El viaje de tu vida

Tengo que estar dispuesto a abandonar lo que soy para convertirme en lo que seré. Albert Einstein

Septiembre. Mes de vuelta al cole, de nuevos comienzos.  Dejamos atrás las vacaciones, la desconexión, el parar para poder seguir.  Y aquí estamos de nuevo, con fuerzas renovadas para seguir en este camino del autoconocimiento y del acompañamiento hacia nuestra vida mejor.

En septiembre es habitual que busquemos nuevas actividades para nuestro tiempo libre, en ocasiones es un nuevo idioma, otras veces es un gimnasio donde tratar de quemar los excesos del verano, y a menudo buscamos donde poder disfrutar de un hobby o de eso que nos falta en nuestra ocupación habitual.

A veces son las circunstancias las que nos van llevando hacia nuevas búsquedas. La vida nos va poniendo nuevos asuntos en los que poner en el foco y, aunque a veces sean dolorosos y no los comprendamos, pueden constituir una puerta que se abre hacia una nueva estancia más luminosa: los conflictos y problemas, la enfermedad, la desorientación, la insatisfacción, el estrés o la ansiedad,  la sensación de vacío…  a veces ni siquiera sabemos lo que nos pasa, pero sentimos que algo nos falta…

No es extraño que busquemos fuera: nueva casa, nuevo coche, nueva pareja, otro trabajo…, pero los parches externos no solucionan la sensación de viaje sin rumbo.  Muchas veces es la propia multiactividad y sobreocupación las que nos impiden ver más allá. El trabajo, los niños, la casa… el querer llegar a todo nos absorbe y no hay tiempo para preguntarnos dónde estoy o dónde quiero estar, cómo estoy o cómo quiero estar y mucho menos de hacernos la pregunta por excelencia: ¿quién soy yo?  Y a menudo son el miedo a lo desconocido o los prejuicios los que nos impiden comenzar el viaje interior.

Somos prisioneros de nuestra mente. Darse cuenta es el primer paso en el viaje de la liberación. Ram Dass

  • La práctica de la introspección y de la meditación puede darnos muchas claves: nos ayuda  a salir de nuestros patrones mentales, de nuestro condicionamiento, favorece la observación de nuestros pensamientos -frutos de nuestras creencias perfectamente instauradas- y nos permite viajar hacia nuestro yo profundo y conectar con nuestra esencia.
  • La respiración nos ayuda a sentir la vida en nosotros, a vivir en el presente, a relajarnos y dejar de oponer resistencia a la vida.
  • La práctica de la atención desarrolla nuestra capacidad de ver y comprender lo que sucede dentro y fuera de nosotros, favoreciendo que seamos capaces de tratar a nuestros semejantes y a nosotros mismos de manera más humana y compasiva.

Nuestro destino nunca es un lugar, sino una nueva forma de ver las cosas. Henry Miller

¿Te unes al viaje?

Para terminar, te dejo un enlace a esta valiente canción de Diana Navarro de su Álbum Resiliencia (¡Gracias, Alicia!)

Caminante no hay camino…

La atención crea el mundo. Javier García Campayo.

Imágenes: Toya Pérez

30 de junio. Fin de mes y fin del curso de Mindfulness para el bienestar que comenzamos en octubre en Ipace Psicología Aplicada; parón veraniego en las sesiones presenciales de Pepsico y ayer cerrando la temporada con un minicurso para profesores en Luis Dorao.  Agotada pero contenta, testimonios de “despertar”, de “me tomo la vida de otra forma”, de “estoy mucho mejor”, de “me noto y me notan más tranquila”,… hacen que merezca mucho la pena este camino.

El darse cuenta de que nuestros automatismos nos dominan y a veces nos llevan por el camino del estrés, del sufrimiento, del agobio… es el primer paso, pero no es suficiente.  Solo con la práctica constante de la atención podremos salir de esa ruta. Dejarnos llevar por nuestro cableado, nuestro software obsoleto, sin ser conscientes, es como pretender guiarnos por un navegador antiguo y que nos lleve a buen puerto.  Nos marcará una ruta, sí, pero solo si nos damos cuenta de que no es la adecuada y tomamos otra, conscientemente, podremos colocarnos en el camino apropiado.

Vivimos en una sociedad poco atenta… la tecnología no ayuda, nos distrae, hace que nos perdamos muchos momentos. Reprochamos a los hijos su adicción, pero nosotros estamos igual.  Les pedimos atención, pero nosotros tampoco podemos mantenerla durante mucho tiempo.  En ocasiones, preferimos entrenar nuestros músculos y no tenemos en cuenta la práctica de la atención, nos preocupamos de limpiar nuestra casa o el coche, pero no de revisar y limpiar aquellas creencias que ya no tienen sentido, que nos están limitando, que nos están haciendo sufrir a nosotros o a los que nos rodean.

Parar, tomar consciencia de nuestra respiración, nuestros pensamientos, sensaciones, emociones… salir de la voz de la cabeza, observar, sentir… y entrenar, practicar, formal e informalmente. Solo así podremos:

  • Integrar de verdad que somos más que todo eso que observamos
  • Conectar con nosotros para conectar con los otros
  • Dejar de sufrir y ser felices, que al fin y al cabo es de lo que se trata. En esta línea, te dejo un artículo de Javier García Campayo: La felicidad es estar atentos

¿Tienes ya claro como nuestra mente nos domina? Si no es así te invito a que leas este divertido escrito de Eva Vallejo, creo que refleja a la perfección el jueguito mental que normalmente nos traemos.

