Cuéntame ¿cómo pasó?

Imágenes: Toya Pérez

No es que siendo como somos no pidamos; más bien el no pedir nos hace ser como somos. Rafael Echeverría

Marzo, otro mes más que hemos dejado atrás, y en el que nos hemos centrado en la parte más social de la búsqueda del bienestar.  Somos seres sociales y en nuestras interacciones diarias con otras personas, bien en casa, en el trabajo o en nuestro ocio, surgen muchas veces roces o malentendidos que nos provocan malestar, sufrimiento y pueden ser obstáculos en nuestro aprendizaje y evolución.

Como nos dice Rafael Echeverría en su Ontología del Lenguaje:

  • Los seres humanos somos seres lingüísticos
  • El lenguaje no es solo descripción, también es acción
  • Nos creamos en el lenguaje y a través de él, por lo que tenemos la posibilidad de diseñar nuestra forma de ser.

Aquello que decimos, o dejamos de decir, así como la manera en la que lo decimos, pueden generar nuevas relaciones, compromisos, posibilidades, futuros, realidades… nos transforma, constituyendo además nuestra forma de ser, que no es fija o inmutable, sino cambiante según nuestras acciones.

La escucha es parte importante de este proceso comunicativo.  No estamos acostumbrados a escuchar: muchas veces interrumpimos construyendo las frases del otro, dando por hecho que sabemos lo que va a decir o para contar lo nuestro, reaccionamos con impulsividad, enjuiciamos el habla del otro o nos desconectamos y divagamos en nuestros temas pendientes.

Escuchar es regalar al otro nuestra presencia, es poner los cinco sentidos a lo que nos dicen y ser conscientes de la forma de ser especial de cada uno, abrirnos a la diferencia, a la comprensión.  De nuevo la atención plena nos ayuda a esta escucha mindfulness, consciente, no solo a lo que nos dicen, también a las emociones del otro, a nuestros juicios, a nuestra forma de interpretar el mensaje…

Nuestras conversaciones nos abrirán o cerrarán posibilidades, transformarán nuestra forma de ser, mostrarán qué tipo de observadores somos, qué juicios se esconden detrás de lo que decimos.  Quizás no seamos del todo conscientes, pero la forma en que nos comunicamos, nuestros problemas o miedos a la hora de pedir, o de decir que no, perdona,  te quiero, gracias, no lo sé… nos definen y diseñan nuestros futuros, mostrando además la salud de nuestras relaciones interpersonales.

¿Cómo evalúas tu capacidad de escucha?  ¿Los demás te escuchan a ti? ¿Sabes pedir aquello que necesitas?  ¿Sabes decir que no a aquello que no quieres hacer?  ¿Eres consciente del poder transformador del lenguaje? Pon atención y observa…

Echeverría, R. (2005) La ontología del lenguaje. Chile: J.C. Sáez

El arte de comer atentamente

Imágenes: Toya Pérez

“Comer es una necesidad, pero comer inteligentemente es un arte” Francois de La Rochefoucauld

Dentro de las iniciativas para potenciar el bienestar de los empleados, el pasado miércoles 22, asistimos a una charla sobre nutrición impartida por la doctora y nutricionista Magda Carlas. Nos vino bien que nos recordara que nuestra dieta debe:

  • Ser  equilibrada, realista, adaptada a nuestra edad, gustos, circunstancias y ritmo de vida
  • Incluir alimentos frescos, fruta y verdura variada cada día, aceite de oliva, sin olvidarnos de beber mucha agua
  • Cocinarse preferentemente al vapor, horno o plancha
  • Limitar el consumo de grasas saturadas, sal, azúcar y alcohol
  • Acompañarse de ejercicio físico  diario

Ya nos suena, sí…  Pero, ¿por qué, si la teoría nos la sabemos, cometemos tantos errores a la hora de alimentarnos? Como factores condicionantes, mencionó la falta de tiempo, el comer fuera de casa, la economía, la costumbre o hábitos adquiridos en nuestras familias y otros factores psicológicos como el estrés, la depresión, la ansiedad, problemas familiares, admitiendo la importancia del equilibrio emocional en nuestra dieta.

En los talleres de mindfulness también prestamos mucha atención a la alimentación.  Sobre todo al cómo comemos: ¿Con prisas? ¿Con el móvil o la televisión? ¿Ponemos consciencia en lo que comemos o estamos en nuestra cháchara mental? ¿Estamos en el aroma, sabor, textura…? ¿O más bien engullimos sin darnos casi cuenta?¿Cómo nos relacionamos con la comida?

