Dando la mano a nuestro niño interior

No hay niño que requiera más  atención que aquel que un día fuiste. Recuérdalo, acógelo, sánalo. Rafael Vidac

Ya lo decía el Principito: “todas las personas mayores fueron al principio niños, aunque pocas lo recuerdan”.  Recordamos algunas cosas, pero otras muchas las hemos guardado en un lugar profundo de la mente, un sitio de difícil acceso al que en ocasiones duele asomarse… Así, nuestras mentes adultas programadas por años de condicionamiento e inmersas en la vorágine de un día a día repleto de quehaceres y preocupaciones, no consideran una opción volver a conectar con el niño que fuimos… y que sigue con nosotros. Trabajamos, cocinamos, comemos, vamos, venimos, salimos con amigos, dormimos…, vivimos la vida, en muchas ocasiones, desde una inconsciencia profunda.

Pero nuestro niño interior no ha crecido y sus heridas se hacen notar.  Las hay grandes, pequeñas…, algunas están cicatrizadas, otras pueden seguir abiertas y tomar distintas formas en nuestra vida adulta: miedo, inseguridad, resentimiento, tristeza, malestar profundo, síntomas físicos, conductas indeseadas…, pero a veces, en lugar de mirarlas de frente y darles luz, preferimos achacarlas a algún suceso externo, a qué somos así o a que la vida es dura…, o simplemente miramos hacia otro lado.

Imagina por un momento en cuántas ocasiones ese niño que fuiste se pudo sentir herido: una humillación en clase, un grito de tus padres, un abrazo no recibido cuando lo necesitabas, esas palabras de ánimo en un momento difícil que no llegaron, no sentirte escuchado, no sentirte valorado,  que tus miedos o preocupaciones no fueran tomadas en serio, que no se respetara tu opinión o disconformidad, que no pudieras expresar tus emociones sin burlas o represalias, sentirte excluido del grupo…   por no mencionar si ocurrieron abusos o malos tratos.

Ese niño interior sigue contigo, esperando que le hagas caso, que lo acojas, que le mimes, que lo abraces, que le digas que es único, que pase lo que pase le quieres, que te gusta cómo es, que tiene derecho a decidir y a equivocarse, que puede expresar sus emociones sin temor… Dile que lamentas no haberle atendido hasta ahora, pero ahora sabes cómo cuidarlo y que vas a otorgarle protección y seguridad.

Nuestros padres y educadores hicieron lo que hicieron en función de lo que sabían y podían hacer, cometieron errores, como nosotros como padres los cometemos ahora.  Podemos quedarnos en el resentimiento por lo que nos parece no supieron dar a ese niño que fuimos o podemos tomar las riendas, abrazar a nuestro interior herido, acogerle, mirarle a los ojos y decirle que todo ese camino recorrido nos ha traído hasta lo que hoy somos, que todo está bien, que esté tranquilo, que lo respetamos, valoramos y queremos profundamente.

Sanando nuestro niño interior, dando luz a esa oscuridad que a veces nos asusta, nos haremos plenamente conscientes y responsables de nuestra vidas, caminaremos hacia el autoconocimiento necesario para dirigirnos hacia esa mejor versión de nosotros mismos, a esa evolución personal hacia un nivel mayor de consciencia. No es sencillo, quizás necesitemos ayuda, pedirla puede ser el primer paso de nuestra vida mejor. La práctica meditativa  también puede ayudarnos en esa parada, en esa conexión, en ese abrazo amoroso a nuestro niño herido. Y desde ahí, desde esa mejor versión, seremos los acompañantes conscientes de otras mejores versiones.

Te dejo una bonita reflexión de Thich Nhat Hanh  para el trabajo con el niño interior herido:

“Mi querido niño herido, estoy aquí por ti, listo para escucharte. Por favor, cuéntame tu sufrimiento, muéstrame todo tu dolor. Estoy aquí, escuchándote de veras” Y si sabes volver a él, escucharle cada día durante cinco o diez minutos, la curación tendrá lugar. Cuando subas una bella montaña, invita al niño que hay dentro de ti a subir contigo. Cuando contemples una hermosa puesta de sol, invítale a disfrutar contigo. Si lo haces durante algunas semanas o meses, el niño herido que hay en ti se curará. La plena conciencia es la energía que puede ayudarnos a hacerlo.  Thich Nhat Hanh

(Extraído de los materiales de Facilitador en Desarrollo Transpersonal de la Escuela Española de Desarrollo Transpersonal )

De la torta a tiempo y del yo no tengo ningún trauma

Los niños son como cemento fresco, cualquier cosa que caiga sobre ellos deja una huella. Haim Ginott

Empecemos por el principio: el que esté libre de pecado que tire la primera piedra. Quien más o quien menos ha metido la pata educando a sus hijos y yo la primera que lo ha hecho muchas veces. Los hijos son maestros, vas aprendiendo según crecen y si volvieras atrás harías las cosas de diferente manera, pero en su momento lo hiciste de la mejor manera que supiste y lo importante es seguir aprendiendo y creciendo con ellos. La culpa no sirve, pero el conocimiento y el ser consciente sí. Solemos decir que los niños no vienen con un manual debajo del brazo pero hoy en día tenemos la suerte de contar con muchísimos profesionales de la educación que, gracias a muchos años de estudio e investigación, tienen muchas claves que nos pueden ayudar en el acompañamiento.