Mindfulness Eva Vallejo

¡Feliz y consciente verano!

 

Taller de Bienestar

Y como quien no quiere la cosa ha llegado junio… En breve se terminará el curso, el verano ya asoma, llega el tiempo del descanso, del desconectar de la rutina…

Y sin embargo, ya hemos pensado en la vuelta y te hago llegar una propuesta para el próximo curso.  En septiembre, Ramiro González, mi maestro durante los últimos 14 años, inaugura una nueva sala en la C/Colombia para seguir con la práctica del yoga y la meditación.

Espacio que contará además con la participación de Isabel, Maribel, Sagrario, Beatriz… Mi granito de arena consistirá en un Taller de Bienestar los lunes: una hora y media de parada, de teoría y práctica de mindfulness, de respiración y relajación,  meditación en grupo, yogaterapia… un espacio para conquistar el bienestar a través del conocimiento, pero sobre todo de la práctica. Será a las 19:00 a partir de septiembre 2017.

 

¿Te animas a esta búsqueda del bienestar?

¡Te esperamos!

 

 

 

Parar para poder seguir. Desconectar para conectar.

Imagen: Toya Pérez

No dejes que un mundo loco te diga que el éxito es otra cosa que un momento presente exitoso. Eckart Tolle

Nuestros pensamientos nos invaden gran parte del día, con tareas pendientes, juicios, preocupaciones, pasado, futuro… incluso la publicidad da buena cuenta últimamente de esta habitual rutina del no poder parar, como en este anuncio, en el que tras mucho ajetreo mental, su protagonista disfruta de unos instantes de atención plena en el lavado de su vehículo, lo que le permite tomar consciencia de lo importante sobre lo urgente.

Los pasados 25 y 26 de mayo tuve la oportunidad de acudir al I Congreso Internacional de Mindfulness en las Organizaciones del siglo XXI, organizado por el Dr. Javier García Campayo, de la Universidad de Zaragoza. Para mí fue un momento de parar, de salir de la rutina, de escuchar… para seguir, para seguir implicada en la transmisión de lo que supone estar consciente en un mundo que cada vez va más rápido, que cada día parece exigir más y en el que las organizaciones buscan líderes, excelencia, productividad, rendimiento, creatividad… pero que a veces olvidan que, si las personas no están bien, las empresas no lo estarán y la sociedad tampoco.

Fueron tantos los profesionales que por allí pasaron que tendré que repasar mis notas más de una vez para integrar todo lo escuchado… Por ahora me quedo con algunas de las frases escuchadas:

  • ¿Qué me estoy perdiendo cada vez que pierdo el tiempo con el móvil? Janice Marturano
  • ¿De quién es el propósito que estoy viviendo? Javier Pladevall
  • ¿Cómo quiero estar en la vida? ¿Quién quiero ser? Patricio Barriga
  • Nuestra responsabilidad para cambiar el mundo comienza en nosotros mismos y la enseñanza a los demás  debe surgir desde nuestra transformación.  Pregúntate cada noche: ¿Qué has aprendido hoy y de qué te has dado cuenta? Cristina Jardón
  • Rendir más no es trabajar más, sino trabajar mejor, desde el bienestar físico y mental y desde la presencia consciente. Susana Cantón
  • Mindfulness no es un cursillo, es un modo de vivir, de trabajar. Es un estado de presencia en las organizaciones. Javier Cantera
  • Da tiempo, da palabras, da presencia. Jamie Bristow
  • El liderazgo será más o menos consciente en función de la mayor o menor relación con mi esencia. Estrella Bernal
  • La práctica de la meditación promueve la permisividad del error, de la distracción, para volver a la atención. Bruno Solari
  • … y mucho más…

Queda mucho camino por recorrer, conseguir una sociedad mejor, una empresa mejor, pasa por conseguir personas que estén mejor, líderes transformacionales, auténticos, que dejen atrás los métodos transaccionales premio-castigo; el líder del futuro ya no es solo mental, inspirador, carismático… es emocional y es consciente (Estrella Bernal).

En una sociedad cada vez más tecnológica a veces es difícil la desconexión pero ciertamente es imprescindible para la “conexión”… ¿Te apuntas al reto de buscar ratos de desconexión tecnológica, para estar atento a aquello en lo que debemos estar conectados?

¿Quién te crees que eres?

Imagen: Toya Pérez

El sufrimiento es una pesadilla que se cura despertando. Victor Creixell

Hace ya unos cuantos años tuve una profesora de inglés que solía decirnos: Who do you think you are? The Queen? Fue una frase que a mi amiga Rosa y a mí se nos quedó grabada y que hemos utilizado después en múltiples ocasiones, en modo broma “on”.  Con los años, esta frase fue cobrando un nuevo sentido.  ¿Quién creo que soy? ¿Mi profesión? ¿Mi función familiar? ¿Mi personalidad, mi identidad construida?

Podemos creernos la reina o la esclava. Nuestra mente nos puede llevar a terrenos arrogantes, donde nuestra verdad es la única y debemos imponerla. Otras veces nos lleva a la sumisión, a no creernos nuestra valía, a pensar que no vamos a estar a la altura, que somos inferiores y nos doblegamos a los deseos de los demás sin tomar conciencia de si eso es lo que realmente queremos o debemos hacer.