Las prácticas de atención plena en la alimentación nos invitan a tomar conciencia de todas estas cuestiones, con el fin de mejorar nuestra relación con la comida y conseguir que sea  equilibrada, respetuosa, saludable y gozosa.  Para ello tendremos también que evaluar qué emociones están implicadas en nuestra forma de comer. Hay ¿ansiedad? ¿culpa? ¿miedo? ¿enfado? ¿tristeza?… ¿es sustituto de algo? ¿es flexible, abierta a lo nuevo o rígida?  Nuestra manera de alimentarnos puede darnos mucha información sobre nuestros conflictos, carencias, miedos, deseos… ¿Qué vacíos queremos llenar con la comida? ¿Qué pensamientos nos invaden?

Nuestros cerebros se desarrollaron para sobrevivir a la escasez, nos atraen las comidas altas en grasa y azúcar por defecto, los circuitos del placer son fáciles de activar, así que si nuestro modo de vida es el piloto automático, la inconsciencia,  reaccionaremos más que responderemos, nos dejaremos llevar y no seremos dueños de nuestras elecciones, en este caso gastronómicas.

¿Cómo me relaciono con mi hambre mental, mi hambre emocional, mi hambre física? ¿Sé diferenciarlas? ¿Sé saciarlas? ¿De qué tengo hambre realmente?

Comer atentos puede crear una relación nueva con la comida. Cuando comemos con atención plena usamos todos nuestros sentidos, deliberadamente, para estar presentes en lo que nos llevamos a la boca, masticando, saboreando,  percibiendo sabores, olores, texturas, colores… para disfrutar comiendo a la vez que nos nutrimos.

Y además:

  • Nos da poder, nos reconecta con nuestra sabiduría interna para reconocer el hambre y la saciedad,  liberándonos de patrones reactivos habituales
  • Nos invita a realizar elecciones que apoyen la salud y el bienestar, en lugar de dejarnos llevar por hábitos inconscientes
  • Nos ayuda a ser compasivos con nosotros mismos, a huir de patrones perfeccionistas y controladores que nos hacen sufrir, abriendo espacio a ser flexibles y pacientes.
  • Nos hace conscientes de la interconexión de la tierra, los seres vivos y las prácticas culturales, así como del impacto que nuestras elecciones tienen en estos sistemas, animándonos a hacer un uso más consciente de los recursos, evitando la sobrealimentación, puesto que comer con atención plena conduce a más satisfacción con menos comida y mayor sentimiento de bienestar.

Para saber más: The center for minful eating

 

 

¿Dónde te apetece poner el foco hoy?

Imágenes: Toya Pérez

¡Qué bien estamos! Araceli Elorrieta

Durante los días 1 y 2 de marzo, en la sede de la UNED de Vitoria, el Dr. Juan Carlos Pérez González nos brindó la oportunidad de viajar a la emoción desde la ciencia y de comprobar, una vez más, la importancia de la inteligencia emocional en nuestra felicidad.  Cuando mejora, lo hace también nuestra salud psicológica, el bienestar, la calidad de vida, así como la salud física -hay estudios que demuestran que se reduce el cortisol y el azúcar en sangre-.  La inteligencia emocional influye en nuestro desarrollo personal, profesional y académico.

La relajación, la meditación son estrategias de regulación emocional que aumentan la capacidad de enfocar la atención y de modular la respuesta ante los estímulos.  Estamos programados para prestar atención a lo negativo para sobrevivir. Lo positivo no suele ser peligroso, por lo que nos cuesta más  dirigir nuestra mirada a todo lo bueno que nos rodea, y de ahí que sea preciso entrenar para no dejarnos llevar por estos instintos primarios de supervivencia. Tener una madre como la mía que cada poco dice “¡Qué bien estamos!” resulta de maravillosa ayuda (¡Gracias!), lo que no evita que siga practicando porque, evidentemente, no siempre es fácil llevarlo a cabo. Como decía un compañero de trabajo esta mañana, podemos usar el dolor como una piedra en el camino, o como una zona para acampar (Alan Cohen). En la vida no todo van a ser rosas, pero cuánto tiempo nos enfoquemos en la piedra o cuánto en la flor sí será nuestra elección.

Entrenar la atención nos ayuda a desconectar el piloto automático, a estar presentes, a despertar a una nueva forma de vivir. Su práctica, además de la reducción del estrés  y de la ansiedad, de mejorar la regulación emocional y el autoconocimiento, produce cambios en nuestro cerebro, incrementando la capacidad de concentración, de percibir esos pequeños detalles que pueden ser la diferencia entre bienestar y malestar, de decidir donde ponemos “el foco”.

Además de disfrutar con este curso de la UNED, tuve la oportunidad de compartir pupitre con Leticia Garcés Larrea, increíble profesional de la educación emocional, y de darme cuenta -de nuevo- de cómo la vida te va poniendo delante las personas adecuadas en cada momento. Visita su web aquí.