Ayer tuve el inmenso placer de compartir jornada con varios de estos profesionales en el III Congreso de Educación Emocional celebrado en Pamplona y organizado por la plataforma Padres Formados:

  • Juan Carlos Pérez-González y Neurociencia afectiva y social: emociones y cerebro, o de cómo cuando entiendes un poco cómo funciona el cerebro eres capaz de entender por qué tu hijo/a reacciona y se comporta como lo hace, y en consecuencia eres capaz de corresponder a la conducta de manera más adaptativa. Ya no son tiempos de hablar de los adolescentes y la edad del pavo o la hormona, sino de entender que si su corteza prefrontal no está totalmente desarrollada y su sistema límbico está desbocado no podemos pretender que se comporten como adultos. Es la hora de la escucha, de la presencia, de dar autonomía y confianza desde los límites y la paciencia, y siempre desde el amor incondicional.
  • Enrique G. Fernández-Abascal y Psicología positiva. Emociones y motivación, o de cómo entender que la motivación no funciona con zanahorias o palmaditas en la espalda, sino con la atención, el compromiso, las relaciones interpersonales, los logros y el significado vital.
  • Maite Garaigordobil Landazabal. Juego cooperativo para el desarrollo socioemocional, o de lo necesario e importante que es el juego en el desarrollo infantil, juego cooperativo y no competitivo, juego como fuente de placer, de libertad, que contribuye al aprendizaje, al desarrollo corporal, intelectual, social y afectivo, potenciando la imaginación y la creatividad.
  • Carlos Hue García y Los docentes: competencias emocionales, liderazgo y bienestar docente, o de la necesidad de docentes que sorprendan, enamoren, ilusionen, impresionen, fascinen, creen y ayuden a crear… y que enseñen a hacer amigos, fomentando la empatía, la autoestima, el autoconocimiento y el Ser.  Si encima lo compartes con tanto humor como lo hace Carlos el mensaje cala seguro.
  • Anna Forés y Resilencia: Crecer desde la adversidad, o de ver que el centro de nuestra vida no es lo que no funciona, sino la vida misma, que es importante ver y aceptar la herida, tener mentalidad de crecimiento, del todavía no pero a futuro igual sí, y darnos cuenta de que detrás de lo que se ve hay una historia, así como de que la confianza, la esperanza, el optimismo, el tú me importas, construyen personas resilientes.

Tuve el honor de terminar la jornada con un apartado para la consciencia, para entender cómo la atención plena puede ser el compañero en este camino emocional, dándome cuenta de cómo estoy, de desde dónde actúo, para de este modo pasar de la reacción automática a la respuesta libre, de la inconsciencia a la consciencia.

El objetivo es común, favorecer el desarrollo de una educación emocional que permita resolver las rabietas y conflictos desde los buenos tratos, promover familias emocionalmente competentes con estrategias más allá de la torta a tiempo o la zapatilla, que ni sirven, ni respetan y que solo demuestran escasez de recursos del que las utiliza.  Que hayan sido parte de nuestra cultura no es excusa para que sigan con nosotros. Podemos hacer una larga lista de barbaridades que se han hecho en la historia de la humanidad…

Sin olvidar la necesidad de poner límites, que no está reñido con los buenos tratos,  que la educación no es condicionamiento por miedo y que las consecuencias lógicas tienen más sentido que los castigos. No debemos confundir educar en la competencia emocional con la permisividad, con el “laisser faire”, porque no tienen absolutamente nada que ver. Evadirnos de nuestra responsabilidad parental es otra forma de maltrato.

Cuando como excusa nos aferramos al “a mí me daban y no tengo ningún trauma”, quizás no tengamos en cuenta que los traumas en la mayoría de las ocasiones no son visibles, ni conscientes, que todos tenemos un niño interior que sufrió con cada desprecio, con cada azote, con cada humillación, un niño interior que no ha crecido y que manifiesta esas heridas con síntomas que quizás no asociemos – porque nadie nos ha enseñado a asociarlos -, pero que pueden ser visibles en forma de malestar físico o emocional, comportamientos no deseados u otras manifestaciones… ¿Qué contribución queremos hacer al niño interior de nuestros hijos/as?

Si el tema te resuena, si quieres comprometerte con la labor educativa desde el conocimiento, desde el desarrollo de nuevas competencias emocionales, puede serte útil el libro de Leticia Garcés Larrea – pedagoga, experta en educación emocional y organizadora del Congreso comentado-, titulado: “Padres formados, hijos educados. Familias emocionalmente competentes y resilientes”.  Escrito en un formato accesible, con multitud de ejemplos reales con los que seguro que te identificas más de una y más de dos veces, se hace un recorrido por el conocimiento neurocientífico que nos ayuda a entender muchas de las conductas de nuestros hijos -base para poder manejarlas después-, y nos guía hacia la competencia emocional en el seno de la familia para desarrollar hijos resilientes, con inteligencia emocional, que sean fuente de aprendizaje y con vínculos afectivos seguros. Merece la pena.

Y como lo uno lleva a lo otro, no puedo dejar pasar la oportunidad de recomendar otro libro, en este caso “Profesionales portadores de oxitocina. Los buenos tratos profesionales” de Íñigo Martínez de Mandojana Valle, que en la misma línea de promoción del buen trato, -en este caso desde la visión de un educador social y psicopedagogo-, nos ayuda a desenredar conceptos, a aprender de los errores, a saber que no somos infalibles, a tener la humildad de reconocerlo y abrirnos a una nueva forma de generar posibilidades a través de esa oxitocina que proporciona el buen trato. Iñigo nos relata cómo acompañar, sin paternalismo arrogante, sin posicionarse en el papel de experto que todo lo cura. Y sobre todo, promueve la conexión desde el “sintonizar”, desde ese baile sutil que se produce cuando las esencias se unen, cuando se logra ver más allá de las apariencias, del personaje construido, sabiendo que lo que es bueno para uno puede no serlo para otro. Escrito en un original formato comienza en el saber, sigue en el pensar y acaba en el hacer.

En ambos libros tienes una invitación para tejer relaciones bientratantes, sólidas y significativas, para crecer en competencia emocional y en estrategias de resolución. ¿De verdad quieres seguir en la zapatilla?

 

La vida más allá del ego… Kayzen y lo transpersonal

Solo cerrando las puertas detrás de uno, se abren ventanas del porvenir.  Françoise Sagan.

Cuando comienzas el viaje del autoconocimiento, comienzas el viaje menos organizado de tu vida. Cada día emerge una nueva sorpresa, te observas en una emoción inesperada, surge una persona, un hecho casual o más bien causal… y todo ello te va llevando hacia nuevos territorios, hacia una mirada ampliada, lo que irremediablemente te lleva a una mayor apertura.