En cualquiera de los casos, serán respuestas de la mente, y no serán ciertas. Como bien cuenta Enrique Martínez Lozano, solo una respuesta desde la atención, desde la consciencia,  puede ser auténtica. No somos lo que pensamos que somos, y resulta que la respuesta a esta pregunta es la clave para nuestro bienestar profundo, para nuestra felicidad.  Curioso, ¿no?

Cuando practicamos mindfulness en clase, cuando entrenamos nuestra conciencia plena al presente, en ocasiones buscamos un objeto de atención, la respiración, la conversación, una pasa que comemos despacio, un movimiento consciente… En otras ocasiones simplemente observamos la mente, los pensamientos que afloran, aceptándolos sin alimentarlos, sin luchar, dejando que se expresen y también que se vayan.

En consecuencia, esa fusión cognitiva, ese creernos esa voz de la cabeza, se va desactivando. En el momento en el que nos damos cuenta de que podemos observar esos pensamientos y que, por tanto, no somos nada de lo que dicen, empieza el auténtico viaje del autoconocimiento profundo.

No hay experiencia más gratificante que mirar los ojos de una persona que despierta, que sale del letargo del piloto automático, que deja de creerse lo que su mente le dice, que deja de culpar a todo y a todos de su malestar, que empieza a descifrar los mensajes del cuerpo, de la vida y que comienza a darse cuenta de quién es de verdad.

Creixel, V. (2008 ) Del sufrimiento a la consciencia. Un camino a la libertad. Madrid: Bubok

 

¿Guerra…. o paz?

Imagénes: Toya Pérez

En realidad pensamos que resolviendo los problemas alcanzaremos la paz, cuando en realidad es abrazando la paz cuando los problemas se resuelven. José María Doria.

Aborrecemos la guerra.  Cuando vemos imágenes de Alepo o de otras partes del mundo, de miles de personas fallecidas o desplazadas a consecuencia de las guerras, nos horrorizamos, nos echamos las manos a la cabeza, nos preguntamos cómo puede ser posible, cómo podemos repetir una y otra vez los mismos desastres.

Y nos cuestionamos: ¿Qué pasa con el ser humano para que sea capaz de aniquilarse a sí mismo? ¿Qué hay detrás de tanta barbarie? ¿Por qué hay guerra?

Etty Hillesum, joven judía que escribió un diario durante la Segunda Guerra Mundial contestaba lo siguiente:

Quizá porque de cuando en cuando me enfurezco con mi vecino. Porque yo y mi vecino y todos los demás no tenemos suficiente amor. Sin embargo, podríamos luchar contra la guerra y todas sus excrecencias liberando, cada día, el amor que está maniatado en nuestro interior y dándole la oportunidad de vivir. Etty Hillesum

Cada vez que nos enfadamos con el vecino, con el cuñado, con el compañero de trabajo o con el dueño del bar de abajo, empezamos una pequeña guerra. Consideramos la guerra un conflicto mayor por el territorio, los alimentos, las riquezas, el poder, pero también existe por las diferencias en puntos de vista, filosofías, ideologías y creencias.  Vemos en el desacuerdo una amenaza hacia nuestra persona. Nos aferramos de tal manera a nuestras ideas y sistema de creencias que en el momento en que alguien sugiere que son equivocados, consideramos que está poniendo en duda y amenazando el relato de mi vida, y entramos en guerra, en pequeño o en grande.

Puede que discutamos, que dejemos de hablarnos, en algunos casos incluso se ha llegado a las manos, o peor… ¿Qué ocurre a veces en las gradas de los eventos deportivos? ¿Qué pasa con la violencia de género? Y sin ir tan lejos: ¿Con quién estoy en disputa continua? ¿A quién no puedo soportar? ¿Vemos las múltiples formas que la guerra toma a nuestro alrededor? ¿Vemos la lucha de egos, de lo que consideramos nuestro yo real y que no es más que una construcción?

¿Y que tienen en común todas estas situaciones? Aunque parezca increíble, sencillamente, la búsqueda del amor.  Todos buscamos amor, aunque las formas de hacerlo sean muy distintas según nuestro aprendizaje, condicionamiento, circunstancias, creencias… Podemos sentirnos dolidos cuando no nos dan lo que creemos que deben darnos,  podemos ver amenazadas nuestras aptitudes, o sentirnos abandonados, apaleados… En ocasiones proyectamos en el enemigo nuestros propios conflictos. Cuando atacamos a alguien, de la forma que sea, resulta de un impulso que proviene de un lugar herido, de un sentimiento de malestar que nos hace sentir la necesidad de arremeter contra ese alguien para sentirnos mejor y demostrar nuestra valía… Pero ¿realmente nos sentimos mejor? ¿O es algo temporal seguido de culpa?

No se trata de justificar nada. Se trata de comprender. Y a partir de la comprensión podremos practicar el “lo que no me gusta de ti, lo corrijo en mí”, podremos dejar de hacer la guerra contra nosotros mismos, contra nuestro círculo cercano, dejar de pensar que la guerra no va con nosotros y caminar hacia la paz, hacia ese “ser el cambio que queremos ver en el mundo” de Gandhi, conectando con esa paz y esa calma interior que tenemos más allá del personaje que hemos construido.