La pregunta que podemos hacernos hoy sería: ¿dónde queremos poner el foco? ¿En lo bueno que la vida nos ofrece, en las oportunidades, en el crecimiento y la evolución? ¿O preferimos seguir dejándonos llevar por el modo defecto programado para el peligro, los problemas y el miedo?

Entrenar la atención nos permite dejar de estar desconectados:

  • Del presente, de nuestras sensaciones, percepciones, impulsos, emociones, pensamientos, de lo que decimos, de nuestros cuerpos, de nuestra intuición.
  • De nuestros sentidos,  de los sonidos que nos transmite el aire, de la belleza de las flores , de la naturaleza, del olor de la tierra mojada…
  • De la vida, del mundo externo, del efecto que provocamos en los demás, de lo que les preocupa o interesa, de lo que dicen detrás de sus palabras.
  • De todo lo positivo que tenemos, de todos los pequeños y maravillosos detalles que cada día asoman y no somos capaces de ver porque estamos distraídos con nuestras preocupaciones mentales, obsesionados con el pasado o el futuro…

Como guinda del pastel, el 7 de marzo Enrique Martínez Lozano volvió a engancharnos en Adurza con su manera de explicar lo inexplicable, con su forma de despertarnos de la hipnosis en que vivimos cuando nos identificamos con las construcciones de la mente, que piensa que la felicidad es algo que está fuera de nosotros y además en el futuro.

Tomar distancia de nuestro parloteo mental,  acallar su incesante discurso entrenando la atención nos permite conectar con nuestra plenitud, nuestra esencia, con “La dicha de Ser.

Hoy te invito otra vez a ver un vídeo de Fernando Valero. ¿Podrás dedicarle 8 minutos de atención?

Kabat-Zinn, J. (2005). La práctica de la atención plena. Barcelona: Kairós.

Tienes un email…. Remitente: Tu cuerpo.

Imágenes: Toya Pérez

El cuerpo nos habla en susurros; si no somos conscientes de su mensaje, nos habla más alto; si aún no sabemos entender o no hacemos caso, nos sigue hablando más y más alto hasta que nos da un grito…

Eric Rolf.

¡Y ya estamos en marzo! Es increíble cómo pasan las semanas…  En clase, hemos dedicado el mes de febrero a profundizar en la escucha al cuerpo, al síntoma, a pasar de entenderlo como un acontecimiento inoportuno que debe ser reprimido lo antes posible, a verlo como la forma que tiene el cuerpo de expresarse, de decirnos que quizás algo no anda del todo bien.

La atención juega un papel fundamental.  Si nuestra atención se dirige al problema, a la crisis, se centra en uno mismo y se enreda con la narración que nos contamos acerca del tema, nuestra ansiedad y temor aumentarán, lo que, lejos de favorecernos, nos restará energía y ralentizará la curación.

Si, por el contrario, conectamos con el modo en que experimentamos el síntoma, si dirigimos nuestra atención a nuestras reacciones, sin interpretaciones, sin juicios… Si damos la bienvenida a lo que sea que aflora –ira, rechazo, miedo, desesperación, resignación -, tomando distancia, sin dejarnos arrastrar… estaremos procurando una atención “sabia” a la enfermedad, a los síntomas que están aquí y ahora formando parte de nuestra experiencia.

Prestar atención sabia al síntoma significa dejar de identificarse con él, de reprimirlo, de esconderlo, dejar de “matar al mensajero”, de limitar nuestras posibilidades y, en consecuencia, dejar de alejarnos del aprendizaje y del crecimiento.

La causa de la enfermedad es multifactorial, no vamos a poder intervenir en absolutamente todas sus causas, pero sí podemos aportar mucho con esta escucha al cuerpo, con esta toma de conciencia de los mensajes que nos envía, para tomar las riendas y poner todo lo que esté de nuestra parte, desde la comprensión y el amor. Si tu cuerpo se rompe, ¿dónde vivirás?  A veces nos preocupan más las goteras de la casa, los arreglos del coche, que las averías de nuestro propio cuerpo… ¿Eres consciente de tus “goteras”?  Quizás te estén indicando dónde mirar:

  • ¿En tu alimentación?
  • ¿En el ejercicio físico que haces o dejas de hacer?
  • ¿En tus horas y calidad de sueño?
  • ¿En cómo te tomas las cosas? ¿Vives en la prisa, en el estrés continuo? ¿Buscas una perfección imposible, un control extremo, la seguridad absoluta? ¿Te preocupa en exceso el qué dirán, el futuro? ¿O es el pasado el que te está superando? ¿Te sientes imprescindible? ¿Te atrapan unos barrotes de creencias, dogmas, normas sociales que limitan tu crecimiento? ¿Te quieres?
  • ¿O debes dirigir tu mirada a tu propósito de vida?