Apertura. Con esta palabra empezó el pasado domingo mi estancia en Kayzen La Colina, un maravilloso paraje en el que se encuentra la Escuela de Desarrollo Transpersonal en El Escorial. Una tarjeta extraída al azar con la palabra “Apertura”,  me llevó a la habitación del mismo nombre en la que pasaría los siguientes cinco días…  Parecía un buen comienzo. Observas a tus compañeros de viaje, inevitablemente surgen pensamientos, juicios, expectativas…   28 almas curiosas que sienten ese impulso de búsqueda más allá de ese ego que nunca tiene bastante, ese ego dividido, procesador, controlador…

José Mª Doria nos presenta el encuentro, realiza el primer acompañamiento en el camino de la comprensión, de la comprensión profunda. Porque comprender no es entender.  Durante siglos nos hemos enfocado en lo mental, en la ilustración, en la acumulación de conocimientos intelectuales, lo que estuvo bien en su momento, pero en cierta manera nos ha taponando la sabiduría interior, nuestro Ser profundo, nuestra luz. Es hora de desbloquear este tapón.  El trabajo meditativo, la consciencia testigo, el silencio, la expresión corporal y emocional, la danza, la música…  todo ello de la mano de Antonio, Sara, Silvia… nos acompañarán en la tarea de abrir rendijas en nuestra coraza para dejar que salga la luz que somos.

La psicología transpersonal  es una psicología profunda, más allá de la mente, más allá de la jaula del ego, de lo que nos decimos, de la película que nos montamos.  La terapia transpersonal acompaña en el despliegue nuestra esencia, de nuestro Ser profundo.  Pero como en todos los recorridos, no siempre todo es fácil… En ocasiones hay baches, cuestas, piedras… Cuando empiezas a abrir esa coraza, aparece la sombra, esas máscaras más oscuras a las que no siempre nos apetece mirar. Pero allí está el tesoro… cuando abres las ventanas del sótano y ventilas se hace la luz. Cuando dejas de escapar y vuelves a casa, al Ser, floreces.

Han sido tantas las emociones y experiencias vividas en estos cinco días en Kayzen que sería pretencioso querer plasmarlas con palabras. Me llevo conmigo a todas y cada una de las personas que he conocido, el profundo sentir,  la conexión, la comprensión,  las maravillosas vivencias compartidas dentro y fuera del aula, y sobre todo el impulso y las ganas de seguir transitando y transmitiendo este camino.  Sin olvidar lo último que ves cuando sales de la escuela: Atención, Atención, Atención.

 

 

Congreso de Mindfulness en la Educación

“Los educadores felices cambiarán el mundo”. Thich Nath Nanh

Después del Congreso de Mindfulness en la Educación celebrado en Zaragoza el 3 y 4 de noviembre, me traigo una sobredosis de ponencias, estudios, ideas, experiencias, resultados… pero también un chute extra de alegría y esperanza en que una nueva educación está en marcha, un aula más mindful, un futuro más consciente.

El mindfulness está en boca de todos y puede sonar a moda pasajera. Le acompañan algo de confusión y mitos, un poco de rechazo en los ambientes más rígidos, descalificación desde la ignorancia de la ignorancia… ocurre a veces con lo que no se conoce o con lo que suena a último grito en crecimiento personal. Quizás un nombre anglosajón no ayude. Pero da igual como lo llames, las palabras a veces confunden las vivencias. Se trata de estar atento, pero de una forma especial, intencionadamente, sin juzgar, mirando profundamente en el interior de uno mismo para autocomprenderse (Kabat-Zinn, 2003). Tan fácil y tan difícil.  Solo cuando lo vives desde la experiencia, cuando despiertas del letargo de los automatismos, es cuando conectas con la seguridad de que no hay vuelta atrás.

La evidencia científica de que su práctica reduce el estrés, aumenta la concentración, la creatividad, la autorregulación, la función ejecutiva… y en consecuencia el rendimiento académico… está ahí.  Pero además tiene un importante componente asociado del que a veces se habla menos, la compasión, de nuevo el lenguaje nos puede llevar a terrenos prejuiciosos, pero que es inseparable de la práctica de mindfulness. Compasión como humanidad compartida, como deseo de aliviar el sufrimiento,  como conexión con todos los seres humanos, con la naturaleza que somos… y que emerge cuando se diluye la sensación del “yo”, cuando dejamos de identificarnos con el ego.  Tal y como afirmaba Javier García Campayo en su ponencia, “la práctica de mindfulness en el aula reduce el acoso escolar, porque aumenta la consciencia de la agresión y la intolerancia a la misma”.

Diversos programas, distintas metodologías pero mismo objetivo: despertar el aula, salir del malestar psicológico que acecha a docentes y estudiantes fruto del estrés que en muchos casos se ha instalado en sus vidas:

  • Programa Aulas Felices. Ricardo Arguís, Zaragoza
  • Escuelas Despiertas, Mindfulness Aplicado a la Educación. Pilar Aguilera, Universidad de Barcelona.
  • Crecer Respirando. Carlos García Rubio, Universidad Autónoma de Madrid y Teodoro Luna, Sukha Mindfulness.
  • Programa Treva, Txemi Santamaría, Universidad de Barcelona.

Respiración, movimiento consciente, relajación, meditación… compañeros de viaje para llegar a la vivencia mindful.

Y premisa común, solo cuando lo integras lo puedes transmitir. No hay fórmulas mágicas, no se puede solo leer, no es un conocimiento puramente cognitivo…  solo a través de la práctica continua y comprometida, a través de la vivencia podremos llevarlo a otros.

Especialmente impactante la ponencia magistral “Mindfulness: SuperVivencia” de Israel Mañas, doctor en Psicología de la Universidad de Almería, sobre todo cuando sus artículos te han acompañado en la carrera y sabes de su trayectoria en el mundo del mindfulness. SuperVivencia porque vivir mindfulness es vivir con excelencia… Nos recordó que a la naturaleza le refanfinfla la felicidad, solo le importa la supervivencia. Nos ha dotado de una mente superdotada para ver e inventar peligros y problemas. Y el sufrimiento en consecuencia nos acompaña de manera inevitable cuando la mente es la que manda. Educación física, importante en el aula… y educación psicológica ¿por qué no?  Los “mindfulneros” cada vez somos más, somos legión y una revolución de la que formar parte para cambiar el mundo a través del cambio individual.