Para profundizar:

Hillesum, E. (2007). Una vida conmocionada: diario 1941-1943. Etty Hillesum. Editorial Anthropos

Foster, J. (2012) La más profunda aceptación. Despertar radical en la vida ordinaria. Málaga: Editorial Sirio.

Llamando a torre de control…

Imagénes: Toya Pérez

El mundo no se puede comprender, pero se puede abrazar…  Martin Buber

No resulta fácil explicar con palabras lo que Enrique Martínez Lozano transmite en sus encuentros.  Quizás la palabra sea Paz, con mayúsculas, pero también humildad, amor, seguridad, sabiduría…

El pasado día 11 de abril, nos invitó a conectar con nuestro niño interior.  En ocasiones no somos conscientes de pequeñas o grandes heridas no cerradas, de cuestiones atascadas en la infancia que se manifiestan en nuestro presente en forma de sufrimiento, de conflicto repetitivo, de reacciones desproporcionadas, malestares…  Quizás no siempre nos sentimos valiosos, o a veces no supimos manejar ciertas emociones y se quedaron atrapadas en algún lugar de ese iceberg sumergido que es nuestro subconsciente.  Miedo, soledad, rechazo, culpa, inseguridad… gritan en la vida adulta pero surgen del niño que fuimos.

A través de la práctica meditativa podemos conectar con esos malestares, bien sean físicos o emocionales, tomar distancia, poner nuestra atención en ellos, permitiendo su presencia, relajando la tensión que producen y siendo compasivos con ellos, amándolos de la misma manera que amaríamos a una persona querida que estuviera pasando por ese dolor.  La neurociencia hoy ha demostrado que estos gestos son poderosos, que producen cambios en nuestros circuitos neuronales y en nuestra química cerebral.

El dolor nos endurece, nos tensa, es un mecanismo de defensa para protegernos, pero la propia tensión incrementa la sensación de dolor. La relajación es una herramienta muy importante que solemos practicar al principio de cada clase porque nos prepara para la meditación, nos ayuda a salir del hacer, del control, de la tensión que el día a día nos regala en forma de prisas, de un sinfín de tareas, exigencias –propias y ajenas-, perfeccionismos y “deberías” que a veces nos llevan a una vida sin vida.

Si ponemos un poco de atención a nuestro alrededor nos damos cuenta del sufrimiento que genera esta excesiva búsqueda de control, sobre todo si hemos estado atrapados por sus tentáculos durante mucho tiempo.  Control ilusorio, por otra parte, puesto que la realidad sigue su camino de manera inexorable y no aceptarlo es hacerle la guerra, es pretender cambiar lo que no se puede cambiar, negando el momento presente. Como el pasado jueves, cuando  Fernando me trajo a casa en moto después de yoga y me decía: “Tú relájate y déjate llevar, fluye con el movimiento, confía…”. Sí, sí, confía,  enseguida percibes cómo en cada curva te tensas e intentas ¿frenar?¿conducir?

Esa ansia de control, de seguridad, de querer que las cosas sean de una manera determinada, forma parte de nuestro personaje construido, surgen de ese niño interior herido que se coloca una careta con lo que cree que le falta. El control nos da una falsa sensación de seguridad, nos ayuda a mantener una imagen, creemos que nos evita sufrimiento, y es al revés.  Consideramos intolerable la incertidumbre, la impotencia, la incapacidad de controlar o la falta de seguridad y actuamos para aliviarlos, para escapar de ellos, cuando precisamente la solución está en:

  • No huir,  no resistirnos a esos sentimientos
  • Aceptar ese miedo, ese dolor, esa ansiedad
  • Darnos cuenta de que la vida no siempre se ajusta a nuestros planes
  • Percibir que la realidad manda y que nosotros no tenemos el control
  • Ver las cosas como son, no como queremos que sean

Sin olvidar que aceptar no es claudicar, ni rendirse, ni mucho menos resignarse, ni estar de acuerdo, no es pasividad, ni desapego… es alinearnos con la realidad, sean nubes, olas, tormentas, luz u oscuridad.

Para profundizar:

Foster, J. (2012) La más profunda aceptación. Despertar radical en la vida ordinaria. Málaga: Editorial Sirio.

Cuéntame ¿cómo pasó?

Imágenes: Toya Pérez

No es que siendo como somos no pidamos; más bien el no pedir nos hace ser como somos. Rafael Echeverría

Marzo, otro mes más que hemos dejado atrás, y en el que nos hemos centrado en la parte más social de la búsqueda del bienestar.  Somos seres sociales y en nuestras interacciones diarias con otras personas, bien en casa, en el trabajo o en nuestro ocio, surgen muchas veces roces o malentendidos que nos provocan malestar, sufrimiento y pueden ser obstáculos en nuestro aprendizaje y evolución.

Como nos dice Rafael Echeverría en su Ontología del Lenguaje:

  • Los seres humanos somos seres lingüísticos
  • El lenguaje no es solo descripción, también es acción
  • Nos creamos en el lenguaje y a través de él, por lo que tenemos la posibilidad de diseñar nuestra forma de ser.

Aquello que decimos, o dejamos de decir, así como la manera en la que lo decimos, pueden generar nuevas relaciones, compromisos, posibilidades, futuros, realidades… nos transforma, constituyendo además nuestra forma de ser, que no es fija o inmutable, sino cambiante según nuestras acciones.

