos con los otros a pesar de que cada uno llevemos a cabo una interpretación mundana diferente.
  • Consciencia de humanidad compartida, de unidad.

El poder curativo del perdón es inmenso y los primeros y mayores beneficiados de su práctica somos nosotros al liberarnos de las cadenas que nos atan al dolor y al sufrimiento. Dejamos de envenenarnos, de emborracharnos a chupitos de cianuro. A veces el perdón comienza por nosotros mismos… en otras ocasiones el trabajo es con nuestros padres o maestros… parejas, jefes, vecinos, otros familiares… o incluso con la vida. Y no quiere decir que aprobemos lo que nos hicieron,  quiere decir que nos liberamos, que soltamos lastre, que dejamos caer las piedras con las que hemos ido tropezando en lugar de cargar con ellas, que dirigimos la energía a crecer, a seguir con nuestro camino evolutivo, a salir fortalecidos, a continuar construyendo esa mejor versión de nosotros mismos que nos procura la auténtica comprensión.

Una vida vivida sin perdón es una prisión (William Arthur Ward)

En poco más de un minuto Borja te invita en este vídeo a dejar de emborracharte con chupitos de cianuro…

Para saber más:

Lomar, J. (2012 ) Vivir el perdón. Barcelona: El grano de mostaza

Crisis y crecimiento personal

Cuando el corazón llora por lo que ha perdido, el yo profundo sonríe por lo que ha encontrado.- Dicho Sufí.

Este fin de semana se han celebrado en Tudela las IV Jornadas de Psicología Transpersonal y Espiritualidad con el tema “Crisis y Crecimiento Personal”.  Y desde luego es un tema que da para mucho…

Las crisis, aunque inevitables, resultan fastidiosas, incómodas, perturban nuestro devenir y nos gustaría que no existieran.  Nos quiebran, desengañan, nos confunden, nos hacen sufrir.  ¿Estás viviendo una crisis? ¿Cómo te sienta que te digan qué es una oportunidad? ¿Qué cuándo una puerta se cierra se abren otras? ¿Qué seguro que es para bien? ¿Qué lo que viene, conviene?

Cuando estamos en el ego,  en la mente errante, identificados con el pensamiento constante y automático, en el “¿por qué a mí?”, en el “¡esto no debería estar pasando!”, en el “¡todo me pasa a mí!”, “¡me ha mirado un tuerto!” (¡pobres tuertos!)…  Comprensiblemente nuestra mirada más humana decidirá que menuda mala suerte que tengo y que no hay derecho, por lo que la crisis nos sentará fatal y que tengamos que ver en ella una forma de crecimiento personal, ni te cuento.  La mirada transpersonal nos invita a verlas desde otro punto de vista, cómo diría Ken Wilber en su libro Los tres ojos del conocimiento, desde la visión contemplativa, distinta de la visión empírica de los sentidos o la racional de la mente.

Enrique Martínez Lozano comenzó el viernes las jornadas planteándonos una visión consciente de las crisis, una forma de vivirlas desde una visión transpersonal, más allá del ego juez y sabelotodo.   Las crisis son parte de la vida y hay ciertas actitudes que pueden hacer posible que se crezca con ellas:

  • La no-evitación y no-resistencia: es decir salir del “esto no debería estar pasando” para acoger la situación de frente.
  • La no identificación con lo que nos pasa, no reducirnos a esa crisis. Reconocemos la tristeza, el miedo, el enfado, la emoción o emociones que nos surjan, dándonos cuentas que somos más que ellas.
  • Cuidar el amor incondicional a uno mismo, no escapar del presente y tratar de acallar la mente para ver más allá de sus filtros.

Las crisis nos invitan a soltar la ilusión de control, a comprender quiénes somos realmente, a la aceptación de los planes de la vida, a cambiar, a movernos… e irremediablemente a ser un poco más sabios.