Me quedo con la frase de Belén Colomina: “Vamos a tratar de ser padres presentes, no perfectos”. Padres que construyen momentos mindful, conscientes, de parada, de buenos deseos, de reconocimiento… para romper automatismos, aumentar la reflexión y mejorar el clima emocional de la familia, padres que crean un campamento base para encontrarse, para construir relaciones saludables con uno mismo, con los otros y con el planeta. Como dijo Cristina Jardón: Ser para educar.

Sería imposible reflejar todas las ideas, sensaciones y vivencias de estos dos intensos días, en los que además la vida te junta sutilmente con personas maravillosas como Ana y Eli, te reencuentra con Carolina o Cristina… y te reconecta ¡aún más si cabe! con las ganas de seguir apostando por este camino.

Para terminar, os dejo estas preciosas palabras de Jack Kornfield que compartió Marta Modrego en su ponencia sobre el futuro del mindfulness en la educación:

“Nadie tiene el poder de salvar el mundo entero, pero sí que tienes el poder de hacer tu contribución, con un corazón amoroso y pacífico.

Puedes atender a esa porción del mundo con la que estás en contacto, añadirle un poco de belleza y comprensión.

Y manteniéndote en paz y ecuánime, muestras a los demás que ellos también pueden hacer lo mismo.”

 

De cómo mirarse honestamente a los ojos…

Recuerda que cuando señalas con el dedo, tres dedos te señalan a ti. Proverbio inglés.

Imagen: Toya Pérez

Seamos sinceros. Nos gusta criticar, nos lo pasamos bien juzgando. Es deporte nacional despotricar. Contra el gobierno, contra la oposición, contra la empresa, contra los jefes, contra los sindicatos, contra la Iglesia, contra los anarquistas, contra los ricos, contra los comunistas, contra los que llegan tarde, contra los vagos, contra los alternativos, contra los conservadores…, la lista es infinita… Nos embarcamos en batallas contra aquello que no soportamos, nos enfadamos, nos indignamos y nos empeñamos en criticar lo que sea que nos causa tanta desazón hasta convertirlo -en ocasiones- en nuestro modo de vida, envenenándonos con la química de la rabia perpetua.  A veces, somos nosotros mismos el objeto de la crítica, nos hacemos de menos, no aceptamos nuestro cuerpo, nos exigimos lo que no está escrito…

Otra alternativa es refugiarnos en distracciones más o menos saludables, llámense trabajo, apariencias, adicciones, hijos,  bienes materiales, deporte extremo y otro infinito mundo de excusas.  ¿Qué mejor manera de no enfocarme en lo mío?

Qué egoísta, ¿no? Con todo lo que ocurre a mi alrededor ¿enfocarme en lo mío? 

Ser el cambio que queremos ver en el mundo, es una maravillosa frase atribuida a Ghandi y que recogería precisamente esta idea de primero dedicarme a lo mío. Lo que no quiere decir:

  • Que no haya que ayudar al otro…, precisamente alienta a ser esa tipo de persona que intenta beneficiar al mayor número de personas posible cada día. Y no tienen por qué ser personas lejanas: la pareja, los hijos, la familia, compañeros de trabajo, vecinos… puede ser un buen comienzo, sin olvidar que la caridad bien entendida empieza por uno mismo.
  • Que no haya que luchar contra las injusticias…, precisamente anima a ser honesto y coherente con los principios de igualdad y no discriminación del otro. Y dentro del barrio, colegio o comunidad seguro que hay oportunidades.
  • Que no haya que favorecer al oprimido, precisamente supone convertirse en acompañante que empodera y facilita la pesca.
  • Que no haya que actuar, que no debamos movernos en la dirección de una sociedad mejor, precisamente empuja a ser esa sociedad mejor, a pulir esas pequeñas o grandes aristas que todos tenemos y cuyo roce provoca brechas de incomprensión, de incomunicación, de des-conexión, de insatisfacción.

Si cada uno de nosotros pudiéramos convertirnos en esa mejor versión, esa versión amable, equilibrada, que no tiene miedo, que se ha liberado del resentimiento envenenador,  del sufrimiento, que ha encontrado su misión en el mundo, el sentido profundo de la vida, que no necesita distracciones porque se ha dado cuenta que ya lo tiene todo en su interior… nuestro entorno estaría mejor y como un imparable efecto dominó, el mundo estaría mejor. ¿O preferimos dedicarnos a pretender cambiar el mundo sin trabajar “lo nuestro”?

Mirémonos fijamente a los ojos en el espejo que son los demás y seamos honestos:  empecemos a trabajar en nosotros lo que no nos gusta de los otros. Mirémonos para dentro y observemos nuestras emociones más desagradables, nuestro sufrimiento, nuestra infelicidad, nuestro vacío, nuestra insatisfacción…  Alguna pista para este trabajo interior:

  • Párate un momento y observa tu respiración: ¿Es rápida? ¿Es lenta? ¿Se queda en la parte alta de tus pulmones? ¿Llega a notarse en el abdomen?
  • ¿Puedes conectar con alguna emoción predominante ahora mismo? ¿Rabia? ¿Tristeza? ¿Culpa? ¿Asco? ¿Miedo? ¿La sientes en el cuerpo? ¿Sabes qué la desencadenó y qué quiere de ti? ¿Es proporcional a ese estímulo o viene del pasado? ¿Es dolorosa? ¿Opones resistencia?
  • Una vez que se toma conciencia de la emoción y se permite la experiencia, podemos dirigir suavemente nuestra inspiración allí donde sintamos esa emoción en el cuerpo, retener unos instantes el aire y exhalar muy despacio, soltando, dejando ir... repitiendo el ejercicio hasta que la emoción o emociones encadenadas se “disuelvan”.