La escucha es parte importante de este proceso comunicativo.  No estamos acostumbrados a escuchar: muchas veces interrumpimos construyendo las frases del otro, dando por hecho que sabemos lo que va a decir o para contar lo nuestro, reaccionamos con impulsividad, enjuiciamos el habla del otro o nos desconectamos y divagamos en nuestros temas pendientes.

Escuchar es regalar al otro nuestra presencia, es poner los cinco sentidos a lo que nos dicen y ser conscientes de la forma de ser especial de cada uno, abrirnos a la diferencia, a la comprensión.  De nuevo la atención plena nos ayuda a esta escucha mindfulness, consciente, no solo a lo que nos dicen, también a las emociones del otro, a nuestros juicios, a nuestra forma de interpretar el mensaje…

Nuestras conversaciones nos abrirán o cerrarán posibilidades, transformarán nuestra forma de ser, mostrarán qué tipo de observadores somos, qué juicios se esconden detrás de lo que decimos.  Quizás no seamos del todo conscientes, pero la forma en que nos comunicamos, nuestros problemas o miedos a la hora de pedir, o de decir que no, perdona,  te quiero, gracias, no lo sé… nos definen y diseñan nuestros futuros, mostrando además la salud de nuestras relaciones interpersonales.

¿Cómo evalúas tu capacidad de escucha?  ¿Los demás te escuchan a ti? ¿Sabes pedir aquello que necesitas?  ¿Sabes decir que no a aquello que no quieres hacer?  ¿Eres consciente del poder transformador del lenguaje? Pon atención y observa…

Echeverría, R. (2005) La ontología del lenguaje. Chile: J.C. Sáez

El arte de comer atentamente

Imágenes: Toya Pérez

“Comer es una necesidad, pero comer inteligentemente es un arte” Francois de La Rochefoucauld

Dentro de las iniciativas para potenciar el bienestar de los empleados, el pasado miércoles 22, asistimos a una charla sobre nutrición impartida por la doctora y nutricionista Magda Carlas. Nos vino bien que nos recordara que nuestra dieta debe:

  • Ser  equilibrada, realista, adaptada a nuestra edad, gustos, circunstancias y ritmo de vida
  • Incluir alimentos frescos, fruta y verdura variada cada día, aceite de oliva, sin olvidarnos de beber mucha agua
  • Cocinarse preferentemente al vapor, horno o plancha
  • Limitar el consumo de grasas saturadas, sal, azúcar y alcohol
  • Acompañarse de ejercicio físico  diario

Ya nos suena, sí…  Pero, ¿por qué, si la teoría nos la sabemos, cometemos tantos errores a la hora de alimentarnos? Como factores condicionantes, mencionó la falta de tiempo, el comer fuera de casa, la economía, la costumbre o hábitos adquiridos en nuestras familias y otros factores psicológicos como el estrés, la depresión, la ansiedad, problemas familiares, admitiendo la importancia del equilibrio emocional en nuestra dieta.

En los talleres de mindfulness también prestamos mucha atención a la alimentación.  Sobre todo al cómo comemos: ¿Con prisas? ¿Con el móvil o la televisión? ¿Ponemos consciencia en lo que comemos o estamos en nuestra cháchara mental? ¿Estamos en el aroma, sabor, textura…? ¿O más bien engullimos sin darnos casi cuenta?¿Cómo nos relacionamos con la comida?

Las prácticas de atención plena en la alimentación nos invitan a tomar conciencia de todas estas cuestiones, con el fin de mejorar nuestra relación con la comida y conseguir que sea  equilibrada, respetuosa, saludable y gozosa.  Para ello tendremos también que evaluar qué emociones están implicadas en nuestra forma de comer. Hay ¿ansiedad? ¿culpa? ¿miedo? ¿enfado? ¿tristeza?… ¿es sustituto de algo? ¿es flexible, abierta a lo nuevo o rígida?  Nuestra manera de alimentarnos puede darnos mucha información sobre nuestros conflictos, carencias, miedos, deseos… ¿Qué vacíos queremos llenar con la comida? ¿Qué pensamientos nos invaden?

Nuestros cerebros se desarrollaron para sobrevivir a la escasez, nos atraen las comidas altas en grasa y azúcar por defecto, los circuitos del placer son fáciles de activar, así que si nuestro modo de vida es el piloto automático, la inconsciencia,  reaccionaremos más que responderemos, nos dejaremos llevar y no seremos dueños de nuestras elecciones, en este caso gastronómicas.

¿Cómo me relaciono con mi hambre mental, mi hambre emocional, mi hambre física? ¿Sé diferenciarlas? ¿Sé saciarlas? ¿De qué tengo hambre realmente?

Comer atentos puede crear una relación nueva con la comida. Cuando comemos con atención plena usamos todos nuestros sentidos, deliberadamente, para estar presentes en lo que nos llevamos a la boca, masticando, saboreando,  percibiendo sabores, olores, texturas, colores… para disfrutar comiendo a la vez que nos nutrimos.

Y además:

  • Nos da poder, nos reconecta con nuestra sabiduría interna para reconocer el hambre y la saciedad,  liberándonos de patrones reactivos habituales
  • Nos invita a realizar elecciones que apoyen la salud y el bienestar, en lugar de dejarnos llevar por hábitos inconscientes
  • Nos ayuda a ser compasivos con nosotros mismos, a huir de patrones perfeccionistas y controladores que nos hacen sufrir, abriendo espacio a ser flexibles y pacientes.
  • Nos hace conscientes de la interconexión de la tierra, los seres vivos y las prácticas culturales, así como del impacto que nuestras elecciones tienen en estos sistemas, animándonos a hacer un uso más consciente de los recursos, evitando la sobrealimentación, puesto que comer con atención plena conduce a más satisfacción con menos comida y mayor sentimiento de bienestar.