La meditación nos ayuda a trabajar con el dolor, con las crisis. No es casualidad que se parezca tanto a medicación. Mindfulness implica el esfuerzo deliberado de observar y aceptar, instante tras instante, el malestar físico y las emociones más encrespadas.

Como nos dice Jon Kabat-Zinn, una actitud mindfulness en la enfermedad sería:

“La disposición de acercarse al dolor, abrirse instante tras instante y aprender de él de un modo amable y compasivo con un mismo. Abrirse a las experiencias desagradables y no queridas con la intención de aprender de ellas»

De acuerdo, no es fácil… requiere práctica… como casi todo…

Para saber más:

Bertherat, T. y Bernstein, C. (1976). El cuerpo tiene sus razones. Madrid: Paidós.

Bizkarra, K. (2005). Cuidarte para curarte. Madrid: Dilema.

Dethlefsen, T. y Rudiger, D. (2009). La enfermedad como camino. Barcelona: Debolsillo.

Kabat-Zinn, J. (2016). Vivir con plenitud las crisis. Barcelona: Kairós.

Maris Maruso, S. (2011). El laboratorio del alma.  Barcelona: Vergara.

Rolf, E. (2015). La medicina del alma. Barcelona: Zenith.

De máscaras y personajes. Llámalo X.

Foto: Toya Pérez

Simplemente, sed conscientes. Sea lo que sea que estáis haciendo… al llevar una máscara, sed conscientes; llevadla a sabiendas. No debería ser algo automático. Osho.

Fin de semana de disfraces, de máscaras, caretas, pelucas y de cambio de identidad.  Por unas horas nos metemos en otro papel, en otro personaje.  Es tiempo de carnaval, de disfrazarse, “es lo que toca”.  Después nos quitaremos la careta y nos quedaremos con otra máscara, la nuestra, la que hemos construido a lo largo de nuestra historia vital, la que hemos formado a base de creencias, de miedos,  esquemas mentales, emocionales…  Ese “yo soy así” en el que nos escudamos y excusamos.

Podemos llamarlo identidad, forma de ser, personalidad, ego, falso yo… llámalo X. Nos identificamos con ese personaje construido, nos creemos que somos las múltiples máscaras que ponemos en acción en los distintos escenarios de nuestra vida: el yo juez, el yo salvador, el yo generoso, el yo valiente, el yo víctima, el yo responsable, el yo perfeccionista, el yo capaz o incapaz…

Caretas creadas para agradar, para ser aceptados, para que nos quieran, para tapar nuestros complejos, para dar buena imagen, para alcanzar nuestros deseos… todo según lo que nosotros identificamos como correcto según nuestras normas, vivencias y aprendizajes.

Y cuanto más nos identificamos con el personaje más nos alejamos de nuestro auténtico yo, el yo interior, el yo sabio, el yo de la calma y serenidad, de la intuición, de la felicidad, del amor…  el yo al que deberíamos escuchar y que debería ser nuestro maestro de vida. Llámalo esencia, llámalo alma, espíritu, energía…  llámalo X.

Pero no pensemos que el ego es malo y que hay que hacerlo desaparecer.  El ego tiene su misión, como la tienen nuestros pulmones, dientes o manos.  Se trata simplemente de tomar la distancia adecuada y darnos cuenta de que:

  • Es un instrumento más para nuestra experiencia vital,  que debería estar al servicio de nuestro yo auténtico, -al igual que lo está nuestro cuerpo-, y no al revés.
  • Cuando nos enfadamos, nos frustramos, nos quejamos porque las cosas no son como nos gustaría que fueran, estamos en la mente, en el ego, en ese personaje que cree saber lo que nos conviene.
  • Esta inconsciencia, este vivir identificado con la voz de nuestra cabeza nos impide aceptar aquello que se escapa a nuestro control. Nos hace reaccionar en lugar de responder, nos lleva a enjuiciar, criticar, a escondernos en nuestros miedos, a buscar fuera incansablemente lo que tenemos dentro.  Nos genera sufrimiento.

En la búsqueda del bienestar, la atención a esta identificación nos permitirá salir de ella. La práctica de la meditación es uno de los caminos.

Días de disfraces, de alter egos, de personajes.  Cuando te quites la máscara de carnaval, ¿elegirás ego o esencia? ¿Miedo o amor?

¿Conoces los videos de Fernando Valero? Te invito a descubrirlos… cascos, pantalla completa… y ¡fluye!

El arte de generar posibilidades

La gente olvidará lo que hiciste, olvidará lo que dijiste, pero nunca olvidará cómo le hiciste sentir. Maya Angelou.