Ellas son nuestras aliadas. Si las permitimos, si las escuchamos, si las dejamos ir una vez cumplido su cometido y actuamos en consecuencia, serán nuestros trampolines a esa mejor versión, a esa vida mejor para nosotros y para los demás. Existe un impulso innato que nos hace caminar en esa dirección, así que no es fácil escapar… En el momento que podamos decir que nosotros estamos muy bien, habremos conseguido que  el mundo sea un poquito mejor. 

Y no es egoísmo, es resolver, es camino, es humanidad compartida.

Para profundizar:

Hawkins, D.  (2014) Dejar Ir: El Camino De La Entrega. Barcelona: El grano de mostaza.

Simón, V. (2011) Aprender a practicar mindfulness. Barcelona: Sello Editorial.

 

 

¿Qué nos pasa a los seres humanos?

Imágenes: Toya Pérez

Vemos las cosas, no como son, sino como somos nosotros. Immanuel Kant.

¿Por qué somos como somos? O mejor ¿Por qué nos comportamos como nos comportamos? ¿Por qué repetimos patrones ancestrales? ¿Por qué no aprendemos de errores pasados?

Si eres amante de la historia, lees novela ambientada en otras épocas o simplemente te entretienes con el  Ministerio del Tiempo en la tele, constatarás que desde que el mundo es mundo nos hemos peleado por territorios, dinero, poder, religión, nos hemos enfadado con algún vecino o familiar, hemos sufrido o infringido abandono, rechazo o autoridad… y aunque tomen formas diferentes según los tiempos,  en el fondo, comparten una base común llamada EGO.

Cuando se nombra la palabra ego inmediatamente nos viene a la mente, el  YO con mayúsculas, ese tipo de persona que consideramos egocéntrica, narcisista con ansias de acaparar toda la atención posible hacia su persona y seguramente nos parezca que no estamos en esa categoría de humano y por tanto pensemos que esto no va con nosotros.

Pero no… ego se refiere a nuestra identificación con los pensamientos, a pensar que esa voz de la cabeza dice la verdad, a creernos que somos la mente, que somos el instrumento, independientemente de si los pensamientos son egocéntricos, humildes o neutros. Los pensamientos nos acompañan todo el día, provienen de creencias profundas que se han ido instalando en nosotros de manera lenta, inconsciente… creencias heredadas de nuestros padres, abuelos… de nuestras circunstancias socio-culturales…  algunas son limitantes, otras expansivas, algunas agradables, otras terroríficas… En base a ellas se piensa, se siente y actúa.

Las creencias suponen los filtros con los que vemos el mundo, nuestras gafas. ¿Qué hace que nos creamos más o menos que otras personas, razas, culturas…? ¿Qué permite que continuamente enjuiciemos lo que hacen o dejan de hacer otros? ¿Por qué Don Dinero domina todo? ¿Por qué entendemos que lo nuestro – nuestra medicina, nuestra religión, nuestra cultura, nuestras normas sociales, nuestro progreso – es lo bueno y además nos empeñamos en imponerlo?

En resumen, ¿por qué creemos que hay nosotros y otros?

Mira de qué manera tan graciosa explica el ego Fidel Delgado, en este vídeo de 2 minutos:

Identificados con el ego nos creemos separados, no percibimos el trasfondo de unidad universal que asoma cuando nos distanciamos de esta voz interna. En la consciencia, en la atención, vemos el ego como un instrumento más de nuestro paso por esta vida, un instrumento válido, del que no hay que renegar o huir, un instrumento que hay que afinar e integrar en nuestra experiencia vital.

El viaje:

  • de la mente errante o piloto automático a la atención plena
  • de la inconsciencia a la consciencia
  • del condicionamiento a la libertad
  • del ego a la esencia

es el viaje que libera de patrones ancestrales, de reacciones automáticas, de repeticiones incomprensibles, del sufrimiento. Este viaje nos permite aclarar la mirada, tomar distancia y ver esas gafas, comprender, ver en lo que más nos molesta del otro el reflejo de nuestras propias limitaciones, nos ayuda a evolucionar, a crecer…  No es un viaje fugaz, ni fácil… es el viaje de la vida.

Para profundizar:

Tolle, E., (2001)  El poder del ahora. Madrid: Gaia

Tolle, E., (2006) Un nuevo mundo ahora. Barcelona: Grijalbo

¿Todo lo bueno empieza con un poco de miedo?

Imágenes: Toya Pérez

El miedo es una muralla que separa lo que eres de lo que podrías alcanzar a ser.  David Fischman

El miedo invade los telediarios. Catástrofes naturales o no tan naturales, guerras, luchas políticas, maltrato, paro, pobreza, persecución ideológica… Todo da miedo. La sección de deportes alivia un poco la tensión, adormeciendo esa emoción primaria, adaptativa,  resultante de motivos más o menos reales, más o menos imaginarios, pero intensa y habitual.

Hay miedos muy comunes: a la muerte, a la enfermedad, a envejecer, al  dolor, a vivir penurias… Cuando la mente encuentra una explicación racional para el miedo, no deja de ser un miedo común. Pero hay otra gran cantidad de miedos, que incluso llegan a la categoría de fobias, a los que nos puede resultar más complicado encontrar una explicación, y sin embargo nos limitan enormemente, nos hacen sufrir y por tanto huimos de ellos. Enfrentarnos a ellos no nos suele parecer buena idea: miedo a volar, a ciertos animales o insectos, al agua, a las alturas, a hablar en público, a la sangre, a los espacios abiertos, a los cerrados… y si nuestro día a día nos lo permite, trataremos irremediablemente de evitarlos.

Pero entre los miedos más “normales” y los más “extremos” hay un enorme abanico de miedos que subyacen tras todo aquello que no hacemos y que en el fondo sabemos que nos convendría hacer.  Tenemos tan activados los circuitos cerebrales del miedo que inconscientemente nos dejamos llevar por una prudencia paralizante.  Postergar, procrastinar, posponer… muchas palabras diferentes para decir lo mismo: ¿cuántas cosas no estamos haciendo y cuántas son por miedo?