Vicente Simón es claro. A veces hay que “darse la torta” para despertar. Mal que nos pese el fracaso enseña y si todo nos sale bien, nos mantenemos en una rutina inconsciente. Solo cuando perdonamos a la realidad podemos superarnos.  Es típico pensar que el mundo imaginario de nuestra cabeza es verdad y desde ahí el sufrimiento está prácticamente asegurado. Solo desde la lucidez compasiva que surge cuando nos hacemos conscientes, cuando despertamos, puede llegar la comprensión y aceptación de la crisis.

Jorge Ferrer, doctor en psicología y experto en psicología transpersonal, nos regala un recorrido por sus crisis vitales, nos ayuda a ver más allá de la apariencia, a encontrarles un sentido, que no siempre es inmediato y sencillo, nos ayuda a acercarnos y dialogar con la crisis: ¿qué quieres?, ¿qué miedos sacas a relucir?, ¿qué cambios me pides hacer?, ¿quién puedo llegar a ser?…Y nos recuerda que: ¿buena suerte?, ¿mala suerte?, ¿quién sabe? Aquello que de primeras te sentó tan mal, fue un trampolín a una situación mejor… o viceversa.

De la ponencia de Juan Ruiz y Miguel Morate me quedo con que somos consciencia, algo bastante superior al ego, necesario pero limitador, y que el sufrimiento no enseña, sufrir es bastante más fácil que comprender… Comprender requiere esfuerzo y cierto dolor. Si el sufrimiento enseñara la humanidad estaría iluminada.

Fidel Delgado, psicólogo clínico maestro del humor hasta en un tema tan delicado como las crisis, nos muestra:

  • Cómo pasar, -en estas “collejas que nos da la vida”-, de ser un transeúnte quejicoso a un transitólogo,
  • Cómo nuestra necesidad de control a veces entra en conflicto con la vida
  • Cómo el conocimiento sin vivencia no transforma.

A veces necesitamos una operación en las cataratas del alma cuando surge un desprendimiento de rutina

Y maravilloso final con Marly Kuenerz, psicóloga clínica experta en atención, que nos transporta a la necesidad del autoconocimiento, de la mirada hacia adentro, que si siempre es importante, lo es más en la crisis. La atención es la clave. Dándonos cuenta de nuestros automatismos, de nuestras “grabaciones” vitales, de donde me enfoco, ¿en las nueve cosas buenas que me han pasado hoy?, o ¿en la menos buena? Tenemos un tremendo potencial como seres humanos que no estamos sabiendo canalizar de manera eficiente… La mente nos lleva a su terreno, a la forma material, a lo que podemos percibir con los sentidos, pero hay un inmenso conocimiento que la ciencia está aportando a lo transpersonal que merece ser divulgado: Bruce Lipton, Candece Pert, Garniet-Malet…

Fin de semana intenso, en «mi salsa», saboreando la satisfacción que produce escuchar de todos estos fantásticos ponentes aquello que resuena con tanta fuerza en mí. Gracias a Román Gonzalvo por organizarlo y a Alfonso Verdoy por recoger las ponencias de los últimos años en un libro.

Y si hablamos de crisis… gracias a la crisis que en su día me llevó a Ramiro González, que a su vez me llevó  hasta Enrique Martínez Lozano que a su vez me ha traído hasta aquí… A lo mejor resulta que sí que van a tener su punto…

Mención aparte y especial, para mis amigos Rocío y Txutxín que me han acogido en este fin de semana en su preciosa casa de Los Fayos y acompañado por la deliciosa gastronomía tudelana.

 

Dando la mano a nuestro niño interior

No hay niño que requiera más  atención que aquel que un día fuiste. Recuérdalo, acógelo, sánalo. Rafael Vidac

Ya lo decía el Principito: “todas las personas mayores fueron al principio niños, aunque pocas lo recuerdan”.  Recordamos algunas cosas, pero otras muchas las hemos guardado en un lugar profundo de la mente, un sitio de difícil acceso al que en ocasiones duele asomarse… Así, nuestras mentes adultas programadas por años de condicionamiento e inmersas en la vorágine de un día a día repleto de quehaceres y preocupaciones, no consideran una opción volver a conectar con el niño que fuimos… y que sigue con nosotros. Trabajamos, cocinamos, comemos, vamos, venimos, salimos con amigos, dormimos…, vivimos la vida, en muchas ocasiones, desde una inconsciencia profunda.