Los días 10 y 11 de febrero se han celebrado en el Palacio de Congresos Europa de Vitoria-Gasteiz las II Jornadas de Apego, Resiliencia y Parentalidad positiva, en las que tuve el honor de participar.

Empezamos el viernes 10 con Ritxar Bacete y su P de padre, enseñándonos cómo ejercer la parentalidad provoca transformación a todos los niveles; Iñigo Ochoa de Alda y sus cuentos a medida, que curan a través del narrador, de la vinculación con el niño o la niña a quien van dirigidos, de su amor y confianza; Alberto Rodríguez y su llamada a la creatividad y la autenticidad en la intervención; Marta Nieto y su sensibilidad, su música terapéutica, su conexión con las historias musicales…

La siguiente soy yo… los nervios afloran.  Las mariposas en el estómago no me parecen mariposas, se me asemejan más a un animalito que se aferra con fuerza y me oprime por dentro,  el corazón se acelera, la saliva escasea… un escenario vacío esperando, no hay Power Point de apoyo, no hay mesa donde esconderse … más de 300 personas esperando oírte.  Microfonito tipo Beyoncé en marcha, Marta Elvira increíble dinamizadora del evento me acompaña, no hay vuelta atrás… ¿me acordaré de mi guion? ¿Estaré a la altura? ¿Sabré transmitir el mensaje?  El cerebro ejerce su misión… lanza todo tipo de señales de huida, ¿está en juego la supervivencia? No, pero el cerebro no es infalible, interpreta que sí… Las creencias le ayudan a establecer que hay peligro.

Empiezo…  Voz de la cabeza, mente pensante, piloto automático, ¿somos conscientes? Déficit de atención de padres, ocupados, poco presentes y cuando lo estamos, demasiado sumidos en nuestros pensamientos y preocupaciones… Mindfulness, atención plena, conciencia plena, no es nuevo, pero sí necesario, en un mundo estresado, excesivamente estimulado, volcado en el exterior… la Vida nos pide el regreso, volver la mirada al interior.

Educar, guiar, sacar lo mejor del otro, hacer que brille, que florezca, pero ¿sabemos ser nuestra mejor versión? ¿sabemos ir a ese espacio donde habita la calma y la serenidad? Desde ahí podemos pilotar, podemos tomar las riendas, conectar con nuestra esencia para conectar con la esencia del otro…

Mindfulness es tomar distancia de esa voz continua, pero al mismo tiempo es conexión con lo que somos, es compasión, compasión horizontal, no vertical, comprensión del sufrimiento del otro, deseo de aliviarlo, es humanidad compartida.  Es despertar, es salir del “día de la marmota”, es estar atentos, lúcidos, para elegir entre el infinito abanico de oportunidades que la Vida nos presenta cada instante.

Conocer la fórmula del agua no quita la sed,  mindfulness no es teoría, es vivencia… Nos metemos unos minutos para dentro, para convertirnos en observadores de la cháchara mental. Ya no hay nervios, la saliva ha regresado, el cerebro ha entendido que no hay peligro y todo fluye.

Las jornadas continúan el sábado 11 con tres auténticas joyas:

  • Rosa María Fernández. Doctora en Biología, y doctora en Maternidad de adopción. Autora de “Entre hipocampos y neurogénesis”, profesora de universidad y de maestros con incapacidad para conectar con la biología del abandono.
  • María José Rodrigo.  Catedrática de Psicología Evolutiva nos instruye sobre diversidad familiar, parentalidad en riesgo, factores de protección, preservación familiar, resiliencia familiar.
  • Rafa Benito. Psiquiatra. Clase magistral sobre el cerebro y resiliencia, no todo está en los genes. SE PUEDE.

Biraka: Iñigo, Sagra, Sergio… Ruth, Gemma, Patricia… GRACIAS, por la oportunidad, por abrirnos a estos estos maravillosos profesionales, por vuestro buen hacer, por las ganas de seguir fomentando los buenos tratos. ¡Chapeau!

Miopía existencial e inteligencias…

Foto: Toya Pérez

[…] Para ser plenamente personales tenemos que ser plenamente impersonales.  […] Es dejar de otorgar un valor absoluto a lo que llamamos “mi cuerpo, mis pensamientos, mis emociones, mis acciones, mi vida, mi persona…”; comprender lo ridícula y miope que es nuestra tendencia a hacer que el mundo orbite en torno a nuestro limitado argumento vital –el definido por nuestro yo superficial-.  Mónica Cavallé.

Hay semanas especialmente intensas y esta ha sido una de ellas.