Para saber más: The center for minful eating

 

 

¿Dónde te apetece poner el foco hoy?

Imágenes: Toya Pérez

¡Qué bien estamos! Araceli Elorrieta

Durante los días 1 y 2 de marzo, en la sede de la UNED de Vitoria, el Dr. Juan Carlos Pérez González nos brindó la oportunidad de viajar a la emoción desde la ciencia y de comprobar, una vez más, la importancia de la inteligencia emocional en nuestra felicidad.  Cuando mejora, lo hace también nuestra salud psicológica, el bienestar, la calidad de vida, así como la salud física -hay estudios que demuestran que se reduce el cortisol y el azúcar en sangre-.  La inteligencia emocional influye en nuestro desarrollo personal, profesional y académico.

La relajación, la meditación son estrategias de regulación emocional que aumentan la capacidad de enfocar la atención y de modular la respuesta ante los estímulos.  Estamos programados para prestar atención a lo negativo para sobrevivir. Lo positivo no suele ser peligroso, por lo que nos cuesta más  dirigir nuestra mirada a todo lo bueno que nos rodea, y de ahí que sea preciso entrenar para no dejarnos llevar por estos instintos primarios de supervivencia. Tener una madre como la mía que cada poco dice “¡Qué bien estamos!” resulta de maravillosa ayuda (¡Gracias!), lo que no evita que siga practicando porque, evidentemente, no siempre es fácil llevarlo a cabo. Como decía un compañero de trabajo esta mañana, podemos usar el dolor como una piedra en el camino, o como una zona para acampar (Alan Cohen). En la vida no todo van a ser rosas, pero cuánto tiempo nos enfoquemos en la piedra o cuánto en la flor sí será nuestra elección.

Entrenar la atención nos ayuda a desconectar el piloto automático, a estar presentes, a despertar a una nueva forma de vivir. Su práctica, además de la reducción del estrés  y de la ansiedad, de mejorar la regulación emocional y el autoconocimiento, produce cambios en nuestro cerebro, incrementando la capacidad de concentración, de percibir esos pequeños detalles que pueden ser la diferencia entre bienestar y malestar, de decidir donde ponemos “el foco”.

Además de disfrutar con este curso de la UNED, tuve la oportunidad de compartir pupitre con Leticia Garcés Larrea, increíble profesional de la educación emocional, y de darme cuenta -de nuevo- de cómo la vida te va poniendo delante las personas adecuadas en cada momento. Visita su web aquí.

La pregunta que podemos hacernos hoy sería: ¿dónde queremos poner el foco? ¿En lo bueno que la vida nos ofrece, en las oportunidades, en el crecimiento y la evolución? ¿O preferimos seguir dejándonos llevar por el modo defecto programado para el peligro, los problemas y el miedo?

Entrenar la atención nos permite dejar de estar desconectados:

  • Del presente, de nuestras sensaciones, percepciones, impulsos, emociones, pensamientos, de lo que decimos, de nuestros cuerpos, de nuestra intuición.
  • De nuestros sentidos,  de los sonidos que nos transmite el aire, de la belleza de las flores , de la naturaleza, del olor de la tierra mojada…
  • De la vida, del mundo externo, del efecto que provocamos en los demás, de lo que les preocupa o interesa, de lo que dicen detrás de sus palabras.
  • De todo lo positivo que tenemos, de todos los pequeños y maravillosos detalles que cada día asoman y no somos capaces de ver porque estamos distraídos con nuestras preocupaciones mentales, obsesionados con el pasado o el futuro…

Como guinda del pastel, el 7 de marzo Enrique Martínez Lozano volvió a engancharnos en Adurza con su manera de explicar lo inexplicable, con su forma de despertarnos de la hipnosis en que vivimos cuando nos identificamos con las construcciones de la mente, que piensa que la felicidad es algo que está fuera de nosotros y además en el futuro.

Tomar distancia de nuestro parloteo mental,  acallar su incesante discurso entrenando la atención nos permite conectar con nuestra plenitud, nuestra esencia, con “La dicha de Ser.

Hoy te invito otra vez a ver un vídeo de Fernando Valero. ¿Podrás dedicarle 8 minutos de atención?

Kabat-Zinn, J. (2005). La práctica de la atención plena. Barcelona: Kairós.

Tienes un email…. Remitente: Tu cuerpo.

Imágenes: Toya Pérez

El cuerpo nos habla en susurros; si no somos conscientes de su mensaje, nos habla más alto; si aún no sabemos entender o no hacemos caso, nos sigue hablando más y más alto hasta que nos da un grito…

Eric Rolf.

¡Y ya estamos en marzo! Es increíble cómo pasan las semanas…  En clase, hemos dedicado el mes de febrero a profundizar en la escucha al cuerpo, al síntoma, a pasar de entenderlo como un acontecimiento inoportuno que debe ser reprimido lo antes posible, a verlo como la forma que tiene el cuerpo de expresarse, de decirnos que quizás algo no anda del todo bien.