Pero nuestro niño interior no ha crecido y sus heridas se hacen notar.  Las hay grandes, pequeñas…, algunas están cicatrizadas, otras pueden seguir abiertas y tomar distintas formas en nuestra vida adulta: miedo, inseguridad, resentimiento, tristeza, malestar profundo, síntomas físicos, conductas indeseadas…, pero a veces, en lugar de mirarlas de frente y darles luz, preferimos achacarlas a algún suceso externo, a qué somos así o a que la vida es dura…, o simplemente miramos hacia otro lado.

Imagina por un momento en cuántas ocasiones ese niño que fuiste se pudo sentir herido: una humillación en clase, un grito de tus padres, un abrazo no recibido cuando lo necesitabas, esas palabras de ánimo en un momento difícil que no llegaron, no sentirte escuchado, no sentirte valorado,  que tus miedos o preocupaciones no fueran tomadas en serio, que no se respetara tu opinión o disconformidad, que no pudieras expresar tus emociones sin burlas o represalias, sentirte excluido del grupo…   por no mencionar si ocurrieron abusos o malos tratos.

Ese niño interior sigue contigo, esperando que le hagas caso, que lo acojas, que le mimes, que lo abraces, que le digas que es único, que pase lo que pase le quieres, que te gusta cómo es, que tiene derecho a decidir y a equivocarse, que puede expresar sus emociones sin temor… Dile que lamentas no haberle atendido hasta ahora, pero ahora sabes cómo cuidarlo y que vas a otorgarle protección y seguridad.

Nuestros padres y educadores hicieron lo que hicieron en función de lo que sabían y podían hacer, cometieron errores, como nosotros como padres los cometemos ahora.  Podemos quedarnos en el resentimiento por lo que nos parece no supieron dar a ese niño que fuimos o podemos tomar las riendas, abrazar a nuestro interior herido, acogerle, mirarle a los ojos y decirle que todo ese camino recorrido nos ha traído hasta lo que hoy somos, que todo está bien, que esté tranquilo, que lo respetamos, valoramos y queremos profundamente.

Sanando nuestro niño interior, dando luz a esa oscuridad que a veces nos asusta, nos haremos plenamente conscientes y responsables de nuestra vidas, caminaremos hacia el autoconocimiento necesario para dirigirnos hacia esa mejor versión de nosotros mismos, a esa evolución personal hacia un nivel mayor de consciencia. No es sencillo, quizás necesitemos ayuda, pedirla puede ser el primer paso de nuestra vida mejor. La práctica meditativa  también puede ayudarnos en esa parada, en esa conexión, en ese abrazo amoroso a nuestro niño herido. Y desde ahí, desde esa mejor versión, seremos los acompañantes conscientes de otras mejores versiones.

Te dejo una bonita reflexión de Thich Nhat Hanh  para el trabajo con el niño interior herido:

“Mi querido niño herido, estoy aquí por ti, listo para escucharte. Por favor, cuéntame tu sufrimiento, muéstrame todo tu dolor. Estoy aquí, escuchándote de veras” Y si sabes volver a él, escucharle cada día durante cinco o diez minutos, la curación tendrá lugar. Cuando subas una bella montaña, invita al niño que hay dentro de ti a subir contigo. Cuando contemples una hermosa puesta de sol, invítale a disfrutar contigo. Si lo haces durante algunas semanas o meses, el niño herido que hay en ti se curará. La plena conciencia es la energía que puede ayudarnos a hacerlo.  Thich Nhat Hanh

(Extraído de los materiales de Facilitador en Desarrollo Transpersonal de la Escuela Española de Desarrollo Transpersonal )