Comenzó con el regalo de poder compartir diálogo y meditación con Enrique Martínez Lozano.  Enrique es de esas personas cuya presencia inspira, contagia, invita a vivir lo que somos, a resolver el enigma de quiénes somos.  Enrique nos enseña a interpretar el malestar, a darnos cuenta de que es la señal de estar en la mente, de que, a pesar de ser un instrumento maravilloso, si nos identificamos con ella, nos atrapa y nos limita: “La mente forzosamente tiene que delimitar, separar y objetivar, llegando a conclusiones que, además de estar radicalmente condicionadas por los supuestos previos de donde parte, no podrán nunca reflejar directamente la verdad de lo que es, sino únicamente la interpretación que la propia mente hace de ello”.

La meditación formal es entrenamiento, pero se entrena para jugar el partido, se medita para jugar la vida, nuestro “partido” diario. Acallar la mente nos da la destreza necesaria para acoger con humildad el estado de consciencia más allá del estado mental, humildad ausente en parte del mundo académico y religioso más “ilustrado”, como reconoce Enrique en su último libro “La dicha de Ser”.

La semana continuó pudiendo escuchar a Begoña  Ibarrola hablar sobre inteligencia emocional y espiritual.  Durante muchos años, hemos cometido el error de abandonar la inteligencia emocional (interpersonal e intrapersonal), y de relegar a un segundo plano la inteligencia musical, corporal-cinestésica o naturalista, centrándonos únicamente en unas inteligencias lógico-matemática y lingüística limitadas, conduciendo al fracaso a los que se consideraba no llegaban a unos estándares construidos, e ignorando impresionantes talentos y fortalezas en otras áreas.

Muy poco a poco, las inteligencias múltiples de Howard Gardner van tomando peso, pero ahora podemos cometer el mismo error e ignorar la inteligencia espiritual. Las creencias y juicios arraigados sobre religión no ayudan, pero es responsabilidad de cada uno superarlos o seguir atrapados en el reduccionismo  obstinado, que a fin de cuentas limita nuestro crecimiento y evolución.

La inteligencia espiritual nos permite entender el mundo, a los demás y a nosotros mismos desde una perspectiva más profunda y más llena de sentido, nos ayuda a trascender el sufrimiento.

¿Vamos a seguir ignorándola?

 

Cavallé, M. (2006). La sabiduría recobrada. Filosofía como terapia. Barcelona: Kairós.

Martínez Lozano, E. (2016) La dicha del ser. No-dualidad y vida cotidiana. Bilbao: Desclée de Brouwer

¿Qué ha sido de tus propósitos de año nuevo?

Cada uno ha de averiguar constantemente si avanza a estados más felices o no. Si es así, uno se encuentra en el camino correcto. Osho.

5 de febrero de 2017. Dejamos atrás el mes de enero. Mes de los propósitos, de los comienzos, de los finales. En clase hemos trabajado la toma de conciencia de nuestra Salud, con mayúsculas, desde un enfoque biopsicosocial, no solo desde la ausencia de enfermedad. Hemos revisado nuestras conductas de riesgo, aquellas que nos alejan de este estado de bienestar: tabaco, mala alimentación, alcohol, sedentarismo, estrés, aislamiento social, desequilibrio emocional… Nos hemos planteado preguntas como: ¿Quiero cambiarlas?  ¿Sé lo que tengo que hacer para cambiarlas? Porque la teoría parecemos saberla, pero ¿por qué nos cuesta tanto llevarla a la práctica de manera duradera?

Mucha de la culpa parece que se la atribuimos a la fuerza de voluntad.  Encasillamos a las personas en las que tienen o las que no tienen y normalmente todo resulta más fácil si estás en el primer grupo, teniendo la excusa perfecta para no cumplir con los objetivos marcados si te encuentras en el segundo.  ¿Vas a pedir en tu próxima analítica, junto al colesterol o glucosa, el índice de fuerza de voluntad para saber en qué grupo te encuentras? ¿O prefieres pensar, como Nietzsche, que quien tiene un porqué encontrará un cómo? ¿Que el secreto viene por encontrar la motivación, escalar los objetivos, organizarse, valorar las consecuencias y trabajar para ubicarse en el estado de ánimo adecuado?

La tendencia a procastinar, a postegar, a dejar para mañana, parece estar presente también a la hora de no cumplir nuestros eternos propósitos, esos que no tienen fecha de entrega: ver más a tu familia, hacer ejercicio, dejar el tabaco, comer mejor, aprender un idioma, ese proyecto de tus sueños…  Tim Urban cuenta con mucha gracia en esta charla TED cómo actúa la mente de un procastinador profesional:

La vida es muy corta y hay mucho que aprender; aquellas personas que no dejan de postergar, nunca dejan de perderse cosas. La postergación se convierte en un hábito. Y lo que llega siempre es el hoy, el mañana jamás llega. De modo que podéis seguir postergando hasta el infinito.  (Osho, meditación 42 de su libro 365 Meditaciones para el Aquí y Ahora).