La atención juega un papel fundamental.  Si nuestra atención se dirige al problema, a la crisis, se centra en uno mismo y se enreda con la narración que nos contamos acerca del tema, nuestra ansiedad y temor aumentarán, lo que, lejos de favorecernos, nos restará energía y ralentizará la curación.

Si, por el contrario, conectamos con el modo en que experimentamos el síntoma, si dirigimos nuestra atención a nuestras reacciones, sin interpretaciones, sin juicios… Si damos la bienvenida a lo que sea que aflora –ira, rechazo, miedo, desesperación, resignación -, tomando distancia, sin dejarnos arrastrar… estaremos procurando una atención “sabia” a la enfermedad, a los síntomas que están aquí y ahora formando parte de nuestra experiencia.

Prestar atención sabia al síntoma significa dejar de identificarse con él, de reprimirlo, de esconderlo, dejar de “matar al mensajero”, de limitar nuestras posibilidades y, en consecuencia, dejar de alejarnos del aprendizaje y del crecimiento.

La causa de la enfermedad es multifactorial, no vamos a poder intervenir en absolutamente todas sus causas, pero sí podemos aportar mucho con esta escucha al cuerpo, con esta toma de conciencia de los mensajes que nos envía, para tomar las riendas y poner todo lo que esté de nuestra parte, desde la comprensión y el amor. Si tu cuerpo se rompe, ¿dónde vivirás?  A veces nos preocupan más las goteras de la casa, los arreglos del coche, que las averías de nuestro propio cuerpo… ¿Eres consciente de tus “goteras”?  Quizás te estén indicando dónde mirar:

  • ¿En tu alimentación?
  • ¿En el ejercicio físico que haces o dejas de hacer?
  • ¿En tus horas y calidad de sueño?
  • ¿En cómo te tomas las cosas? ¿Vives en la prisa, en el estrés continuo? ¿Buscas una perfección imposible, un control extremo, la seguridad absoluta? ¿Te preocupa en exceso el qué dirán, el futuro? ¿O es el pasado el que te está superando? ¿Te sientes imprescindible? ¿Te atrapan unos barrotes de creencias, dogmas, normas sociales que limitan tu crecimiento? ¿Te quieres?
  • ¿O debes dirigir tu mirada a tu propósito de vida?

La meditación nos ayuda a trabajar con el dolor, con las crisis. No es casualidad que se parezca tanto a medicación. Mindfulness implica el esfuerzo deliberado de observar y aceptar, instante tras instante, el malestar físico y las emociones más encrespadas.

Como nos dice Jon Kabat-Zinn, una actitud mindfulness en la enfermedad sería:

“La disposición de acercarse al dolor, abrirse instante tras instante y aprender de él de un modo amable y compasivo con un mismo. Abrirse a las experiencias desagradables y no queridas con la intención de aprender de ellas»

De acuerdo, no es fácil… requiere práctica… como casi todo…

Para saber más:

Bertherat, T. y Bernstein, C. (1976). El cuerpo tiene sus razones. Madrid: Paidós.

Bizkarra, K. (2005). Cuidarte para curarte. Madrid: Dilema.

Dethlefsen, T. y Rudiger, D. (2009). La enfermedad como camino. Barcelona: Debolsillo.

Kabat-Zinn, J. (2016). Vivir con plenitud las crisis. Barcelona: Kairós.

Maris Maruso, S. (2011). El laboratorio del alma.  Barcelona: Vergara.

Rolf, E. (2015). La medicina del alma. Barcelona: Zenith.

De máscaras y personajes. Llámalo X.

Foto: Toya Pérez

Simplemente, sed conscientes. Sea lo que sea que estáis haciendo… al llevar una máscara, sed conscientes; llevadla a sabiendas. No debería ser algo automático. Osho.

Fin de semana de disfraces, de máscaras, caretas, pelucas y de cambio de identidad.  Por unas horas nos metemos en otro papel, en otro personaje.  Es tiempo de carnaval, de disfrazarse, “es lo que toca”.  Después nos quitaremos la careta y nos quedaremos con otra máscara, la nuestra, la que hemos construido a lo largo de nuestra historia vital, la que hemos formado a base de creencias, de miedos,  esquemas mentales, emocionales…  Ese “yo soy así” en el que nos escudamos y excusamos.

Podemos llamarlo identidad, forma de ser, personalidad, ego, falso yo… llámalo X. Nos identificamos con ese personaje construido, nos creemos que somos las múltiples máscaras que ponemos en acción en los distintos escenarios de nuestra vida: el yo juez, el yo salvador, el yo generoso, el yo valiente, el yo víctima, el yo responsable, el yo perfeccionista, el yo capaz o incapaz…

Caretas creadas para agradar, para ser aceptados, para que nos quieran, para tapar nuestros complejos, para dar buena imagen, para alcanzar nuestros deseos… todo según lo que nosotros identificamos como correcto según nuestras normas, vivencias y aprendizajes.

Y cuanto más nos identificamos con el personaje más nos alejamos de nuestro auténtico yo, el yo interior, el yo sabio, el yo de la calma y serenidad, de la intuición, de la felicidad, del amor…  el yo al que deberíamos escuchar y que debería ser nuestro maestro de vida. Llámalo esencia, llámalo alma, espíritu, energía…  llámalo X.