  • Salir de una relación conflictiva, tóxica, una relación en la que el maltrato ha hecho acto de presencia…
  • Decir que no a una situación abusiva en el trabajo o en nuestro entorno familiar, o salir de un trabajo sin sentido.
  • Pedir lo que nos corresponde, pedir ayuda, pedir aquello que necesitamos…
  • Hacer ese curso, comenzar o retomar un idioma, reciclarnos…. Aquello que nos haría falta para salir de una situación que no nos gusta o para progresar profesionalmente
  • Cambiar un hábito que sabemos nos hace daño

¿Cuántos:  “no puedo, imposible, ahora no es el momento, yo no valgo,  se me da fatal, voy a hacer el ridículo, se reirán de mí, qué vergüenza, no me lo puedo permitir”… hay detrás de este no hacer? ¿Cuánta falta de amor hay en el miedo? ¿Amor a uno mismo sobre todo?

¿Y si resultara que precisamente lo mejor de la vida está detrás del miedo? ¿Y si nuestros miedos fueran pistas a seguir?

Siempre que haya miedo, jamás escapéis de él. De hecho, sacad pautas de él. Esas son las direcciones en las que necesitáis viajar. El miedo es simplemente un desafío. Os llama: ¡Venid! Osho.

Cuando tomas consciencia de tus miedos, puedes abrazarlos, puedes aceptarlos y puedes trascenderlos. Puedes darte cuenta de que vienen de un condicionamiento inconsciente, de todo aquello que hemos ido integrando tras muchos, muchos “telediarios” (¡y más!), de que forman parte de esa voz de la cabeza que repite una y otra vez un programa obsoleto, y que detrás de esa muralla hay un inmenso mundo de nuevas posibilidades.

¿Y si la próxima vez que tengamos miedo, nos adentramos en él,  lo sentimos, lo vivimos, lo confrontamos, lo respiramos y nos permitimos asomarnos al otro lado de la muralla?

 

El viaje de tu vida

Tengo que estar dispuesto a abandonar lo que soy para convertirme en lo que seré. Albert Einstein

Septiembre. Mes de vuelta al cole, de nuevos comienzos.  Dejamos atrás las vacaciones, la desconexión, el parar para poder seguir.  Y aquí estamos de nuevo, con fuerzas renovadas para seguir en este camino del autoconocimiento y del acompañamiento hacia nuestra vida mejor.

En septiembre es habitual que busquemos nuevas actividades para nuestro tiempo libre, en ocasiones es un nuevo idioma, otras veces es un gimnasio donde tratar de quemar los excesos del verano, y a menudo buscamos donde poder disfrutar de un hobby o de eso que nos falta en nuestra ocupación habitual.

A veces son las circunstancias las que nos van llevando hacia nuevas búsquedas. La vida nos va poniendo nuevos asuntos en los que poner en el foco y, aunque a veces sean dolorosos y no los comprendamos, pueden constituir una puerta que se abre hacia una nueva estancia más luminosa: los conflictos y problemas, la enfermedad, la desorientación, la insatisfacción, el estrés o la ansiedad,  la sensación de vacío…  a veces ni siquiera sabemos lo que nos pasa, pero sentimos que algo nos falta…

No es extraño que busquemos fuera: nueva casa, nuevo coche, nueva pareja, otro trabajo…, pero los parches externos no solucionan la sensación de viaje sin rumbo.  Muchas veces es la propia multiactividad y sobreocupación las que nos impiden ver más allá. El trabajo, los niños, la casa… el querer llegar a todo nos absorbe y no hay tiempo para preguntarnos dónde estoy o dónde quiero estar, cómo estoy o cómo quiero estar y mucho menos de hacernos la pregunta por excelencia: ¿quién soy yo?  Y a menudo son el miedo a lo desconocido o los prejuicios los que nos impiden comenzar el viaje interior.

Somos prisioneros de nuestra mente. Darse cuenta es el primer paso en el viaje de la liberación. Ram Dass

  • La práctica de la introspección y de la meditación puede darnos muchas claves: nos ayuda  a salir de nuestros patrones mentales, de nuestro condicionamiento, favorece la observación de nuestros pensamientos -frutos de nuestras creencias perfectamente instauradas- y nos permite viajar hacia nuestro yo profundo y conectar con nuestra esencia.
  • La respiración nos ayuda a sentir la vida en nosotros, a vivir en el presente, a relajarnos y dejar de oponer resistencia a la vida.
  • La práctica de la atención desarrolla nuestra capacidad de ver y comprender lo que sucede dentro y fuera de nosotros, favoreciendo que seamos capaces de tratar a nuestros semejantes y a nosotros mismos de manera más humana y compasiva.

Nuestro destino nunca es un lugar, sino una nueva forma de ver las cosas. Henry Miller

¿Te unes al viaje?

Para terminar, te dejo un enlace a esta valiente canción de Diana Navarro de su Álbum Resiliencia (¡Gracias, Alicia!)

Caminante no hay camino…

La atención crea el mundo. Javier García Campayo.

Imágenes: Toya Pérez

30 de junio. Fin de mes y fin del curso de Mindfulness para el bienestar que comenzamos en octubre en Ipace Psicología Aplicada; parón veraniego en las sesiones presenciales de Pepsico y ayer cerrando la temporada con un minicurso para profesores en Luis Dorao.  Agotada pero contenta, testimonios de “despertar”, de “me tomo la vida de otra forma”, de “estoy mucho mejor”, de “me noto y me notan más tranquila”,… hacen que merezca mucho la pena este camino.

El darse cuenta de que nuestros automatismos nos dominan y a veces nos llevan por el camino del estrés, del sufrimiento, del agobio… es el primer paso, pero no es suficiente.  Solo con la práctica constante de la atención podremos salir de esa ruta. Dejarnos llevar por nuestro cableado, nuestro software obsoleto, sin ser conscientes, es como pretender guiarnos por un navegador antiguo y que nos lleve a buen puerto.  Nos marcará una ruta, sí, pero solo si nos damos cuenta de que no es la adecuada y tomamos otra, conscientemente, podremos colocarnos en el camino apropiado.