El mindfulness o atención plena nos ayuda a tomar conciencia de estas conductas, de las emociones asociadas, de los pensamientos que hay detrás, de las excusas.  Nos permite separarnos de ese ego que nos juzga, nos distrae, nos etiqueta como capaz o incapaz y en última instancia nos limita. Su práctica continuada nos ayuda:

  • A dejar de identificarnos con la voz de nuestra cabeza
  • A darnos cuenta de que nuestras insatisfacciones, victimismos, adicciones, malestares, en resumen, nuestros síntomas, vienen a hablarnos, a mostrarnos el camino hacia nuestra Vida mejor.
  • A tomar las riendas para conquistar nuestro bienestar, nuestra felicidad.

¿Te parece que es difícil o que no tienes tiempo? Puedes empezar dedicándole un minuto:

 

Para saber más:

¿Cuestión de voluntad? Patricia Ramírez

Mindfulness mantiene a la gente alejada del hospital. John Kabat-Zinn.

¿Más leña al fuego?

Foto Toya Pérez

Foto Toya Pérez

Apártate del objeto de tu ira y contempla primero la ira misma. Esto es un poco como observar un fuego pero no seguir alimentándolo con leña. Mathieu Ricard

Han sido muchos años dando poder a la razón, nos parecía símbolo de evolución y cultura. Tantos, que nuestra capacidad de sentir parecía anestesiada… Llegó la inteligencia emocional, empezamos a acordarnos de Pascal, “el corazón tiene razones que la razón no entiende”, o como nos dice ahora Roberto Aguado “la emoción decide y la razón justifica”… Nuestras emociones nos hablan, nos dicen dónde hay que mirar, nos ayudan a escuchar a la Vida, al cuerpo y en base a ellas podemos pensar, sentir y actuar en una dirección u otra.

¿Pero sabemos prestarles atención? Es difícil cuando estamos demasiado en la cabeza. La cháchara mental nos acompaña en todo lo que hacemos, nos lleva hacia el terreno de lo conocido, y de este modo todo discurre bajo la influencia de creencias, esquemas mentales, patrones de conducta más o menos elegidos, -más bien menos-, y los mensajes de nuestro sentir pasan desapercibidos. Observar la emoción nos permite:

  • Entender desde dónde actuamos en nuestro día a día
  • Tomar conciencia de si nos hemos quedado atrapados en una emocionalidad que nos limita
  • Decidir si queremos seguir apegados a ella o dejarla ir si ya no tiene sentido

Nuestro sentir nos da claves para nuestro proceso evolutivo: ¿Cómo te sientes? ¿Tras un arrebato de ira? ¿Tras una mala contestación al otro? No es agradable, ¿verdad? ¿Eres capaz de ver en ti el resentimiento, la envidia, el asco? ¿Puedes llegar a ver si detrás está el miedo? ¿Hay tristeza atrapada en ti? ¿Culpa? ¿Entiendes el mensaje de la emoción? Puede ser una invitación a la acción, a la huida, al rechazo, a la introspección, al cambio…

Tal y como nos dice Vicente Simón, mindfulness nos ayuda a la toma de conciencia de la emoción, permitiendo:

  • Sentir la emoción en el cuerpo
  • Darle nombre
  • Aceptarla y explorarla
  • Distanciarnos de ella

Hoy te invito a que escuches este tema de Ricardo Andrés Tomás sintiendo, tomando conciencia de lo que se mueve en ti, observándolo, dándote cuenta de que no eres los pensamientos, ni las sensaciones y emociones que puedan aparecer, percibiendo que puedes observar el instante y sobre todo… vivirlo.

¿Quieres dejar de echar leña a los fuegos de tu vida? Practica mindfulness

Emocionarse con Roberto Aguado

¿Quién es Vicente Simón?

Meditaciones Vicente Simón para ir practicando

 

Ayú Maya

Hay que despertar constantemente, cada instante. Siente como se diluye el Ego en cada momento. Jorge Lomar.

Este encuentro organizado por Ayú Maya que ha tenido lugar este fin de semana en Vitoria no es fácil de definir con palabras. El lenguaje se queda corto cuando se habla de sentir. Flowpiano, cuencos tibetanos, relajación, meditación, danza, el latido de la tierra… son vivencias, son dejarse llevar, dejarse invadir por el sonido, por el silencio, el baile, dejarse Ser.

Escuchar a Ritxar Bacete, a Pedro Alonso o Jorge Lomar, el piano de Ricardo Andrés Tomás, vivir la danza de Naiara Rojo,  dejarse mecer por la vibración de los cuencos de Luisa Fuentes, los cuentos de Zoriane o la voz de Ruth Gomez Sierra, nos ayudan a recordar lo que hemos olvidado, a despertar a lo que Somos abandonando el personaje, el ego, el falso yo construido a base de creencias, juicios, miedos, y conectando con la Paz, la calma, volviendo a casa, al amor que soy.