Pero no pensemos que el ego es malo y que hay que hacerlo desaparecer.  El ego tiene su misión, como la tienen nuestros pulmones, dientes o manos.  Se trata simplemente de tomar la distancia adecuada y darnos cuenta de que:

  • Es un instrumento más para nuestra experiencia vital,  que debería estar al servicio de nuestro yo auténtico, -al igual que lo está nuestro cuerpo-, y no al revés.
  • Cuando nos enfadamos, nos frustramos, nos quejamos porque las cosas no son como nos gustaría que fueran, estamos en la mente, en el ego, en ese personaje que cree saber lo que nos conviene.
  • Esta inconsciencia, este vivir identificado con la voz de nuestra cabeza nos impide aceptar aquello que se escapa a nuestro control. Nos hace reaccionar en lugar de responder, nos lleva a enjuiciar, criticar, a escondernos en nuestros miedos, a buscar fuera incansablemente lo que tenemos dentro.  Nos genera sufrimiento.

En la búsqueda del bienestar, la atención a esta identificación nos permitirá salir de ella. La práctica de la meditación es uno de los caminos.

Días de disfraces, de alter egos, de personajes.  Cuando te quites la máscara de carnaval, ¿elegirás ego o esencia? ¿Miedo o amor?

¿Conoces los videos de Fernando Valero? Te invito a descubrirlos… cascos, pantalla completa… y ¡fluye!

El arte de generar posibilidades

La gente olvidará lo que hiciste, olvidará lo que dijiste, pero nunca olvidará cómo le hiciste sentir. Maya Angelou.

Los días 10 y 11 de febrero se han celebrado en el Palacio de Congresos Europa de Vitoria-Gasteiz las II Jornadas de Apego, Resiliencia y Parentalidad positiva, en las que tuve el honor de participar.

Empezamos el viernes 10 con Ritxar Bacete y su P de padre, enseñándonos cómo ejercer la parentalidad provoca transformación a todos los niveles; Iñigo Ochoa de Alda y sus cuentos a medida, que curan a través del narrador, de la vinculación con el niño o la niña a quien van dirigidos, de su amor y confianza; Alberto Rodríguez y su llamada a la creatividad y la autenticidad en la intervención; Marta Nieto y su sensibilidad, su música terapéutica, su conexión con las historias musicales…

La siguiente soy yo… los nervios afloran.  Las mariposas en el estómago no me parecen mariposas, se me asemejan más a un animalito que se aferra con fuerza y me oprime por dentro,  el corazón se acelera, la saliva escasea… un escenario vacío esperando, no hay Power Point de apoyo, no hay mesa donde esconderse … más de 300 personas esperando oírte.  Microfonito tipo Beyoncé en marcha, Marta Elvira increíble dinamizadora del evento me acompaña, no hay vuelta atrás… ¿me acordaré de mi guion? ¿Estaré a la altura? ¿Sabré transmitir el mensaje?  El cerebro ejerce su misión… lanza todo tipo de señales de huida, ¿está en juego la supervivencia? No, pero el cerebro no es infalible, interpreta que sí… Las creencias le ayudan a establecer que hay peligro.

Empiezo…  Voz de la cabeza, mente pensante, piloto automático, ¿somos conscientes? Déficit de atención de padres, ocupados, poco presentes y cuando lo estamos, demasiado sumidos en nuestros pensamientos y preocupaciones… Mindfulness, atención plena, conciencia plena, no es nuevo, pero sí necesario, en un mundo estresado, excesivamente estimulado, volcado en el exterior… la Vida nos pide el regreso, volver la mirada al interior.

Educar, guiar, sacar lo mejor del otro, hacer que brille, que florezca, pero ¿sabemos ser nuestra mejor versión? ¿sabemos ir a ese espacio donde habita la calma y la serenidad? Desde ahí podemos pilotar, podemos tomar las riendas, conectar con nuestra esencia para conectar con la esencia del otro…

Mindfulness es tomar distancia de esa voz continua, pero al mismo tiempo es conexión con lo que somos, es compasión, compasión horizontal, no vertical, comprensión del sufrimiento del otro, deseo de aliviarlo, es humanidad compartida.  Es despertar, es salir del “día de la marmota”, es estar atentos, lúcidos, para elegir entre el infinito abanico de oportunidades que la Vida nos presenta cada instante.

Conocer la fórmula del agua no quita la sed,  mindfulness no es teoría, es vivencia… Nos metemos unos minutos para dentro, para convertirnos en observadores de la cháchara mental. Ya no hay nervios, la saliva ha regresado, el cerebro ha entendido que no hay peligro y todo fluye.

Las jornadas continúan el sábado 11 con tres auténticas joyas:

  • Rosa María Fernández. Doctora en Biología, y doctora en Maternidad de adopción. Autora de “Entre hipocampos y neurogénesis”, profesora de universidad y de maestros con incapacidad para conectar con la biología del abandono.
  • María José Rodrigo.  Catedrática de Psicología Evolutiva nos instruye sobre diversidad familiar, parentalidad en riesgo, factores de protección, preservación familiar, resiliencia familiar.
  • Rafa Benito. Psiquiatra. Clase magistral sobre el cerebro y resiliencia, no todo está en los genes. SE PUEDE.

Biraka: Iñigo, Sagra, Sergio… Ruth, Gemma, Patricia… GRACIAS, por la oportunidad, por abrirnos a estos estos maravillosos profesionales, por vuestro buen hacer, por las ganas de seguir fomentando los buenos tratos. ¡Chapeau!