Vivimos en una sociedad poco atenta… la tecnología no ayuda, nos distrae, hace que nos perdamos muchos momentos. Reprochamos a los hijos su adicción, pero nosotros estamos igual.  Les pedimos atención, pero nosotros tampoco podemos mantenerla durante mucho tiempo.  En ocasiones, preferimos entrenar nuestros músculos y no tenemos en cuenta la práctica de la atención, nos preocupamos de limpiar nuestra casa o el coche, pero no de revisar y limpiar aquellas creencias que ya no tienen sentido, que nos están limitando, que nos están haciendo sufrir a nosotros o a los que nos rodean.

Parar, tomar consciencia de nuestra respiración, nuestros pensamientos, sensaciones, emociones… salir de la voz de la cabeza, observar, sentir… y entrenar, practicar, formal e informalmente. Solo así podremos:

  • Integrar de verdad que somos más que todo eso que observamos
  • Conectar con nosotros para conectar con los otros
  • Dejar de sufrir y ser felices, que al fin y al cabo es de lo que se trata. En esta línea, te dejo un artículo de Javier García Campayo: La felicidad es estar atentos

¿Tienes ya claro como nuestra mente nos domina? Si no es así te invito a que leas este divertido escrito de Eva Vallejo, creo que refleja a la perfección el jueguito mental que normalmente nos traemos.

Mindfulness Eva Vallejo

¡Feliz y consciente verano!

 

Taller de Bienestar

Y como quien no quiere la cosa ha llegado junio… En breve se terminará el curso, el verano ya asoma, llega el tiempo del descanso, del desconectar de la rutina…

Y sin embargo, ya hemos pensado en la vuelta y te hago llegar una propuesta para el próximo curso.  En septiembre, Ramiro González, mi maestro durante los últimos 14 años, inaugura una nueva sala en la C/Colombia para seguir con la práctica del yoga y la meditación.

Espacio que contará además con la participación de Isabel, Maribel, Sagrario, Beatriz… Mi granito de arena consistirá en un Taller de Bienestar los lunes: una hora y media de parada, de teoría y práctica de mindfulness, de respiración y relajación,  meditación en grupo, yogaterapia… un espacio para conquistar el bienestar a través del conocimiento, pero sobre todo de la práctica. Será a las 19:00 a partir de septiembre 2017.

 

¿Te animas a esta búsqueda del bienestar?

¡Te esperamos!

 

 

 

Parar para poder seguir. Desconectar para conectar.

Imagen: Toya Pérez

No dejes que un mundo loco te diga que el éxito es otra cosa que un momento presente exitoso. Eckart Tolle

Nuestros pensamientos nos invaden gran parte del día, con tareas pendientes, juicios, preocupaciones, pasado, futuro… incluso la publicidad da buena cuenta últimamente de esta habitual rutina del no poder parar, como en este anuncio, en el que tras mucho ajetreo mental, su protagonista disfruta de unos instantes de atención plena en el lavado de su vehículo, lo que le permite tomar consciencia de lo importante sobre lo urgente.

Los pasados 25 y 26 de mayo tuve la oportunidad de acudir al I Congreso Internacional de Mindfulness en las Organizaciones del siglo XXI, organizado por el Dr. Javier García Campayo, de la Universidad de Zaragoza. Para mí fue un momento de parar, de salir de la rutina, de escuchar… para seguir, para seguir implicada en la transmisión de lo que supone estar consciente en un mundo que cada vez va más rápido, que cada día parece exigir más y en el que las organizaciones buscan líderes, excelencia, productividad, rendimiento, creatividad… pero que a veces olvidan que, si las personas no están bien, las empresas no lo estarán y la sociedad tampoco.

Fueron tantos los profesionales que por allí pasaron que tendré que repasar mis notas más de una vez para integrar todo lo escuchado… Por ahora me quedo con algunas de las frases escuchadas:

  • ¿Qué me estoy perdiendo cada vez que pierdo el tiempo con el móvil? Janice Marturano
  • ¿De quién es el propósito que estoy viviendo? Javier Pladevall
  • ¿Cómo quiero estar en la vida? ¿Quién quiero ser? Patricio Barriga
  • Nuestra responsabilidad para cambiar el mundo comienza en nosotros mismos y la enseñanza a los demás  debe surgir desde nuestra transformación.  Pregúntate cada noche: ¿Qué has aprendido hoy y de qué te has dado cuenta? Cristina Jardón
  • Rendir más no es trabajar más, sino trabajar mejor, desde el bienestar físico y mental y desde la presencia consciente. Susana Cantón
  • Mindfulness no es un cursillo, es un modo de vivir, de trabajar. Es un estado de presencia en las organizaciones. Javier Cantera
  • Da tiempo, da palabras, da presencia. Jamie Bristow
  • El liderazgo será más o menos consciente en función de la mayor o menor relación con mi esencia. Estrella Bernal
  • La práctica de la meditación promueve la permisividad del error, de la distracción, para volver a la atención. Bruno Solari
  • … y mucho más…

Queda mucho camino por recorrer, conseguir una sociedad mejor, una empresa mejor, pasa por conseguir personas que estén mejor, líderes transformacionales, auténticos, que dejen atrás los métodos transaccionales premio-castigo; el líder del futuro ya no es solo mental, inspirador, carismático… es emocional y es consciente (Estrella Bernal).

En una sociedad cada vez más tecnológica a veces es difícil la desconexión pero ciertamente es imprescindible para la “conexión”… ¿Te apuntas al reto de buscar ratos de desconexión tecnológica, para estar atento a aquello en lo que debemos estar conectados?

¿Quién te crees que eres?

Imagen: Toya Pérez

El sufrimiento es una pesadilla que se cura despertando. Victor Creixell

Hace ya unos cuantos años tuve una profesora de inglés que solía decirnos: Who do you think you are? The Queen? Fue una frase que a mi amiga Rosa y a mí se nos quedó grabada y que hemos utilizado después en múltiples ocasiones, en modo broma “on”.  Con los años, esta frase fue cobrando un nuevo sentido.  ¿Quién creo que soy? ¿Mi profesión? ¿Mi función familiar? ¿Mi personalidad, mi identidad construida?