Es hora de soltar esa identidad que ya no nos sirve. Es hora de elegir.

¿Eliges Paz? ¿Eliges Amor?

¿Qué es Ayúmaya?

8 horas con Javier Tirapu

Imagen: Gerd Altmann

 

Tenemos cerebros ancestrales para mundos que se mueven a gran velocidad. Javier Tirapu

 

8 horas con Javier Tirapu dan para mucho, pero sobre todo te dejan con ganas de mucho más.  Es capaz de enganchar un tema con otro y dejarte con más preguntas que respuestas, con hambre de más y más neuropsicología.  Solo voy a dejar constancia de tres pinceladas de lo que me llevo de este encuentro en el COP de Vitoria:

  1. No hablemos ya más de emociones positivas y negativas. Todas son positivas, en cuanto contribuyen a nuestra supervivencia y evolución. Hay que vivirlas y escucharlas. Hablemos mejor de emociones agradables o desagradables.
  2. Nuestros cerebros tienen 50.000 años y deben adaptarse a nuevos mundos. Podemos definirlos como “sistemas flexibles que actúan en entornos cambiantes basándose en hacer predicciones para reducir la incertidumbre del entorno”. Aunque cada vez se sabe más del cerebro, es paradójico que primero se intentara conocer el universo y sus planetas, el cuerpo humano y de resto de seres, y sin embargo no haya sido hasta ahora que se intente conocer con detalle el órgano con el que intentamos conocer el resto.
  3. Es hora de trabajar de verdad desde un modelo biopsicosocial y multidisciplinar. Son palabras que aparecen en todos los congresos pero en la sanidad real no se aplican. Seguimos con el modelo biológico y los medicamentos como herramienta de elección en más casos de los necesarios. Y es hora de dejar las categorizaciones del DSM V, las etiquetas y trabajar desde un modelo dimensional que trabaje rasgo a rasgo, de manera holística y tomando lo mejor de cada modelo.  Y cada profesional de la psicología debe configurar un modelo único que se adapte a su personalidad, conocimientos y experiencia.

Y mucho más…

La buena noticia para el mindfulness es que la neurociencia apoya con evidencia científica que conlleva cambios positivos en el cerebro que mejoran los trastornos de ansiedad, estrés, … ¡iremos viéndolo!

¿Quién es Javier Tirapu?

¡Presente!

Foto: NickSweet

El regalo más precioso que podemos ofrecer a los demás es nuestra presencia. Cuando la atención plena abraza a nuestros seres queridos florecen como árboles en primavera. Thich Nhat Hanh.

12 de diciembre de 2016. ¿Recuerdas cuando ibas a clase y pasaban lista?: Fulanito De Tal:  ¡Presente!  Con esta sencilla palabra avisábamos de que estábamos ahí, al menos en cuerpo.  La mente quizás estaba en el patio, en la movidilla que habías tenido con tu amiga, o la discusión con tu madre por la hora de llegada de esa fiesta del fin de semana.

El modo defecto de la mente es el divagar, el salto de mata, la ensoñación y distracción. Ese pensar puede derivarse en una emoción, y esa emoción provocar más pensamiento, retroalimentándose y llevándonos a actuar de una manera u otra.  Si el pensamiento se sucede de manera más insconciente que consciente, sujeto a nuestro viejo sistema de creencias,  nuestro comportamiento también podrá ejecutarse de manera incontrolada, y echaremos mano del “yo soy así” para justificarlo.

Otras veces es la emoción la que aparece primero y el viaje de nuestro sistema límbico a la corteza cerebral es rápido, hay autopistas multicarril para ello. En cambio el viaje de vuelta es más complejo. Seguimos con la carretera nacional que no se podía adelantar, ni correr mucho, de ahí que resulte difícil cambiar una emoción desde la razón.  Ya nos lo explicó Daniel Kanheman en “Pensar rápido, pensar despacio”.

Mindfulness nos ayuda en la vivencia de la emoción:

  • A dejarla venir, ser y comunicarse con nosotros.
  • A sentirla, escucharla y relacionarnos con ella.
  • A dejarla ir cuando su misión haya terminado.

Pero si te sumerges en estas emociones, permitiéndote a ti mismo tirarte de cabeza a ellas, hasta el final, por encima de tu cabeza incluso, las vives de una manera plena y completa… Reconozco esa emoción. Ahora necesito desligarme de esa emoción por un momento. Mitch Albom  en “Martes con mi viejo profesor”.