Podemos creernos la reina o la esclava. Nuestra mente nos puede llevar a terrenos arrogantes, donde nuestra verdad es la única y debemos imponerla. Otras veces nos lleva a la sumisión, a no creernos nuestra valía, a pensar que no vamos a estar a la altura, que somos inferiores y nos doblegamos a los deseos de los demás sin tomar conciencia de si eso es lo que realmente queremos o debemos hacer.

En cualquiera de los casos, serán respuestas de la mente, y no serán ciertas. Como bien cuenta Enrique Martínez Lozano, solo una respuesta desde la atención, desde la consciencia,  puede ser auténtica. No somos lo que pensamos que somos, y resulta que la respuesta a esta pregunta es la clave para nuestro bienestar profundo, para nuestra felicidad.  Curioso, ¿no?

Cuando practicamos mindfulness en clase, cuando entrenamos nuestra conciencia plena al presente, en ocasiones buscamos un objeto de atención, la respiración, la conversación, una pasa que comemos despacio, un movimiento consciente… En otras ocasiones simplemente observamos la mente, los pensamientos que afloran, aceptándolos sin alimentarlos, sin luchar, dejando que se expresen y también que se vayan.

En consecuencia, esa fusión cognitiva, ese creernos esa voz de la cabeza, se va desactivando. En el momento en el que nos damos cuenta de que podemos observar esos pensamientos y que, por tanto, no somos nada de lo que dicen, empieza el auténtico viaje del autoconocimiento profundo.

No hay experiencia más gratificante que mirar los ojos de una persona que despierta, que sale del letargo del piloto automático, que deja de creerse lo que su mente le dice, que deja de culpar a todo y a todos de su malestar, que empieza a descifrar los mensajes del cuerpo, de la vida y que comienza a darse cuenta de quién es de verdad.

Creixel, V. (2008 ) Del sufrimiento a la consciencia. Un camino a la libertad. Madrid: Bubok

 

¿Guerra…. o paz?

Imagénes: Toya Pérez

En realidad pensamos que resolviendo los problemas alcanzaremos la paz, cuando en realidad es abrazando la paz cuando los problemas se resuelven. José María Doria.

Aborrecemos la guerra.  Cuando vemos imágenes de Alepo o de otras partes del mundo, de miles de personas fallecidas o desplazadas a consecuencia de las guerras, nos horrorizamos, nos echamos las manos a la cabeza, nos preguntamos cómo puede ser posible, cómo podemos repetir una y otra vez los mismos desastres.

Y nos cuestionamos: ¿Qué pasa con el ser humano para que sea capaz de aniquilarse a sí mismo? ¿Qué hay detrás de tanta barbarie? ¿Por qué hay guerra?

Etty Hillesum, joven judía que escribió un diario durante la Segunda Guerra Mundial contestaba lo siguiente:

Quizá porque de cuando en cuando me enfurezco con mi vecino. Porque yo y mi vecino y todos los demás no tenemos suficiente amor. Sin embargo, podríamos luchar contra la guerra y todas sus excrecencias liberando, cada día, el amor que está maniatado en nuestro interior y dándole la oportunidad de vivir. Etty Hillesum

Cada vez que nos enfadamos con el vecino, con el cuñado, con el compañero de trabajo o con el dueño del bar de abajo, empezamos una pequeña guerra. Consideramos la guerra un conflicto mayor por el territorio, los alimentos, las riquezas, el poder, pero también existe por las diferencias en puntos de vista, filosofías, ideologías y creencias.  Vemos en el desacuerdo una amenaza hacia nuestra persona. Nos aferramos de tal manera a nuestras ideas y sistema de creencias que en el momento en que alguien sugiere que son equivocados, consideramos que está poniendo en duda y amenazando el relato de mi vida, y entramos en guerra, en pequeño o en grande.

Puede que discutamos, que dejemos de hablarnos, en algunos casos incluso se ha llegado a las manos, o peor… ¿Qué ocurre a veces en las gradas de los eventos deportivos? ¿Qué pasa con la violencia de género? Y sin ir tan lejos: ¿Con quién estoy en disputa continua? ¿A quién no puedo soportar? ¿Vemos las múltiples formas que la guerra toma a nuestro alrededor? ¿Vemos la lucha de egos, de lo que consideramos nuestro yo real y que no es más que una construcción?

¿Y que tienen en común todas estas situaciones? Aunque parezca increíble, sencillamente, la búsqueda del amor.  Todos buscamos amor, aunque las formas de hacerlo sean muy distintas según nuestro aprendizaje, condicionamiento, circunstancias, creencias… Podemos sentirnos dolidos cuando no nos dan lo que creemos que deben darnos,  podemos ver amenazadas nuestras aptitudes, o sentirnos abandonados, apaleados… En ocasiones proyectamos en el enemigo nuestros propios conflictos. Cuando atacamos a alguien, de la forma que sea, resulta de un impulso que proviene de un lugar herido, de un sentimiento de malestar que nos hace sentir la necesidad de arremeter contra ese alguien para sentirnos mejor y demostrar nuestra valía… Pero ¿realmente nos sentimos mejor? ¿O es algo temporal seguido de culpa?

No se trata de justificar nada. Se trata de comprender. Y a partir de la comprensión podremos practicar el “lo que no me gusta de ti, lo corrijo en mí”, podremos dejar de hacer la guerra contra nosotros mismos, contra nuestro círculo cercano, dejar de pensar que la guerra no va con nosotros y caminar hacia la paz, hacia ese “ser el cambio que queremos ver en el mundo” de Gandhi, conectando con esa paz y esa calma interior que tenemos más allá del personaje que hemos construido.

Para profundizar:

Hillesum, E. (2007). Una vida conmocionada: diario 1941-1943. Etty Hillesum. Editorial Anthropos

Foster, J. (2012) La más profunda aceptación. Despertar radical en la vida ordinaria. Málaga: Editorial Sirio.